miércoles, 21 de agosto de 2013

Esta es una conferencia que impartí en el 2004 en el Congreso de la AMEI:

LA IDEA DE LA GUERRA COMO PENSAMIENTO

CONTEMPORÁNEO ENTRE LAS NACIONES


Por: Lic. David Alonso Figueroa Hernández

A Federico Döring:
al político; al legislador;
al amigo.


“El hombre es mortal por sus temores
e inmortal por sus deseos”.

Pitágoras




A lo largo de la historia del hombre ha estado presente la idea de la guerra como una forma de vida entre los pueblos. No puede escapar a nosotros el pensar a la confrontación como un sentir innato en algunas culturas. Recordemos cuan largas eran las luchas que Homero relata en su preciosa obra La Odisea, de cómo un hombre por el simple hecho de desafiar a los Dioses era castigado a sufrir de manera interminable en la travesía del mundo o incluso, en las afrentas bélicas como sucedió en Troya.

Mucho se ha escrito y mucho se ha hablado de la guerra como una forma de imposición a la otredad; pero poco se ha dicho de la idea de la guerra como pensamiento entre los pueblos; como una forma de vida constante (aunque hoy sea sólo apretando un botón).

A principios del siglo XX comenzó la era de las guerras modernas, en las que la tecnología toma auge y decide la victoria de una u otra nación. Se ha dejado  atrás la concepción de la afrenta cuerpo a cuerpo y ahora se decide la victoria a través del uso de nuevas armas, con mayor poder de destrucción; pareciera que el matar ya no es una norma del más fuerte en una igualdad de circunstancias, sino de imposición a cambio de no asesinar a toda una  raza o credo.


Dos guerras denominadas mundiales en las que las alianzas fueron estratégicas para el triunfo de unas potencias sobre otras. Una guerra fría de casi 45 años entre un pueblo salvador de la humanidad y otra que siempre “villana y malvada” hacía de las suyas fuera en términos ideológicos o con la fuerza bruta de su lado.

El objetivo primordial de toda guerra moderna ha sido la  de la imposición en términos primero ideológicos y luego, de culturización. Es realmente una vanidad hacer que el otro piense como uno. Sin embargo, esa es la idea de la batalla: imponerme sobre el otro. Thomas Hobbes nos habla de un estado natural que tiende a convertirse en Estado (El Leviatán) a través del establecimiento de normas impuestas por el más fuerte de una comunidad de hombres libres; de la anarquía total.[1] ¿Será acaso que la razón, el raciocinio aristotélico queda relegado ante la concepción Hobbesiana del establecimiento del Estado? o ¿será una consecuencia para la formación de éste?

Si aceptamos que el Estado surge como nos dice Hobbes, entonces ¿ será que el hombre desea crear otro Estado aun mayor en términos mundiales (hoy diríamos global) en el que la anarquía debe ser sofocada con la inclusión del más fuerte, en este caso los Estados Unidos de América?. Cierto es que debe haber un régimen hegemónico por simple lógica pero, acaso la guerra marca la pauta para hacerlo, definitivamente así es.

Necesario es decir que en el hombre existe y siempre ha existido la noción de poder y supervivencia englobada en la esfera de la confrontación, de la lucha, de la muerte. Recordemos las palabras de Elias Canetti al referirse a la noción descriptiva de la muerte: “...Espiamos cada movimiento de su cuerpo con recelo, si era un enemigo, o con trémula expectación, si se trataba de un amigo...La confrontación con el muerto es una confrontación con la propia muerte, inferior a ésta porque en realidad no nos la causa, y superior a ella pues estamos, de hecho, ante otra muerte.”.[2] La muerte y la guerra se han convertido con el paso de los años en una forma de vida en la que ya no son necesarias para la subsistencia diaria sino únicamente como una actividad cotidiana más del hombre. Ya no hay diferencia sustancial entre la guerra como fin último de los problemas y el problema de la guerra como forma hegemónica entre el mundo. Troya y Yugoslavia son sólo parajes históricos del hombre en los que la guerra media los actos de la mente. En el primero, la guerra era necesaria, en el segundo; una imposición. Ni el propio Heidegger pudo escapar al efecto y a la desilusión del antropós o zoon politikón respecto a la Primera Guerra Mundial.

Hoy día, pareciera que las nuevas relaciones diplomáticas están en función de tu poderío militar, de tu arsenal; el tú tienes el poder para crear la guerra y para fijar el término de la misma. Las palabras de Wright Mills parecieran adecuadas a nuestro estudio, cuando se menciona en a los diplomáticos que  luchan por sobrevivir en el breve espacio burocrático de círculos bajos en tanto que “...los militares se han movido y se están moviendo en los círculos diplomáticos más altos”.[3]

En nuestros días, con el apoyo indiscutible de los medios electrónicos, la guerra podemos presenciarla por la televisión o por Internet pero siempre en vivo. Se ha convertido en un espectáculo móvil ya no sólo de gran poder ideológico sino contundente y de la más asolada rapidez. Recordemos los casos de las invasiones a Afganistán e Irak durante 2002 y 2003.

El terrorismo es otra arma sublime que el hombre ha descubierto para recrear la lucha                    –ideológica- de los campos helenos y romanos de la guerra. La venganza como articulación que los hace posibles en cualquier lugar del mundo y a la que no escapan ni las naciones más poderosas. Aquello que nos narraba Pérez-Reverte sobre el Territorio Comanche, propio de la vida periodística y que nosotros conocíamos por relatos e imágenes diferidas vía satélite hoy cualquier ciudadano las vive a diario, sea por un atentado, por una guerrilla, por una guerra o, simplemente por la angustia de un secuestro o una pelea callejera. La guerra ha devenido en un infierno[4] para el hombre.

El persa,  fue un pueblo guerrero que honraba a los valientes guerreros; los celtas, eran auténticos guerreros que no se contentaban con conquistar sino con asesinar y acabar con civilizaciones antiguas. Hoy, ese sentimiento prevalece en la mente del hombre; el eidós ha perecido en la búsqueda constante de una respuesta a través del raciocinio, a través del diálogo.

La democracia en el mundo ha sido en los últimos años, la forma de gobierno hegemónica. Sin embargo, aún nuestro país no ha escapado a las repercusiones de la aldea global que ya señalaban Mc Luhan y Víctor Flores Olea. El sistema unipolar, neoliberal-democrático, toma las decisiones como un unísono mundial y el resto de los pueblos sólo tienen que ser espectadores. ¿De qué nos sirve la democracia internacional si cuando se debaten los temas cruciales de guerra, la decisión la tienen dos naciones por encima de la razón sobre más de 200 naciones más? ¿Será acaso que la diplomacia no funciona como debiera o tal vez tengamos que repensar al mundo sobre las teorías diplomáticas para llegar a un acuerdo benéfico para todas las partes? Es aquí en donde se tiene que debatir antes de ir a una guerra.

Durante un conflicto bélico, ¿qué nación será la más beneficiada si los actores se preocupan por el raiting y no por la situación histórico-política de una pueblo? El pensar al mundo no sólo lleva inmersos los problemas económicos y políticos, sino sociales, culturales, históricos y antropológicos. El problema del Ser inmerso en una sociedad armónica que va a ser destruida por el Dios de la Guerra, no es para hacer menos su cultura; al contrario, nos lleva a una pensamiento sobre la otredad y sobre la yoidad.[5]

Sin embargo, la noción a debatir hoy día, en el Siglo XXI, es el ascenso de las personas por encima de las instituciones.[6] Es decir, se vuelve a los días en que una persona es electo como Presidente de una nación y sobre ella gira el futuro de la misma aunque con ello se haga pedazos a todo un país. Los ejemplos del Perú de Fujimori y de Hugo Chávez en Venezuela, nos orilla a ver qué tan factible podría ser un régimen democrático constitucionalmente avalado por todos, y desembocar en uno de los peores gobernantes y llevar a un país al Apocalipsis; el fin justifica los medios.[7]

Retomando esta última hipótesis. De acuerdo con Maquiavelo todos los hombres que han ostentado el poder en beneficio propio y de sus naciones imperialistas, han logrado su cometido; no obstante, ¿será correcta la comparación entre Hittler y Napoleón con Bush o Blair? Los tiempos han cambiado y la norma actual es la esfera de la globalización, la cuál impone a una nación por encima de otra en los términos competitivos más elementales. Cierto es, que una justificación no radica en poder matar al otro porque sí, sino porque es necesario: “la guerra es justa cuando es necesaria” pero ¿cuándo la guerra es necesaria? Será acaso que el terrorismo es  el pretexto para hacer la guerra entre las naciones?

Sin lugar a dudas, “El terrorismo de Estado es siempre vergonzante, porque siempre está atrapado en la misma contradicción: debe difundir sus prácticas más crueles y aberrantes para generalizar el terror y asegurar la dominación pero debe, al mismo tiempo, negar su autoría para no transgredir las normas jurídicas internas e internacionales que aseguran –en teoría-  el respeto a los derechos humanos”.[8]

Consecuentemente, el terrorismo no sólo es propio de una confrontación entre naciones; puede existir al interior de un país sin necesidad de hacerse algo global. En la década de los 80’, Noam Chomsky afirmaba dos conceptos del mismo ya fuera terrorismo internacional y terrorismo individual.[9] Sin embargo, no necesitamos recurrir al terrorismo entre naciones como fueron: la invasión soviética a Afganistán e Indochina, la invasión israelita Líbano de 1982 y la invasión de Indonesia  a Timor Oriental; la idea de la guerra, el terrorismo y la superioridad por ende, se encuentra también al interior de las naciones, baste recordar la dictadura de Anastasio Somosa en Nicaragua o de Augusto Pinochet en Chile, sólo por mencionar dos casos entre un número de naciones que han sufrido el tema ya  citado.

Como podemos observar la idea de conflicto entre individuos o la idea de la guerra entre las naciones puede desembocar en un problema interno u originar una hecatombe mundial de acuerdo a las nuevas tecnologías armamentistas. No podemos desprendernos de la idea de la guerra tan fácilmente por el simple hecho de que el hombre es un ser imperfecto y más si de obtener y ejercer el poder se refiere.

Hoy día, nuestras palestras legislativas y parlamentarias se encuentran acotadas por una serie de personas que poco o casi nada saben sobre los riesgos de tomar una decisión que ellos dicen es “democrática”. Habría que preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a seguir arriesgándolo todo por mantener una ideología; una referencia griega es elocuente a este respecto: “Yo sólo sé que no sé nada...y de eso no estoy seguro”. No se trata aquí de condenar a un país u otro, o de crear corrientes extremistas, sino de mantener la cordura en un mundo cada vez más carente de sensibilidad política y social; es vanidad y una irresponsabilidad obligar a que la otredad piense como yo lo hago; mucho menos que viva como yo quiero que lo haga.

El ser humano debe buscar esos resquicios ocultos de su propio ser; debe buscar ser parte del Ser, del episteme pero siempre reencontrando las vías para una vida pacífica: la palabra, el diálogo; el raciocinio, el zoon politikón. No se trata solamente de tolerar porque es su derecho, sino porque es mi derecho expresarme aunque tú no estés de acuerdo pero tendrás que hacerlo para convivir juntos.[10]

Cierto es que nuestros razonamientos intentan desviar el camino de la realidad mundial: la guerra. No obstante hay que recordar que la historia siempre la han escrito los poderosos, los que se imponen a la otredad. Debemos ser pacientes, recordar siempre las artes helenas en las que el episteme era una noción no sólo del pensamiento más avanzado sino también una forma de vida de los más grandes Maestros de la Grecia Antigua.
Los fundamentos de Anaxágoras en cuanto al origen de que todo cuanto existe es propio de las homeomerías, es uno de los pensamientos más abarcadores aun en nuestros días. El pensar al mundo como una simple acumulación de naciones en el mapa, es un error; si existen seis mil millones de almas en el mundo, por lo menos una que pensara a la otredad con un método lógico, dialéctico y sereno, llevaría a un desenlace diferente de nuestras causas; la más elemental de ellas, nuestro derecho a la vida.




Bibliografía


Bonasso, Miguel en, Dieterich Heinz, E.U. y el Terrorismo Internacional, México, Plaza y Valdés-UAM, 1988, 250 pp.

Canetti, Elias. La Conciencia de las palabras. México, FCE, 1974, 366 pp.

Flores Corrales Otilio, Psiquiatría Filosófico-Política: Patologías de Estado, en Revista Estudios Políticos, No. 30 UNAM-F.C.P.y S., Sexta Época, Mayo-Agosto 2002,  257-268 pp.

Flores Corrales, Otilio, Algunas Consideraciones sobre el Infierno, en Revista  Estudios Políticos, No. 33, UNAM-F.C.P.y S., Séptima Época, Mayo-Agosto 2003, 129-154  pp.

Hobbes, Thomas. Leviatán, o la Materia, Forma y Poder de una República Eclesiástica y Civil.  FCE, 1998, 615 pp.

Maquiavelo, Nicolás. El Príncipe, México, Ed. Porrúa, 1993, 54 pp.
Momigliano, Arnaldo. La Sabiduría de los Bárbaros. Los límites de la helenización, México, FCE, Colección Breviarios No. 467, 1988, 277 pp.

Pérez-Reverte, Arturo. Territorio Comanche, México, Ed. Alfaguara, 2002, 115 pp.

Steiner, George. Heidegger. México, FCE, Colección Breviarios No. 347, 1999, 281 pp.

Wright Mills, C. La Elite del Poder. México, FCE, 1993,  388 pp.


[1] Ver concepto de Leviatán, cuya definición resulta “...como un monstruo de traza bíblica, integrado por seres humanos, dotado de una vida cuyo origen brota de la razón humana, pero que bajo la presión de las circunstancias y necesidades decae, por obra de las pasiones, en la guerra civil y en la desintegración, que es la muerte”, en Hobbes, Thomas. Leviatán, o la Materia, Forma y Poder de una República Eclesiástica y Civil.  FCE, 1998, Prefacio, p. XIV
[2] Canetti, Elias. La Conciencia de las palabras. México, FCE, 1974, p. 35.
[3] Wright Mills, C. La Elite del Poder. México, FCE, 1993, p. 202
[4] Véase el acertado comentario que hace el Dr. Otilio Flores sobre el infierno: “El infierno generalmente es un más allá de la vida, un ‘espacio’ que ‘hay’ a donde van los que han vivido: los muertos”, Flores Corrales, Otilio, en Revista  Estudios Políticos, No. 33, UNAM-F.C.P.y S., Séptima Época, Mayo-Agosto 2003, p. 131.
[5] Véase el planteamiento del Dr. Otilio Flores: “Psiquiatría Filosófico-Política: Patologías de Estado”, en Revista Estudios Políticos, No. 330 UNAM-F.C.P.y S., Sexta Época, Mayo-Agosto 2002, p. 262.
[6] Tómese en  cuenta además de los ejemplos el caso particular de Carlos Menem en Argentina, quien a pesar de todo quería regresar al poder en un acto más que de raciocinio, de obsesión y retraso ante un tiempo que no regresaría más para él.
[7] De acuerdo con la connotación más elemental de Nicolás Maquiavelo.
[8] Bonasso, Miguel en, Dieterich Heinz. E.U. y el Terrorismo Internacional, México, Plaza y Valdés-UAM, 1988, p. 10
[9] Según Chomsky: “Se trata de terrorismo internacional cuando el acto terrorista o las actividades de apoyo implican cruzar fronteras nacionales. Puede tratarse de terrorismo a gran escala (wholesale terrorism), dirigido contra grupos grandes, o terrorismo en menor escala (reatil terrorism), enfocado hacia individuos. Puede ser terrorismo de Estado o terrorismo individual, dependiendo de la fuente de planeación y operación; o puede ser una combinación de ambos, cuando el terrorismo individual opera bajo las órdenes de Estado, o bajo su dirección o apoyo”. Véase Chomsky, Noam en, Dieterich...Idem, p. 44
[10] Tal vez, debamos recordar las elocuentes palabras de Voltaire cuando mencionaba: “Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero daría hasta la vida por el derecho que tienes a decirlo”.