UNA OBRA MONUMENTAL
EL CANAL DEL DESAGÜE DEL VALLE DE MÉXICO
Históricamente, la cuenca del Valle de México ha enfrentado múltiples problemas; entre ellos, las inundaciones que por siglos han mermado la vida de quienes viven en esta ciudad, actualmente una de las más grandes y pobladas del mundo, cuyo desarrollo ha mostrado su carácter singular y su evolución económica, política, social y cultural.
En el ámbito de la ingeniería y urbanística, una obra monumental que buscó mejorar la calidad de vida de sus habitantes fue el Gran Canal del Desagüe, erigido durante el régimen de Porfirio Díaz y que llevó al país a ser considerado moderno y a la altura de cualquiera en Europa.
Controlar las aguas
Los movimientos volcánicos y tectónicos que originaron la cuenca del Valle de México provocaron que fuera alimentada por ríos, manantiales y aguas pluviales que desembocaban en los lagos de Xaltocan, San Cristóbal, Chalco, Zumpango y Texcoco.
En la época prehispánica ya se buscaba cómo controlar el complejo sistema hidrológico del Valle de México. Por un lado, existía el desabasto de agua potable; por otro, las inundaciones. El primer problema fue resuelto con la construcción de un acueducto que transportaba el líquido de los manantiales de Chapultepec a la zona central de Tenochtitlan (aún se pueden apreciar sus vestigios sobre avenida Chapultepec). Las inundaciones se trataron de controlar con albarradas y calzadas-diques que en algunos casos también sirvieron de vías de comunicación, como las calzadas de Tlacopan, Iztapalapa, Tlatelolco, Tepeyac, San Antonio y Coyoacán, que representaron un gran adelanto para la época en materia de ingeniería hidráulica.
Al llegar los españoles, si bien las obras construidas por los mexicas no controlaban las inundaciones, sí amortiguaban las crecidas; al destruirlas, los conquistadores se percataron de que resolver el problema era una prioridad.
Para 1604 los españoles tenían el control del sistema hídrico, incluidos sus diques y albarradones, por lo que cerraban las compuertas de acuerdo con sus intereses, ocasionando inundaciones a gran escala. En ese año, los españoles cerraron el dique de Mexicaltzingo e inundaron con ello a los pueblos de Xochimilco.
En 1607 se originó otra inundación de grandes proporciones, razón por la que se construyó el Tajo de Nochistongo, obra del cosmógrafo Enrico Martínez con la que se canalizaron las aguas del río Cuautitlán fuera de la cuenca y que iba de México a Zumpango drenando las aguas del lago de Texcoco. También se pensó en la construcción del canal-túnel Huehuetoca, que se terminó hasta 1789.
En la segunda mitad del siglo XIX, con la llegada de Maximiliano de Habsburgo a México, se conformó el primer proyecto para la construcción del Desagüe General del Valle de México, que había sido presentado en 1856 por el ingeniero Francisco de Garay, quien no aceptó dirigir las obras debido a su aversión a la intervención francesa.
Una vez derrumbado el Segundo Imperio y restablecida la República, se pensó continuar con la colosal obra; sin embargo, el problema presupuestal fue siempre el principal obstáculo. Este proyecto, con sus diversos vaivenes, nacería completamente en un periodo de estabilidad económica y política.
El gran proyecto
Tras el triunfo de la rebelión de Tuxtepec en 1877, el general Porfirio Díaz incluyó en su gabinete a personas ilustres que pudieran hacer realidad los proyectos que tenía pensado para la capital y el país. El primer paso fue nombrar secretario de Fomento al general Vicente Riva Palacio, quien organizaría por vez primera una Dirección del Desagüe con Francisco de Garay al mando.
La inundación de abril de 1878 recordó la urgencia de la obra. Era necesario apresurar los trabajos. Los generales Díaz y Riva Palacio se inclinaron por el proyecto original (Francisco de Garay), pero modificado y enriquecido por el ingeniero Luis Espinosa, a la postre, director interino de las Obras de Desagüe.
La obra se detuvo por falta de liquidez y se reinició hasta octubre de 1881, durante el mandato del general Manuel González (1880-1884), cuando el gobierno celebró un contrato con Antonio de Mier y Celis y le autorizó formar una compañía para llevar a cabo la canalización y desagüe del Valle de México.
La construcción final constó de canal, túnel y tajo de salida. En 1894 quedó concluido el túnel y en 1900 todo el canal.
Una visión integral
Aunque se ha cuestionado a Díaz por favorecer a una elite mientras gran parte de la población era reprimida y marginada del progreso nacional, gracias a la pax porfiriana impuesta por la fuerza fue posible el desarrollo estabilizador y la inversión extranjera. Obras como el Gran Canal harían que la sociedad disfrutara de tal desarrollo con hechos concretos en materia de salud y medio ambiente, lo que sin duda exhibía la visión de largo plazo que el general deseaba para México.
Antes de 1900 don Porfirio ya vislumbraba la conmemoración de las fiestas del Centenario de la Independencia, donde se mostrarían al mundo las grandezas edificadas durante su mandato. En esta visión, a la Ciudad de México se le dotaría de servicios públicos como alumbrado eléctrico, pavimentación, un eficiente sistema de transporte, un constante suministro de agua potable y drenaje para las aguas negras.
Era necesario implementar una campaña de salubridad hídrica en la que ya no se mezclara, durante la época de lluvias, el líquido potable con aguas negras, lodo y barro. Se pensó en atacar de raíz el problema de las grandes inundaciones que sufría la ciudad, terminar con las epidemias y mejorar las condiciones de salubridad en que vivía la mayoría de los capitalinos.
Así, se constituyó el Proyecto del Desagüe General del Valle de México, dividido en tres fases interrelacionadas:
1. Desagüe general del Valle de México. Primer sistema completo que permitiría la transportación a distancias lejanas de aguas negras y pluviales fuera del Valle de México, a través de montañas y ríos. Con una longitud de más de 47 km , tendría su origen en San Lázaro y concluiría en la laguna de Zumpango, para de ahí conducirse a través del túnel de Tequixquiac e incorporarse al río Salado; es decir, correría de la capital al estado de Hidalgo.
2. Saneamiento interno de la Ciudad. Permitiría el desalojo subterráneo de las aguas negras de la capital al ser conectado con casas, edificios, hospitales y mercados; además, se implementaría un sistema de atarjeas para permitir la limpieza de todos los conductos desaguadores. Con esta obra del ingeniero Roberto Gayol (nombrado director general en 1899) se eliminaba por completo la vieja transportación de heces en carros abiertos, que después se hacía por la noche en vehículos cerrados. Fue inaugurada en marzo de 1903.
3. Sistema de aprovisionamiento de agua potable. Primer sistema que transportó agua a través de más de 50 km de conductos subterráneos, evitando su contaminación. Ideado por el ingeniero Manuel Marroquín y presentado en 1901, contó con el visto bueno de José Ives Limantour (ya para entonces ministro de Hacienda) y del presidente. Se aprobó en 1902 y se construyó de 1905 a 1908. La obra consistió en un acueducto principal y plantas de captación y bombeo en La Noria, Nativitas y Santa Cruz. De 1909 a 1911 se llevó a cabo una segunda etapa al crearse una galería subterránea y sustituir los conductos por una nueva red de tuberías que fue terminada en octubre de 1913.
Estos elementos conformaron el primer Sistema Hidráulico Integral de México. Por su inversión, fue la primera gran obra en cuanto a infraestructura urbana en la Ciudad de México. Parte del Gran Canal se desarrolló como túnel (el de Zumpango), con el cual se revestía aún más la visión integral de la construcción. Además se optó por realizar, después de la inauguración, un arte especial para la fachada del túnel y para las plazoletas, lo que engrandeció la obra.
La participación extranjera
Para cuando el presidente Porfirio Díaz aseguraba su reelección, el país ya gozaba de la posibilidad de obtener créditos internacionales. Un sello de su administración fue la participación extranjera en los diversos contratos de infraestructura, petróleo o vías de comunicación. Respecto al Gran Canal del Desagüe, era importante que fuera avalado económicamente por una empresa experimentada, con alto poder adquisitivo y que contara con un nivel tecnológico que respaldara tan importante obra.
Para 1887 la Junta Directiva decidió que la compañía ideal era Bucyrus Construction Company, con sede en Ohio, EUA, cuya ventaja era que contaba con dragas que podían excavar cerca de 600 m3 en diez horas. Pero una vez que Bucyrus manejó costos diferentes a los iniciales, la Junta decidió que se encargara de la excavación Pearson & Son, empresa de origen inglés que firmaría su primer contrato el 23 de diciembre de 1889.
En poco tiempo, Pearson & Son tuvo importantes contratos de construcción, como los puertos de Veracruz, Coatzacoalcos y Salina Cruz, y el Ferrocarril Transístmico; además participó en la Compañía de Luz y Fuerza. La buena relación entre Pearson y el gobierno federal se extendió al rubro personal. Baste recordar que cuando Porfirio Díaz salió exiliado del país, el dueño de la compañía, su amigo Weetman Pearson, ofreció un castillo en Escocia que el general agradeció, pero rechazó para residir en París.
Por otra parte, para el Gran Canal se contrató mano de obra nacional y extranjera. Pero existían disparidades entre los trabajadores, ya que los que venían de otros países, principalmente los europeos, contaban con mejores condiciones laborales.
Pearson & Son logró hacer de México su mina de oro y el gran capital que desarrolló la convirtió en una empresa líder en el mundo, ejemplo que alentó a otras empresas extranjeras a aprovechar las ventajas que otorgaba el gobierno mexicano.
El nuevo siglo
El 17 de marzo de 1900, en un magno evento celebrado en Zumpango, fueron inauguradas las obras del Gran Canal del Desagüe. Además del presidente, su gabinete y Limantour –presidente de la Junta Directiva–, asistieron representantes de los poderes Legislativo y Judicial, miembros del cuerpo diplomático, del Ayuntamiento, del Consejo Superior de Salubridad y de corporaciones científicas.
Don Porfirio ofreció un banquete que fue amenizado por la banda de música del Ejército, salvas de artillería, la acostumbrada y vistosa iluminación de los principales edificios públicos por las noches, así como el repique de las campanas de las iglesias de la localidad dieron el toque distintivo al acto.
Para 1900, esta construcción era de las más importantes del mundo y colocaba a la ingeniería nacional y a la figura del presidente Díaz –ya de por sí ostentosa– en los primeros planos. Para el investigador Manuel Perlo Cohen, la obra marcó a México y a su régimen:
El canal del desagüe […] fue el símbolo del Porfiriato. Su edificación le dio forma y expresión a varios de los principales componentes que habían de caracterizar el modus operandi del régimen durante varias décadas: participación de empresas extranjeras, introducción de tecnologías avanzadas, utilización de préstamos internacionales, reestructuración de la administración pública, desarrollo de una tecnocracia nacional, centralización de la toma de decisiones en manos del presidente y adopción de la ideología de la modernidad como aspiración nacional.[1]
Tal vez el elemento más importante, con este gran proyecto, fue el giro radical que se dio a las condiciones sanitarias y ambientales de la ciudad, importancia que entendió muy bien Porfirio Díaz; la visión estratégica en su mandato de más de treinta años le permitió, para bien o para mal, trascender en la vida nacional.
Hoy, a 111 años de la inauguración del Gran Canal del Desagüe, es una obra que sigue utilizándose todos los días en la Ciudad de México, aunque ha reducido su capacidad debido al incremento demográfico. Al general Díaz, algún día lo juzgará una historia más imparcial por lo que ofreció a su amado país y no tanto por lo que le restó. Aquí la prueba.
Para conocer más:
· Boletín Oficial del Consejo Superior de Gobierno del Distrito Federal. La Obra del Desagüe de 1866 a 1885, octubre 1905.
· Boletín Técnico. Entubamiento del Gran Canal del Desagüe de México. Núm. 27, septiembre-octubre 1995.
· Connolly, Priscilla. El Contratista de don Porfirio. La construcción del Gran Canal de Desagüe. Tesis de Doctorado, Volúmenes I-IV, UAM, 1991.
· De Garay, Francisco. El Valle de México: Apuntes Históricos sobre su hidrografía desde los tiempos más remotos hasta nuestros días. Secretaría de Fomento, 1888.
· Documentos Relativos al Drenaje de la Ciudad de México. Ayuntamiento Constitucional de México. Palacio Nacional, 1897.
· Mansilla, Elizabeth. De cómo Porfirio Díaz dominó las aguas. Historia de la construcción de la obra hidráulica, 1994.
· Pérez H. Rafael. Uso y Distribución del actual de las aguas del Gran Canal del Desagüe y del Río Salado en los valles de México y del Mezquital. Secretaria de Recursos Hidráulicos. Comisión Hidrológica de la Cuenca del Valle de México, 1961.
· Perlo Cohen, Manuel. “El Centenario del Canal del Desagüe del Valle de México”, en: Tláloc. Órgano Informativo de la Asociación Mexicana de Hidráulica, (AMH), septiembre-diciembre, 1997.
· Sistema Hidrológico del Valle de México. Semarnat-Conagua, 2007.
Numeralia
· Principales inundaciones antes de la obra: 1553, 1580, 1604, 1607, 1629, 1878, 1888
· Costo total de la obra del Desagüe General del Valle de México (entre 1885 y 1900): $18 496 901.10. Se devolvieron a la Tesorería General de la Federación $53 351.89
· Costo total del saneamiento interno de la Ciudad: $8 210 150.72
· Costo aproximado de las obras de aprovisionamiento de agua potable: $17 540 088.97
· Excavación manual: 4 762 800 m3
· Excavación por medio de dragas: 7 106 400 m3
[1] Manuel Perlo Cohen, “El centenario del Canal del Desagüe del Valle de México”, en Tláloc. Órgano informativo de la Asociación Mexicana de Hidráulica, México, AMH, septiembre-diciembre de 1997, p. 15.
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