Aureliano Urrutia. Del crimen político al exilio. Cristina Urrutia nos transporta a la vida de quien fuera por poco tiempo Secretario de Gobernación en uno de los periodos más difíciles de la historiografía nacional, el gobierno del General Victoriano Huerta.
En tres meses como encargado de la Secretaría (de mediados junio a mediados de septiembre de 1913), Aureliano Urrutia Sandoval, ha sido vituperado por haber sido, según las diversas crónicas urbanas, el responsable de varias muertes de personajes ilustres como Belisario Domínguez y Serapio Rendón.
Sin embargo, la nieta de este distinguido personaje, a lo largo de la obra, no busca una exoneración por tales sucesos, simplemente reúne las piezas del rompecabezas y expone cómo a través de ‘la mala fama’ de Huerta, todos los secretarios de su gobierno, algunos muy loables, fueron marcados por las acciones del general porfirista.
El caso de Urrutia Sandoval es singular ya que si bien colaboró de cerca con Victoriano Huerta, sus acciones en un breve tiempo fueron importantes para la vida de este país. Al ser médico de profesión, se distinguió por ser uno de los médicos cirujanos más eminentes que este país ha producido, al grado de haber sido el primer médico a nivel mundial que separó a dos siamesas en 1917; además de ello, la comunidad universitaria y médica, nunca olvidaría sus aportes a la enseñanza y la conducción de la escuela de Medicina más alta de este país.
Por otro lado, como servidor público, sus acciones a favor de la higiene y sanidad en la capital y en el país, fueron de gran valía en una sociedad en la que las enfermedades y el poco interés en las materias, provocaban muertes prevenibles.
La autora nos transporta a las discusiones de Urrutia con ‘su compadre’, el General Huerta, así como sus diferentes formas de hacer política. En tanto el médico, creía en la línea dura para apaciguar los desórdenes producidos por Madero, Huerta extralimitó esa postura y no supo cómo actuar ante el constante asecho de los norteamericanos quienes nunca validaron su gobierno; además se menciona que el ex presidente, perdió el rumbo político. Por su parte, Urrutia siempre coincidió con Justo Sierra en que la educación sería la única vía de desarrollo para este país.
La vida personal del doctor Aureliano Urrutia se ve empañada por los fantasmas que le rodean sobre su posible involucramiento en las muertes de quienes no pensaban como el régimen que representó. Sin embargo, una vez en el exilio -en San Antonio, Texas-, logró trascender como el gran médico que fue y pese a su cariño a la Patria y a su querido Xochimilco, nunca pudo regresar debido a los procesos en su contra.
Casado en cinco ocasiones y con una descendencia numerosa, murió en 1975 a la edad de 103 años de edad; hombre prolífico que creyó en la mano dura para pacificar al país, es sin duda uno de los hombres que la historiografía oficial ha relegado por rumores y datos que siguen siendo inciertos, lo que lo ha llevado al olvido en las grandes páginas de la Historia Nacional.
Aureliano Urrutia. Del crimen político al exilio
Cristina Urrutia Martínez
Tusquets Editores
2008, 330 pp.
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