Esta primera y segunda semanas de diciembre de 2013, podrán encontrr la siguiente colaboración en El Sol de México versión electrónica:
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Hidalgo. Entre la virtud y el vicio
Eugenio Aguirre
Editorial Planeta. Novela histórica
2009. 481 pp.
La figura del cura de Dolores, Miguel Hidalgo y Costilla, ha sido un tema recurrente para muchos historiadores; por un lado, debido al peso que, como personaje histórico de nuestro proceso de Independencia posee intrínseco. Por otro, contadas lecturas narran paso a paso a manera de una estupenda crónica, los avatares que un cura -pero sobre todo un hombre-, reflexionó, analizó y peleó por la libertad de una nueva nación.
La vida de este célebre personaje de nuestra historia ha sido plasmada desde diferentes aristas y, en esta ocasión, el autor, Eugenio Aguirre, nos introduce delicadamente a la vida de un hombre que en su vida, nunca imaginó la trascendencia histórica de sus actos. Joven e inquieto, Miguel Hidalgo buscó el conocimiento a través de sus grandes amigos, los libros, a los que dedicó gran parte del tiempo. Aprendiz y con gran manejo de los idiomas, logró hablar y entender las diversa culturas a través de ellos. Su amor por las bellas artes, en particular la música, lo acompañarían hasta su muerte en 1811.
Hombre decidido pero también siempre rodeado de bellas y frondosas mujeres, fue un hombre que entendía las enseñanzas católicas de diferente manera a la establecida desde Roma; entre esa débil línea que divide al luteranismo y al catolicismo, creía en el amor entre hombres y mujeres como algo no solo ideológico sino carnal, algo natural; otro ejemplo, fue la concepción de la muerte en batalla no como un obstáculo para ganar el paraíso sino como un derecho que los hombres debían ejercer para ser libres y felices y, por tanto, ganar el cielo.
Migue Hidalgo y Costilla, como la historiografía oficial lo ha colocado no es de extrañar que el título de esta novela se llame Hidalgo. Entre la virtud y el vicio; es decir, entre lo moralmente correcto y lo humanamente perverso. Hombre destacado y popular debido a sus relaciones públicas entre españoles, criollos e indios pero siempre buscando la mejoría de la sociedad a través del crecimiento espiritual y, por qué no, material de las personas. Ese era el cura de Dolores que esta lectura nos deja ver. Integrante de una familia numerosa pero siempre con el apoyo de sus hermanos y el ejemplo de sus padres y de sus instructores en el camino ascendente como teólogo y como académico.
El autor, a lo largo de las páginas del presente libro, nos cuenta las travesías, las decisiones –malas, buenas o correctas-, su inclusión en el grupo denominado “Insurgentes” y las diferencias que tuvo con algunos de ellos, en especial con Ignacio Allende, de quien se dice, creció en él un odio hacia el cura de Dolores al grado que varias veces intentaría asesinarlo. Las diferencias por el control social y militar de los insurrectos, hace que entre ambos crezcan las diferentes visiones de un México libre y soberano, pero sobre todo, de esa lucha que otros tomarían como estandarte (Morelos, Guerrero e Iturbide, por citar solamente a algunos) y que glorificarían la consumación de los ideales por los que lucharon.
En el marco de la vida colonial, se desarrolla la presente novela con una mezcla de lenguaje coloquial, barroco y en ocasiones soez, la pluma exquisita de Aguirre nos lleva a esa enigmática faceta que pocas lecturas ofrecen y que sin duda para el lector que gusta de novelas históricas o para aquéllos que gustan de un rato de esparcimiento que nos aporte mayor conocimiento sobre los héroes de la Independencia nacional, Hidalgo. Entre la virtud y el vicio se vuelve un viaje por la dramaturgia, la historia, las costumbres y hasta lo que el mexicano desconoce sobre algunos retratos de la historia que nos han enseñado en las aulas.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
domingo, 1 de diciembre de 2013
sábado, 2 de noviembre de 2013
MEMORANDUM Sobre el Proceso del Archiduque Fernando Maximiliano de Austria. La historia nacional habla del Segundo Emperador de México, Fernando Maximiliano de Habsburgo, como un personaje que vino a México buscando una aventura que no pudo acuñar en Europa por diversos motivos ya fueran familiares o militares. Sin embargo, es uno de tantos, que la historia no ha sido condescendiente con su paso histórico por nuestro país. Para muestra, esta lectura sobre sus últimos días.
El Emperador austriaco, nombró para su defensa a Mariano Riva Palacio y a Rafael Martínez de la Torre, quienes empeñados en reunir las pruebas de su defensa, hicieron gala de los diferentes atropellos que se siguieron para condenar a muerte a Maximiliano de Habsburgo. El Gobierno que decía respetar la ley y la Constitución, la violó para condenar a este simbólico personaje.
La presente obra narra explícita y jurídicamente cómo después de su captura en el estado de Querétaro, el Supremo Gobierno de la República, encabezado por el entonces presidente Benito Juárez, sentencia al Emperador a través de la Ley del 25 de Enero de 1862; en ella, los defensores no sólo argumentan sino que comprueban fehacientemente, que dicha ley era privativa y aplicable -la condena de muerte- a individuos que pertenecieran al ejército de la nación, no a extranjeros.
Además, por si esto fuera poco, la ley arriba referida es imputada al Emperador como un delito político siendo que la pena de muerte se encontraba abolida en todo género de delitos de acuerdo a la Constitución de 1857. Finalmente, el acusado fue sujeto a proceso por un Tribunal Militar, en el que, a excepción del Presidente de la República, los oficiales encargados, contravenían la norma legal al poseer grados inferiores en el ejército de la República.
Para los defensores, el haber luchado en contra del Gobierno de Juárez no era una afrenta, sino una honra como profesionales y juristas; respetar las leyes y aplicarlas correctamente, fue una constante por la que muchos mexicanos habían derramado su sangre para conformar una Nación fuerte y justa, de acuerdo con los principios jurídicos universales.
En este tenor, son impactantes las declaraciones respecto a la Ley referida de 1862 (cabe mencionar que se copió tal cual): “¡Ley, á nuestro juicio, cruel y sanguinaria, que choca con el filantrópico principio de la Constitución!”. De igual manera, se demuestra cómo el Emperador Maximiliano fue juzgado erróneamente, por haber sido jefe de un gobierno establecido contrario a los principios de la Constitución de 1857 por los delitos de: Usurpador del poder público, enemigo de la independencia y seguridad de la Nación, perturbador del órden y la paz pública, conculcador del derecho de gentes y de las garantías individuales…cada uno de ellos desechados metódica y jurídicamente en su defensa.
Sin duda alguna, el Emperador europeo vino a nuestro país engañado por una supuesta Junta de Notables en la que le entregaron el país y lo convencieron para gobernarlo y lo condenaron por ello, pero ¿Qué no fue una Junta de Notables la que dio origen a la Constitución de 1843?¿Que no fue una Junta de Notables la que proclamó en 1855 la rebelión contra Santa Anna y encumbró a Juan Álvarez?
No sabemos qué habría pasado con el país si se exoneraba a Maximiliano como todas las naciones y personajes célebres querían. El presidente Juárez mostró su temple y no dudó en hacer lo que creía mejor para la Patria. Ahí quedan las palabras de un Emperador que murió por las constantes diferencias entre liberales y conservadores: “…perderé con gusto mi vida, si su sacrificio puede contribuir á la paz y prosperidad de mi nueva patria…Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!”
MEMORANDUM Sobre el Proceso del Archiduque
Fernando Maximiliano de Austria
Mariano Riva Palacio y Rafael Martínez de la Torre
Imprenta de F. Díaz de León y S. White
1867
El Emperador austriaco, nombró para su defensa a Mariano Riva Palacio y a Rafael Martínez de la Torre, quienes empeñados en reunir las pruebas de su defensa, hicieron gala de los diferentes atropellos que se siguieron para condenar a muerte a Maximiliano de Habsburgo. El Gobierno que decía respetar la ley y la Constitución, la violó para condenar a este simbólico personaje.
La presente obra narra explícita y jurídicamente cómo después de su captura en el estado de Querétaro, el Supremo Gobierno de la República, encabezado por el entonces presidente Benito Juárez, sentencia al Emperador a través de la Ley del 25 de Enero de 1862; en ella, los defensores no sólo argumentan sino que comprueban fehacientemente, que dicha ley era privativa y aplicable -la condena de muerte- a individuos que pertenecieran al ejército de la nación, no a extranjeros.
Además, por si esto fuera poco, la ley arriba referida es imputada al Emperador como un delito político siendo que la pena de muerte se encontraba abolida en todo género de delitos de acuerdo a la Constitución de 1857. Finalmente, el acusado fue sujeto a proceso por un Tribunal Militar, en el que, a excepción del Presidente de la República, los oficiales encargados, contravenían la norma legal al poseer grados inferiores en el ejército de la República.
Para los defensores, el haber luchado en contra del Gobierno de Juárez no era una afrenta, sino una honra como profesionales y juristas; respetar las leyes y aplicarlas correctamente, fue una constante por la que muchos mexicanos habían derramado su sangre para conformar una Nación fuerte y justa, de acuerdo con los principios jurídicos universales.
En este tenor, son impactantes las declaraciones respecto a la Ley referida de 1862 (cabe mencionar que se copió tal cual): “¡Ley, á nuestro juicio, cruel y sanguinaria, que choca con el filantrópico principio de la Constitución!”. De igual manera, se demuestra cómo el Emperador Maximiliano fue juzgado erróneamente, por haber sido jefe de un gobierno establecido contrario a los principios de la Constitución de 1857 por los delitos de: Usurpador del poder público, enemigo de la independencia y seguridad de la Nación, perturbador del órden y la paz pública, conculcador del derecho de gentes y de las garantías individuales…cada uno de ellos desechados metódica y jurídicamente en su defensa.
Sin duda alguna, el Emperador europeo vino a nuestro país engañado por una supuesta Junta de Notables en la que le entregaron el país y lo convencieron para gobernarlo y lo condenaron por ello, pero ¿Qué no fue una Junta de Notables la que dio origen a la Constitución de 1843?¿Que no fue una Junta de Notables la que proclamó en 1855 la rebelión contra Santa Anna y encumbró a Juan Álvarez?
No sabemos qué habría pasado con el país si se exoneraba a Maximiliano como todas las naciones y personajes célebres querían. El presidente Juárez mostró su temple y no dudó en hacer lo que creía mejor para la Patria. Ahí quedan las palabras de un Emperador que murió por las constantes diferencias entre liberales y conservadores: “…perderé con gusto mi vida, si su sacrificio puede contribuir á la paz y prosperidad de mi nueva patria…Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. ¡Que mi sangre selle las desgracias de mi nueva patria! ¡Viva México!”
MEMORANDUM Sobre el Proceso del Archiduque
Fernando Maximiliano de Austria
Mariano Riva Palacio y Rafael Martínez de la Torre
Imprenta de F. Díaz de León y S. White
1867
Aureliano Urrutia. Del crimen político al exilio. Cristina Urrutia nos transporta a la vida de quien fuera por poco tiempo Secretario de Gobernación en uno de los periodos más difíciles de la historiografía nacional, el gobierno del General Victoriano Huerta.
En tres meses como encargado de la Secretaría (de mediados junio a mediados de septiembre de 1913), Aureliano Urrutia Sandoval, ha sido vituperado por haber sido, según las diversas crónicas urbanas, el responsable de varias muertes de personajes ilustres como Belisario Domínguez y Serapio Rendón.
Sin embargo, la nieta de este distinguido personaje, a lo largo de la obra, no busca una exoneración por tales sucesos, simplemente reúne las piezas del rompecabezas y expone cómo a través de ‘la mala fama’ de Huerta, todos los secretarios de su gobierno, algunos muy loables, fueron marcados por las acciones del general porfirista.
El caso de Urrutia Sandoval es singular ya que si bien colaboró de cerca con Victoriano Huerta, sus acciones en un breve tiempo fueron importantes para la vida de este país. Al ser médico de profesión, se distinguió por ser uno de los médicos cirujanos más eminentes que este país ha producido, al grado de haber sido el primer médico a nivel mundial que separó a dos siamesas en 1917; además de ello, la comunidad universitaria y médica, nunca olvidaría sus aportes a la enseñanza y la conducción de la escuela de Medicina más alta de este país.
Por otro lado, como servidor público, sus acciones a favor de la higiene y sanidad en la capital y en el país, fueron de gran valía en una sociedad en la que las enfermedades y el poco interés en las materias, provocaban muertes prevenibles.
La autora nos transporta a las discusiones de Urrutia con ‘su compadre’, el General Huerta, así como sus diferentes formas de hacer política. En tanto el médico, creía en la línea dura para apaciguar los desórdenes producidos por Madero, Huerta extralimitó esa postura y no supo cómo actuar ante el constante asecho de los norteamericanos quienes nunca validaron su gobierno; además se menciona que el ex presidente, perdió el rumbo político. Por su parte, Urrutia siempre coincidió con Justo Sierra en que la educación sería la única vía de desarrollo para este país.
La vida personal del doctor Aureliano Urrutia se ve empañada por los fantasmas que le rodean sobre su posible involucramiento en las muertes de quienes no pensaban como el régimen que representó. Sin embargo, una vez en el exilio -en San Antonio, Texas-, logró trascender como el gran médico que fue y pese a su cariño a la Patria y a su querido Xochimilco, nunca pudo regresar debido a los procesos en su contra.
Casado en cinco ocasiones y con una descendencia numerosa, murió en 1975 a la edad de 103 años de edad; hombre prolífico que creyó en la mano dura para pacificar al país, es sin duda uno de los hombres que la historiografía oficial ha relegado por rumores y datos que siguen siendo inciertos, lo que lo ha llevado al olvido en las grandes páginas de la Historia Nacional.
Aureliano Urrutia. Del crimen político al exilio
Cristina Urrutia Martínez
Tusquets Editores
2008, 330 pp.
En tres meses como encargado de la Secretaría (de mediados junio a mediados de septiembre de 1913), Aureliano Urrutia Sandoval, ha sido vituperado por haber sido, según las diversas crónicas urbanas, el responsable de varias muertes de personajes ilustres como Belisario Domínguez y Serapio Rendón.
Sin embargo, la nieta de este distinguido personaje, a lo largo de la obra, no busca una exoneración por tales sucesos, simplemente reúne las piezas del rompecabezas y expone cómo a través de ‘la mala fama’ de Huerta, todos los secretarios de su gobierno, algunos muy loables, fueron marcados por las acciones del general porfirista.
El caso de Urrutia Sandoval es singular ya que si bien colaboró de cerca con Victoriano Huerta, sus acciones en un breve tiempo fueron importantes para la vida de este país. Al ser médico de profesión, se distinguió por ser uno de los médicos cirujanos más eminentes que este país ha producido, al grado de haber sido el primer médico a nivel mundial que separó a dos siamesas en 1917; además de ello, la comunidad universitaria y médica, nunca olvidaría sus aportes a la enseñanza y la conducción de la escuela de Medicina más alta de este país.
Por otro lado, como servidor público, sus acciones a favor de la higiene y sanidad en la capital y en el país, fueron de gran valía en una sociedad en la que las enfermedades y el poco interés en las materias, provocaban muertes prevenibles.
La autora nos transporta a las discusiones de Urrutia con ‘su compadre’, el General Huerta, así como sus diferentes formas de hacer política. En tanto el médico, creía en la línea dura para apaciguar los desórdenes producidos por Madero, Huerta extralimitó esa postura y no supo cómo actuar ante el constante asecho de los norteamericanos quienes nunca validaron su gobierno; además se menciona que el ex presidente, perdió el rumbo político. Por su parte, Urrutia siempre coincidió con Justo Sierra en que la educación sería la única vía de desarrollo para este país.
La vida personal del doctor Aureliano Urrutia se ve empañada por los fantasmas que le rodean sobre su posible involucramiento en las muertes de quienes no pensaban como el régimen que representó. Sin embargo, una vez en el exilio -en San Antonio, Texas-, logró trascender como el gran médico que fue y pese a su cariño a la Patria y a su querido Xochimilco, nunca pudo regresar debido a los procesos en su contra.
Casado en cinco ocasiones y con una descendencia numerosa, murió en 1975 a la edad de 103 años de edad; hombre prolífico que creyó en la mano dura para pacificar al país, es sin duda uno de los hombres que la historiografía oficial ha relegado por rumores y datos que siguen siendo inciertos, lo que lo ha llevado al olvido en las grandes páginas de la Historia Nacional.
Aureliano Urrutia. Del crimen político al exilio
Cristina Urrutia Martínez
Tusquets Editores
2008, 330 pp.
miércoles, 21 de agosto de 2013
Esta es una conferencia que impartí en el 2004 en el Congreso de la AMEI:
LA IDEA DE LA GUERRA COMO PENSAMIENTO
CONTEMPORÁNEO ENTRE LAS NACIONES
Por: Lic. David Alonso Figueroa Hernández
A Federico Döring:
al político; al legislador;
al amigo.
“El hombre es mortal por sus temores
e inmortal por sus deseos”.
Pitágoras
A lo largo de la historia del hombre ha estado presente la idea de la guerra como una forma de vida entre los pueblos. No puede escapar a nosotros el pensar a la confrontación como un sentir innato en algunas culturas. Recordemos cuan largas eran las luchas que Homero relata en su preciosa obra La Odisea, de cómo un hombre por el simple hecho de desafiar a los Dioses era castigado a sufrir de manera interminable en la travesía del mundo o incluso, en las afrentas bélicas como sucedió en Troya.
Mucho se ha escrito y mucho se ha hablado de la guerra como una forma de imposición a la otredad; pero poco se ha dicho de la idea de la guerra como pensamiento entre los pueblos; como una forma de vida constante (aunque hoy sea sólo apretando un botón).
A principios del siglo XX comenzó la era de las guerras modernas, en las que la tecnología toma auge y decide la victoria de una u otra nación. Se ha dejado atrás la concepción de la afrenta cuerpo a cuerpo y ahora se decide la victoria a través del uso de nuevas armas, con mayor poder de destrucción; pareciera que el matar ya no es una norma del más fuerte en una igualdad de circunstancias, sino de imposición a cambio de no asesinar a toda una raza o credo.
Dos guerras denominadas mundiales en las que las alianzas fueron estratégicas para el triunfo de unas potencias sobre otras. Una guerra fría de casi 45 años entre un pueblo salvador de la humanidad y otra que siempre “villana y malvada” hacía de las suyas fuera en términos ideológicos o con la fuerza bruta de su lado.
El objetivo primordial de toda guerra moderna ha sido la de la imposición en términos primero ideológicos y luego, de culturización. Es realmente una vanidad hacer que el otro piense como uno. Sin embargo, esa es la idea de la batalla: imponerme sobre el otro. Thomas Hobbes nos habla de un estado natural que tiende a convertirse en Estado (El Leviatán) a través del establecimiento de normas impuestas por el más fuerte de una comunidad de hombres libres; de la anarquía total.[1] ¿Será acaso que la razón, el raciocinio aristotélico queda relegado ante la concepción Hobbesiana del establecimiento del Estado? o ¿será una consecuencia para la formación de éste?
Si aceptamos que el Estado surge como nos dice Hobbes, entonces ¿ será que el hombre desea crear otro Estado aun mayor en términos mundiales (hoy diríamos global) en el que la anarquía debe ser sofocada con la inclusión del más fuerte, en este caso los Estados Unidos de América?. Cierto es que debe haber un régimen hegemónico por simple lógica pero, acaso la guerra marca la pauta para hacerlo, definitivamente así es.
Necesario es decir que en el hombre existe y siempre ha existido la noción de poder y supervivencia englobada en la esfera de la confrontación, de la lucha, de la muerte. Recordemos las palabras de Elias Canetti al referirse a la noción descriptiva de la muerte: “...Espiamos cada movimiento de su cuerpo con recelo, si era un enemigo, o con trémula expectación, si se trataba de un amigo...La confrontación con el muerto es una confrontación con la propia muerte, inferior a ésta porque en realidad no nos la causa, y superior a ella pues estamos, de hecho, ante otra muerte.”.[2] La muerte y la guerra se han convertido con el paso de los años en una forma de vida en la que ya no son necesarias para la subsistencia diaria sino únicamente como una actividad cotidiana más del hombre. Ya no hay diferencia sustancial entre la guerra como fin último de los problemas y el problema de la guerra como forma hegemónica entre el mundo. Troya y Yugoslavia son sólo parajes históricos del hombre en los que la guerra media los actos de la mente. En el primero, la guerra era necesaria, en el segundo; una imposición. Ni el propio Heidegger pudo escapar al efecto y a la desilusión del antropós o zoon politikón respecto a la Primera Guerra Mundial.
Hoy día, pareciera que las nuevas relaciones diplomáticas están en función de tu poderío militar, de tu arsenal; el tú tienes el poder para crear la guerra y para fijar el término de la misma. Las palabras de Wright Mills parecieran adecuadas a nuestro estudio, cuando se menciona en a los diplomáticos que luchan por sobrevivir en el breve espacio burocrático de círculos bajos en tanto que “...los militares se han movido y se están moviendo en los círculos diplomáticos más altos”.[3]
En nuestros días, con el apoyo indiscutible de los medios electrónicos, la guerra podemos presenciarla por la televisión o por Internet pero siempre en vivo. Se ha convertido en un espectáculo móvil ya no sólo de gran poder ideológico sino contundente y de la más asolada rapidez. Recordemos los casos de las invasiones a Afganistán e Irak durante 2002 y 2003.
El terrorismo es otra arma sublime que el hombre ha descubierto para recrear la lucha –ideológica- de los campos helenos y romanos de la guerra. La venganza como articulación que los hace posibles en cualquier lugar del mundo y a la que no escapan ni las naciones más poderosas. Aquello que nos narraba Pérez-Reverte sobre el Territorio Comanche, propio de la vida periodística y que nosotros conocíamos por relatos e imágenes diferidas vía satélite hoy cualquier ciudadano las vive a diario, sea por un atentado, por una guerrilla, por una guerra o, simplemente por la angustia de un secuestro o una pelea callejera. La guerra ha devenido en un infierno[4] para el hombre.
El persa, fue un pueblo guerrero que honraba a los valientes guerreros; los celtas, eran auténticos guerreros que no se contentaban con conquistar sino con asesinar y acabar con civilizaciones antiguas. Hoy, ese sentimiento prevalece en la mente del hombre; el eidós ha perecido en la búsqueda constante de una respuesta a través del raciocinio, a través del diálogo.
La democracia en el mundo ha sido en los últimos años, la forma de gobierno hegemónica. Sin embargo, aún nuestro país no ha escapado a las repercusiones de la aldea global que ya señalaban Mc Luhan y Víctor Flores Olea. El sistema unipolar, neoliberal-democrático, toma las decisiones como un unísono mundial y el resto de los pueblos sólo tienen que ser espectadores. ¿De qué nos sirve la democracia internacional si cuando se debaten los temas cruciales de guerra, la decisión la tienen dos naciones por encima de la razón sobre más de 200 naciones más? ¿Será acaso que la diplomacia no funciona como debiera o tal vez tengamos que repensar al mundo sobre las teorías diplomáticas para llegar a un acuerdo benéfico para todas las partes? Es aquí en donde se tiene que debatir antes de ir a una guerra.
Durante un conflicto bélico, ¿qué nación será la más beneficiada si los actores se preocupan por el raiting y no por la situación histórico-política de una pueblo? El pensar al mundo no sólo lleva inmersos los problemas económicos y políticos, sino sociales, culturales, históricos y antropológicos. El problema del Ser inmerso en una sociedad armónica que va a ser destruida por el Dios de la Guerra, no es para hacer menos su cultura; al contrario, nos lleva a una pensamiento sobre la otredad y sobre la yoidad.[5]
Sin embargo, la noción a debatir hoy día, en el Siglo XXI, es el ascenso de las personas por encima de las instituciones.[6] Es decir, se vuelve a los días en que una persona es electo como Presidente de una nación y sobre ella gira el futuro de la misma aunque con ello se haga pedazos a todo un país. Los ejemplos del Perú de Fujimori y de Hugo Chávez en Venezuela, nos orilla a ver qué tan factible podría ser un régimen democrático constitucionalmente avalado por todos, y desembocar en uno de los peores gobernantes y llevar a un país al Apocalipsis; el fin justifica los medios.[7]
Retomando esta última hipótesis. De acuerdo con Maquiavelo todos los hombres que han ostentado el poder en beneficio propio y de sus naciones imperialistas, han logrado su cometido; no obstante, ¿será correcta la comparación entre Hittler y Napoleón con Bush o Blair? Los tiempos han cambiado y la norma actual es la esfera de la globalización, la cuál impone a una nación por encima de otra en los términos competitivos más elementales. Cierto es, que una justificación no radica en poder matar al otro porque sí, sino porque es necesario: “la guerra es justa cuando es necesaria” pero ¿cuándo la guerra es necesaria? Será acaso que el terrorismo es el pretexto para hacer la guerra entre las naciones?
Sin lugar a dudas, “El terrorismo de Estado es siempre vergonzante, porque siempre está atrapado en la misma contradicción: debe difundir sus prácticas más crueles y aberrantes para generalizar el terror y asegurar la dominación pero debe, al mismo tiempo, negar su autoría para no transgredir las normas jurídicas internas e internacionales que aseguran –en teoría- el respeto a los derechos humanos”.[8]
Consecuentemente, el terrorismo no sólo es propio de una confrontación entre naciones; puede existir al interior de un país sin necesidad de hacerse algo global. En la década de los 80’, Noam Chomsky afirmaba dos conceptos del mismo ya fuera terrorismo internacional y terrorismo individual.[9] Sin embargo, no necesitamos recurrir al terrorismo entre naciones como fueron: la invasión soviética a Afganistán e Indochina, la invasión israelita Líbano de 1982 y la invasión de Indonesia a Timor Oriental; la idea de la guerra, el terrorismo y la superioridad por ende, se encuentra también al interior de las naciones, baste recordar la dictadura de Anastasio Somosa en Nicaragua o de Augusto Pinochet en Chile, sólo por mencionar dos casos entre un número de naciones que han sufrido el tema ya citado.
Como podemos observar la idea de conflicto entre individuos o la idea de la guerra entre las naciones puede desembocar en un problema interno u originar una hecatombe mundial de acuerdo a las nuevas tecnologías armamentistas. No podemos desprendernos de la idea de la guerra tan fácilmente por el simple hecho de que el hombre es un ser imperfecto y más si de obtener y ejercer el poder se refiere.
Hoy día, nuestras palestras legislativas y parlamentarias se encuentran acotadas por una serie de personas que poco o casi nada saben sobre los riesgos de tomar una decisión que ellos dicen es “democrática”. Habría que preguntarnos hasta dónde estamos dispuestos a seguir arriesgándolo todo por mantener una ideología; una referencia griega es elocuente a este respecto: “Yo sólo sé que no sé nada...y de eso no estoy seguro”. No se trata aquí de condenar a un país u otro, o de crear corrientes extremistas, sino de mantener la cordura en un mundo cada vez más carente de sensibilidad política y social; es vanidad y una irresponsabilidad obligar a que la otredad piense como yo lo hago; mucho menos que viva como yo quiero que lo haga.
El ser humano debe buscar esos resquicios ocultos de su propio ser; debe buscar ser parte del Ser, del episteme pero siempre reencontrando las vías para una vida pacífica: la palabra, el diálogo; el raciocinio, el zoon politikón. No se trata solamente de tolerar porque es su derecho, sino porque es mi derecho expresarme aunque tú no estés de acuerdo pero tendrás que hacerlo para convivir juntos.[10]
Cierto es que nuestros razonamientos intentan desviar el camino de la realidad mundial: la guerra. No obstante hay que recordar que la historia siempre la han escrito los poderosos, los que se imponen a la otredad. Debemos ser pacientes, recordar siempre las artes helenas en las que el episteme era una noción no sólo del pensamiento más avanzado sino también una forma de vida de los más grandes Maestros de la Grecia Antigua.
Los fundamentos de Anaxágoras en cuanto al origen de que todo cuanto existe es propio de las homeomerías, es uno de los pensamientos más abarcadores aun en nuestros días. El pensar al mundo como una simple acumulación de naciones en el mapa, es un error; si existen seis mil millones de almas en el mundo, por lo menos una que pensara a la otredad con un método lógico, dialéctico y sereno, llevaría a un desenlace diferente de nuestras causas; la más elemental de ellas, nuestro derecho a la vida.
Bibliografía
Bonasso, Miguel en, Dieterich Heinz, E.U. y el Terrorismo Internacional, México, Plaza y Valdés-UAM, 1988, 250 pp.
Canetti, Elias. La Conciencia de las palabras. México, FCE, 1974, 366 pp.
Flores Corrales Otilio, Psiquiatría Filosófico-Política: Patologías de Estado, en Revista Estudios Políticos, No. 30 UNAM-F.C.P.y S., Sexta Época, Mayo-Agosto 2002, 257-268 pp.
Flores Corrales, Otilio, Algunas Consideraciones sobre el Infierno, en Revista Estudios Políticos, No. 33, UNAM-F.C.P.y S., Séptima Época, Mayo-Agosto 2003, 129-154 pp.
Hobbes, Thomas. Leviatán, o la Materia, Forma y Poder de una República Eclesiástica y Civil. FCE, 1998, 615 pp.
Maquiavelo, Nicolás. El Príncipe, México, Ed. Porrúa, 1993, 54 pp.
Momigliano, Arnaldo. La Sabiduría de los Bárbaros. Los límites de la helenización, México, FCE, Colección Breviarios No. 467, 1988, 277 pp.
Pérez-Reverte, Arturo. Territorio Comanche, México, Ed. Alfaguara, 2002, 115 pp.
Steiner, George. Heidegger. México, FCE, Colección Breviarios No. 347, 1999, 281 pp.
Wright Mills, C. La Elite del Poder. México, FCE, 1993, 388 pp.
[1] Ver concepto de Leviatán, cuya definición resulta “...como un monstruo de traza bíblica, integrado por seres humanos, dotado de una vida cuyo origen brota de la razón humana, pero que bajo la presión de las circunstancias y necesidades decae, por obra de las pasiones, en la guerra civil y en la desintegración, que es la muerte”, en Hobbes, Thomas. Leviatán, o la Materia, Forma y Poder de una República Eclesiástica y Civil. FCE, 1998, Prefacio, p. XIV
[2] Canetti, Elias. La Conciencia de las palabras. México, FCE, 1974, p. 35.
[3] Wright Mills, C. La Elite del Poder. México, FCE, 1993, p. 202
[4] Véase el acertado comentario que hace el Dr. Otilio Flores sobre el infierno: “El infierno generalmente es un más allá de la vida, un ‘espacio’ que ‘hay’ a donde van los que han vivido: los muertos”, Flores Corrales, Otilio, en Revista Estudios Políticos, No. 33, UNAM-F.C.P.y S., Séptima Época, Mayo-Agosto 2003, p. 131.
[5] Véase el planteamiento del Dr. Otilio Flores: “Psiquiatría Filosófico-Política: Patologías de Estado”, en Revista Estudios Políticos, No. 330 UNAM-F.C.P.y S., Sexta Época, Mayo-Agosto 2002, p. 262.
[6] Tómese en cuenta además de los ejemplos el caso particular de Carlos Menem en Argentina, quien a pesar de todo quería regresar al poder en un acto más que de raciocinio, de obsesión y retraso ante un tiempo que no regresaría más para él.
[7] De acuerdo con la connotación más elemental de Nicolás Maquiavelo.
[8] Bonasso, Miguel en, Dieterich Heinz. E.U. y el Terrorismo Internacional, México, Plaza y Valdés-UAM, 1988, p. 10
[9] Según Chomsky: “Se trata de terrorismo internacional cuando el acto terrorista o las actividades de apoyo implican cruzar fronteras nacionales. Puede tratarse de terrorismo a gran escala (wholesale terrorism), dirigido contra grupos grandes, o terrorismo en menor escala (reatil terrorism), enfocado hacia individuos. Puede ser terrorismo de Estado o terrorismo individual, dependiendo de la fuente de planeación y operación; o puede ser una combinación de ambos, cuando el terrorismo individual opera bajo las órdenes de Estado, o bajo su dirección o apoyo”. Véase Chomsky, Noam en, Dieterich...Idem, p. 44
[10] Tal vez, debamos recordar las elocuentes palabras de Voltaire cuando mencionaba: “Puedo no estar de acuerdo con lo que dices, pero daría hasta la vida por el derecho que tienes a decirlo”.
domingo, 28 de julio de 2013
Esta es una conferencia que impartí durante el 4to Congreso Nacional de Derecho de la Información en el año 2003...espero sus comentarios.
MESA 5. DERECHOS DE LOS PROFESIONALES DE LA INFORMACIÓN:
EL SECRETO PROFESIONAL, LA CLÁUSULA DE CONCIENCIA
LA SECRECÍA DE FUENTES Y LA CLÁUSULA DE CONCIENCIA
EN MÉXICO : UN DERECHO INALIENABLE DEL PERIODISTA
Y UN RETO PARA LA LIX LEGISLATURA
Guanajuato, Guanajuato, 6 de Noviembre, 2003
Por: Lic. David A. Figueroa Hernández
A A Leopoldo Borrás...
al periodista,
al académico,
al amigo.
A tres años ya de la transición política en nuestro país, los resultados aun no son palpables para la mayoría de los mexicanos. El presente trienio se ha caracterizado por una gran voluntad para resolver los grandes problemas de un país hundido en la pobreza y la ignorancia; sin embargo, ha carecido de capacidad política para hacerlo y de ineptitud por parte de un equipo de trabajo que pareciera, sólo imaginar un México plenamente democrático y perfecto.
A partir del 12 de junio de 2002 con la aparición de la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública Gubernamental, comenzó un nuevo periodo en la historia moderna y democrática de nuestro país. Uno a uno, los estados de la República Mexicana han elaborado y en algunos casos, aplicado ya, una Ley de Acceso a la Información para cada entidad. No obstante, los esfuerzos aun no reditúan en la sociedad como algunos de nosotros quisiéramos.
El Ejecutivo ha creado programas como “Ya no más mordidas”, en el que la entonces Secretaría de Contraloría y Desarrollo Administrativo (SECODAM), hoy Secretaría de la Función Pública (SFP) exhortaría para que no sólo los funcionarios sino la sociedad en general, aprendiera a realizar trámites sin la citada cantidad recibida bajo la mesa; que el acceso a la información fuera parte importante de la vida cotidiana. Sin embargo, no pasó de ahí: una buena intención.
Partiendo del ejemplo anterior, el tratar de que toda la información se transparentara para demostrar, una vez más la buena intención de las autoridades, no fue una realidad concreta, ni siquiera, con la publicación de la citada Ley Federal sobre la materia. Hoy existen un par de retos para el año venidero: hacer realidad el acceso a la información en el país y crear una legislación detallada sobre el derecho profesional del periodista para no revelar sus fuentes. La primera fundamental para la sociedad; la segunda elemental para todos los que ejercemos el periodismo y la comunicación.
Un Primer Acercamiento
Durante la LVIII legislatura, se intentó promover una iniciativa de ley –por parte del Dip. Maximino Barbosa, del Partido de la Revolución Democrática (PRD)-, sobre los principales preceptos jurídicos para elevar a rango constitucional el derecho del periodista a no divulgar sus fuentes de información. No obstante, dicho intento no surtió el efecto deseado en los legisladores ya fuera por algunos puntos que requerían más rigurosidad en los términos y conceptos, así como por el calendario electoral o por las decisiones cupulares de los partidos a los que parecía no les importaba el asunto; la iniciativa se congeló para la presente legislatura.
Hoy, hablar de secreto profesional es debatir sobre qué tipo de información resulta en sí misma secreta y cuál no. Recordemos que nuestra profesión no es la única con esta singularidad. La abogacía y en igual grado la medicina (sin olvidar al sacerdocio), cuentan con dicha cláusula. Sin embargo, en nuestro ejercicio periodístico cotidiano, vemos un lento avance. Por un lado, los médicos se reservan la información sobre sus pacientes (el famoso juramento de Hipócrates), mientras que quienes ejercen el derecho, los datos de sus clientes constituyen como privacía un deber y un derecho propio del mismo abogado; por otro, los periodistas se encuentran indefensos frente a un poder judicial que obliga –por no estar contemplado en la ley- a revelar las fuentes que ayudaron para que una información trascendiera. En los primeros, el derecho a la secrecía es un deber con el cliente; en la nuestra, sólo un derecho en la que el propio periodista puede o no, revelarla.
Aunque algunos estados de la República ya han aprobado sus respectivas leyes de transparencia y acceso a la información, y algunos más están en vías de hacerlo, aun falta mucho por hacer en el plano periodístico de la información. En México, sólo el estado de Morelos ha garantizado el derecho del secreto profesional elevado a rango constitucional local. Veamos que “...el estado de Morelos se convirtió en el primero en México en garantizar el derecho al secreto profesional de los periodistas, mediante la reforma de la Constitución local por parte del Congreso. Con ello, ninguna autoridad judicial podrá citar a los reporteros para que revelen sus fuentes de información, según el decreto publicado en el Diario Oficial del estado”.[1]
No obstante, aunque el derecho al secreto profesional y periodístico de no revelar las fuentes no está aun regulado sí debe permear y urge la necesidad de ser reconocido en los lineamientos jurídicos de este país y de cada uno de los estados, siendo respetado por todas las autoridades públicas. Hay que recordar que hace un par de meses, en septiembre para ser exactos, un reportero de La Jornada fue objeto de acoso por parte de agentes de la Agencia Federal de Investigación (AFI) dependiente de la Procuraduría General de la República (PGR) para interrogarlo sobre su supuesta fuente respecto a una nota elaborada sobre la identidad de Luis Antonio Félix, presunto sobrino de Ismael “el Mayo” Zambada.[2] Aunque existió ya un antecedente en noviembre de 2002 de reporteros interponiendo una querella ante la Comisión de Derechos Humanos contra el Procurador General de la República, por tratar de coartar la libertad de expresión , de opinión y derecho al trabajo, ésta no prosperó como se esperaba; una vez más, se violaron los derechos de quienes informan a la sociedad.
¿Cómo entender el secreto profesional? El Dr. Ernesto Villanueva expone en una de sus obras dos conceptos interesantes: “El Consejo de Europa, reunido en 1974 para tratar asuntos de esta comunidad, dio la primera definición sobre el secreto profesional: es el derecho del periodista a negarse a revelar la identidad del autor de la información, a su empresa, a terceros y a las autoridades públicas o judiciales”[3]; Otro concepto señala que “el secreto profesional es el deber y el derecho moral del periodista de no revelar nada que en sí mismo deba ser considerado como secreto o que se constituye en secreto a causa de la palabra empeñada del periodista de no descubrir las fuentes de informaciones recibidas en confianza”.[4]
Es en este rubro en dónde el próximo año debe abocarse la sociedad en general e interesada, los académicos y principalmente, los legisladores; siendo estos últimos los que trabajarán decididamente por crear un primer acercamiento, un primer marco normativo que regule la materia periodística del secreto profesional y deje de ser una simple razón de profesionalismo y de sentido ético y se constituya no sólo en un oficio, sino en una profesión. Así, podríamos dar un paso más hacia la consolidación del Estado democrático.
Respecto a lo anterior, “algunos argumentos vertidos a favor de incluir el derecho profesional como un derecho de los periodistas son:
1. Que el periodista tiene el deber moral y ético de proteger el anonimato de la persona que le proporciona información, en el entendimiento que, en la duda, será considerado confidencial en cuanto a la fuente.
2. Que el periodista debe proteger sus fuentes de información como una seguridad práctica de que continuará recibiendo información confidencial, si fuera necesario, facilitando al periódico, de esta manera, la obtención y publicación de la información que se debe al público.
3. Que la prensa contribuye al bienestar público y rinde un servicio público importante al reunir y presentar información que, de otra forma, sin guardar el secreto de las fuentes, no podrá conocerse; y que defender la confidencia constituye un elemento esencial en este proceso.
4. Que el informador, al servir al bienestar público, tiene el mismo derecho a un privilegio legal especial que el médico, el sacerdote o el abogado, a quienes se les reconoce legalmente el derecho a mantener el secreto profesional, por no mencionar a otras personas al margen de estas profesiones tradicionales que gozan también de esa protección.
5. Que si un informador puede obtener información en el ejercicio de la función informativa, los organismos públicos –incluidas las funciones legislativa, ejecutiva y judicial- con su gran poder deberían obtener esa misma información, mucho más cuando el informador les ha proporcionado una pista; pero sin presionar sobre éste para que les facilite el trajo a cambio de traicionar la confianza depositada en él”.[5]
El problema aquí no reside, como mencionan algunos autores, respecto a la veracidad de la información –aunque no se le resta importancia-, sino en el libre consentimiento del propio periodista de revelar o no sus fuentes sin una autoridad que lo obligue a hacerlo en detrimento personal y de sus propias fuentes de información.
En el Congreso... ¿qué se va a legislar?
Algunos diputados y senadores ven con buenos ojos este nuevo porvenir en la materia de derecho de acceso a la información y el secreto profesional de los periodistas. [6] Sin embargo, el camino pareciera un poco largo todavía.
En primer término, sí existen diputados comprometidos con legislar en materia de comunicación e información, lo que era impensable legislaturas pasadas. Hoy, existen los instrumentos académicos, sociales y periodísticos para alentar esta iniciativa que no sólo ayudaría a los periodistas a no ser obligados a revelar sus fuentes sino que también, en el marco jurídico de este país, se avanzaría en materia legislativa y porqué no, democrática.
Muchos países han podido elevar -de manera muy concreta- a rango constitucional, ley federal o códigos de ética las normas que rigen propiamente a un periodista. Veamos algunos de estos casos:
1. En Croacia por ejemplo, “4. El periodista está obligado a transmitir una información veraz, balanceada y contrastada. Identifica personas e instituciones, fuentes de información y declaraciones. Tiene el derecho a no revelar su fuente de información, pero asume la responsabilidad moral, material y penal de los hechos publicados”.[7]
2. En Eslovenia “6. El periodista está obligado a respetar las demandas de confidencialidad de sus fuentes de información. Un periodista respeta el secreto financiero y puede rehusar a servir de testigo, así como de revelar sus fuentes de información”.[8]
3. En Sri Lanka “4. Todo periodista observará el secreto en relación a cualquier fuente de información, a menos de que el informante autorice revelar su identidad”.[9]
En los ejemplos anteriores hablamos de códigos de ética; inmerso en ello, existe otro elemento sustancial que no podemos dejar de lado, esto es, la cláusula de conciencia ¿qué es la cláusula de conciencia? ¿en qué consiste? y más aún ¿cómo podría aplicarse en nuestro país?.
En México no existe lo que se conoce como cláusula de conciencia al igual que el secreto profesional como parte de nuestro sistema normativo de leyes. Sin embargo podemos explorar varias vías para un futuro inmediato llevado a los medios de comunicación y planos legislativos.
En España, por mencionar sólo un ejemplo, existe una propuesta de ley presentada muy concreta y en la cuál, los periodistas, en virtud de la cláusula de conciencia tienen derecho a:
a) Negarse a realizar actividades informativas contrarias a los principios éticos y profesionales del periodismo o a sus convicciones en cuestiones fundamentales, sin que puedan sufrir ningún tipo de perjuicios por su negativa justificada.
b) El respeto al contenido de la tarea por ellos realizada. En el caso de ser alterado sustancialmente, su trabajo sólo podrá publicarse o difundirse con el nombre, seudónimo o signo distintivo del informador previo consentimiento de éste.
c) La resolución de la relación jurídica que le une a la empresa cuando se produzca un cambio notable en el carácter u orientación del medio que resulte incompatible con sus convicciones morales, o de manera reiterada hayan sido infringidos cualesquiera de los derechos anteriores”.[10]
Por otra parte, partiendo de que la cláusula de conciencia “presupone que los propietarios de la sociedad editora de una publicación adquieren también un compromiso con sus lectores, que son, en definitiva, los que dan sentido al periódico, y no pueden por lo mismo permitirse un cambio de orientación editorial que traicione esa confianza en ellos depositada”[11], será necesario crear en México estos primeros pasos en materias jurídica, ética y laboral ya que el periodista a veces, se encuentra indefenso en ocasiones, hasta por la propia empresa para la cual trabaja. La responsabilidad debe de ser compartida y no sólo individual, como pasa en la mayoría de los casos.
Conclusión
Cierto es que no podemos abarcar mucho cuando se tienen tan pocas herramientas en nuestro país pero peor sería no tener nada y creer que no va a pasar nada. Debemos ser optimistas y si hoy el acceso a la información es un hecho real –aunque no contundente-, por qué no pensar que mañana el secreto profesional y la cláusula de conciencia serán también una realidad palpable.
Hoy, es necesario que el nacimiento de dichos ordenamientos jurídicos, fuera producto de una iniciativa incluyente y no deje de lado a los sectores académicos, sociales y principalmente, periodísticos, que al final serán quienes matizarán y enfocarán el uso correcto de esta ley en caso de ser aprobada.
Es urgente regular sobre el secreto periodístico y la cláusula de conciencia para que no sucedan más hechos como el acontecido con los compañeros de La Jornada y muchos otros que por el simple hecho de mencionarlos, llenarían con esas experiencias estos foros. No debemos olvidar que “el secreto profesional ampara la labor de investigación periodística al servicio del derecho de informar y del derecho de las personas a estar informadas. Es un derecho ‘a saber’, porque de este modo llegan a conocimiento del público múltiples hechos que de una u otra forma permanecerían ocultos”.[12]
Finalmente, nuestro país no puede, ni debe quedar rezagado; debemos aprovechar la coyuntura política y legislativa que vivimos para que nuestra profesión termine de una vez por echar raíces en esta materia tan delicada pero tan importante para la vida democrática de un país que vive un nuevo despertar periodístico basado en una nueva relación laboral con la empresa y porqué no, también en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
BIBLIOGRAFÍA
· Escobar Guillermo, Villanueva Villanueva Ernesto (Coordinadores), Nuevas Tendencias del Derecho de la Comunicación. Visiones desde España y México, México, Colección Cuadernos de Derecho de la Información y la Comunicación, Fundación Manuel Buendía, 2000.
· Villanueva, Villanueva Ernesto. Derecho Comparado de la Información, México, Universidad Iberoamericana, 2002.
· Villanueva, Villanueva Ernesto. Derecho Mexicano de la Información, México, Colección Estudios Jurídicos, Universidad Iberoamericana, 2000.
HEMEROGRAFÍA
· Méndez, Enrique. “Agentes de la PGR trataron de interrogar al reportero Castillo”, La Jornada, 5 de septiembre de 2003.
· Pozo, María Esther. “Secreto Profesional”, en Vértigo, 14 de septiembre de 2003.
OTRAS FUENTES
· Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
· Seminario Internacional “El Secreto Profesional del Periodista”, realizado el 20 de agosto de 2003 en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.
[1] Pozo, María Esther. “Secreto Profesional”, en Vértigo, 14 de Septiembre de 2003, p. 60
[2] Ver nota “Agentes de la PGR trataron de interrogar al reportero Castillo”, en La Jornada, 5 de Septiembre de 2003.
[3] Ángel, Benito, “El secreto de los periodistas”, en Boletín Informativo de la Fundación Juan March, Madrid, 1976, p.6; en Villanueva Villanueva, Ernesto, Derecho Mexicano de la Información, México, Universidad Iberoamericana, 2000, p. 130.
[4] Luka Brajnovic, Deontología periodística, Universidad de Navarra, Pamplona, 1978, p. 207; en Íbidem.
[5] José María, Desantes Guanter, La función de informar, Universidad de Navarra, Pamplona, 1976. pp.142-143; en Íbid, p. 132
[6] Opiniones vertidas en el Seminario Internacional “El Secreto Profesional del Periodista”, realizado el 20 de agosto de 2003 en el Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM.
[7] Código de Ética, adoptado por la XXXIII Asamblea de la Asociación de periodistas Croatas el 27 de febrero de 1993, en Villanueva Villanueva, Ernesto, Derecho Comparado de la Información, México, Universidad Iberoamericana, 2002, p. 612.
[8]Código de los Periodistas de la República de Eslovenia, aprobado por la Asociación de Periodistas de la República de Eslovenia en 1993, en Ibid. p. 613
[9] Código de Ética para los Periodistas del Consejo de Prensa de Sri Lanka, adoptado en 1981, en Ibid. p. 622
[10] Véase Proposición de Ley de CDS 122/00095, publicada en el Boletín Oficial de las Cortes Generales el 21 de enero de 1998, en Villanueva Villanueva, Ernesto, Derecho Comparado..., Op. Cit. P. 135
[11] “La cláusula y el secreto”, en AEDE, núm. 12, 1986, en Villanueva, Ernesto, Derecho Mexicano de la Información...Op. Cit. p.134
[12] Pozo, María Esther. “Secreto Profesional, Op. Cit. p. 61