Por David A. Figueroa Hernández
dfigueroah@yahoo.com.mx
El Amor Intangible. Lectura de la autoría del periodista, poeta y académico que recientemente recibió la medalla Bellas Artes 2014, René Avilés Fabila, nos regala con su prodigiosa pluma, el texto El Amor Intangible, en el que su prosa nos transporta al mundo de lo que Habermas ya avizoraba como el gran problema del futuro: la globalización.
Con este texto, Avilés Fabila nos lleva a un mundo en el que la intangibilidad es parte de un quehacer cotidiano del hombre contemporáneo. A su vez, el amor, como parte inherente del hombre, se transforma y amolda a esta insensibilidad que permite la no atracción física sino a través de una pantalla, un ciberespacio, un teclado y unas cuantas imágenes. En este mundo, el ‘contacto ciber-sensorial’ permite engañar, fantasear, y enaltecer lo que no somos o lo que quisiéramos llegar a ser. Nunca o pocas veces, lo que se es.
A través de un correo electrónico, el autor nos regala un laberinto de personas que pueden hacer contacto con nosotros o viceversa. El límite lo fija cada persona. Al aceptar a alguien y dejarlo entrar a su vida, se espera lo inesperado; se busca algo que no sabemos a ciencia cierta a dónde nos llevará. La emoción por llegar a conocer a quien sólo vemos a través de una máquina y el dejarnos guiar por una sola imagen, proporciona una sensación viciosa a la que nos entregamos aún de manera subterránea e inconsciente.
El amor, como parte de esa búsqueda del ser humano por la ‘media naranja’ que está allá afuera, en algún lugar, pierde su esencia con esta nueva tecnología. Se carece del tacto físico, de la emoción que llega cuando se desea ver a la persona querida y/o amada; aquel impulso por entregar la carta, el beso, el poema, la canción, la virginidad, el orgasmo, la vida misma. Es así, como se plasma esa parte a la que el autor denomina lo ‘Intangible’.
De igual forma, Avilés Fabila nos entrega sus múltiples conceptualizaciones teóricas y prácticas sobre el ‘Amor’; de lo personal a lo gratificante y literario; de Stendhal a Cortázar; de los idearios políticos a los múltiples viajes por el mundo; de la poesía hasta el éxtasis por los laberintos de la inhóspita esencia de la belleza física e intelectual de la mujer.
La encrucijada que proporciona la dialéctica de la admiración por el deseo, de lo intelectual por lo sexual, de lo fantástico por lo existente. Es aquí en donde la historia cobra vida e invita al lector a reflexionar, a conocer, a experimentar, pero sobre todo, a valorar lo personal, lo íntimo.
“El Amor Intangible” es sin duda una obra maestra de actualidad.
El Amor Intangible
René Avilés Fabila. Axial. Tinta Nueva
2008, 93 pp.
domingo, 16 de noviembre de 2014
Por: David A. Figueroa Hernández
dfigueroah@yahoo.com.mx
Sobrevivir para contarlo. Cuando preguntamos a quienes conocemos sobre un país llamado Ruanda, pocos saben, siquiera, dónde se ubica en el mapa, sólo algunos conocen sobre la trascendencia que este pueblo tuvo en la historia del África actual.
En 1994, este pequeño pero importante país africano sufrió una limpia étnica de proporciones desgarradoras; las constantes diferencias entre tutsis y hutus, llevó a que algunos fijaran su mirada hacia Ruanda. Sin embargo, no fue suficiente la ayuda internacional, que baste decirlo, fue escasa y que en la mayoría de los casos nunca llegó. El hecho sobrepasó las buenas intenciones de la Organización de las Naciones Unidas.
Sobre esta lamentable matanza, versa la presente obra; el hilo conductor es una muchacha, Immaculée Ilibagiza, cuya pecado fue haber nacido en el bando equivocado en el momento equivocado. Poco a poco, de ser una niña feliz y rodeada por una familia modelo, aprendió que el odio, aunado a líderes sedientos de venganza, puede acabar con cualquier ilusión y más si de niños se trata.
Las constantes diferencias entre etnias datan de varias décadas atrás cuando los belgas formaron y enseñaron a los tutsis a gobernar e ir desplazando a los hutus, lo que originó grandes desavenencias en los años subsecuentes y que, para 1994, desembocó en una de las mayores matanzas en la historia moderna.
Inmerso en este panorama, el presente libro se convierte en una enseñanza de vida a la que Immaculée nunca renunció; su fe en Dios y en los valores que le inculcaron en su casa así como los verdaderos amigos que le ayudaron en los momentos en que la muerte le saludaba, le ayudaron para salir con vida. Muchos lo intentaron y nunca lo lograron.
En su crónica, en ocasiones cruda, narra los problemas para poder ocultarse, las muertes sin piedad a machetazo limpio, la confianza depositada en desconocidos, la desesperanza de no saber nada de su familia, todo ello, la impulsa a resistir, junto con otras chicas, en un reducido baño en el que no podían, si quiera, moverse y donde permanecieron durante algunos meses gracias a la buena voluntad de personas hutus que pese a arriesgar su vida, ayudaban a cuántos podían.
Immaculée nos transporta al terror mismo de cuando el hombre deja la inteligencia que lo separa del resto de los animales y se convierte en el más despiadado asesino de la naturaleza; mata más por diversión y que por sobrevivencia.
Estas memorias, son muy desgarradoras y hacen reflexionar a cualquiera no importando fronteras. No obstante, el empuje por querer superar tantas adversidades, hace de esta lectura una lección de vida en la que la esperanza y Dios se fusionan en una delgada línea entre la vida y la muerte.
La década de los 90 estuvo colmada de grandes cambios internacionales pero también, de dos grandes matanzas: Kosovo y Ruanda. Hoy, pocos se acuerdan de ellas, su camino en el mundo de las naciones continúa pero con grandes cicatrices. Esta obra nos enseña a perdonar pero sobre todo a no olvidar a las miles de víctimas ruandesas que allí perecieron.
Sobrevivir para contarlo. El holocausto de Ruanda
Immaculée Ilibagiza y Steve Erwin. Grupo Editorial Tomo
2009, 317 pp.
dfigueroah@yahoo.com.mx
Sobrevivir para contarlo. Cuando preguntamos a quienes conocemos sobre un país llamado Ruanda, pocos saben, siquiera, dónde se ubica en el mapa, sólo algunos conocen sobre la trascendencia que este pueblo tuvo en la historia del África actual.
En 1994, este pequeño pero importante país africano sufrió una limpia étnica de proporciones desgarradoras; las constantes diferencias entre tutsis y hutus, llevó a que algunos fijaran su mirada hacia Ruanda. Sin embargo, no fue suficiente la ayuda internacional, que baste decirlo, fue escasa y que en la mayoría de los casos nunca llegó. El hecho sobrepasó las buenas intenciones de la Organización de las Naciones Unidas.
Sobre esta lamentable matanza, versa la presente obra; el hilo conductor es una muchacha, Immaculée Ilibagiza, cuya pecado fue haber nacido en el bando equivocado en el momento equivocado. Poco a poco, de ser una niña feliz y rodeada por una familia modelo, aprendió que el odio, aunado a líderes sedientos de venganza, puede acabar con cualquier ilusión y más si de niños se trata.
Las constantes diferencias entre etnias datan de varias décadas atrás cuando los belgas formaron y enseñaron a los tutsis a gobernar e ir desplazando a los hutus, lo que originó grandes desavenencias en los años subsecuentes y que, para 1994, desembocó en una de las mayores matanzas en la historia moderna.
Inmerso en este panorama, el presente libro se convierte en una enseñanza de vida a la que Immaculée nunca renunció; su fe en Dios y en los valores que le inculcaron en su casa así como los verdaderos amigos que le ayudaron en los momentos en que la muerte le saludaba, le ayudaron para salir con vida. Muchos lo intentaron y nunca lo lograron.
En su crónica, en ocasiones cruda, narra los problemas para poder ocultarse, las muertes sin piedad a machetazo limpio, la confianza depositada en desconocidos, la desesperanza de no saber nada de su familia, todo ello, la impulsa a resistir, junto con otras chicas, en un reducido baño en el que no podían, si quiera, moverse y donde permanecieron durante algunos meses gracias a la buena voluntad de personas hutus que pese a arriesgar su vida, ayudaban a cuántos podían.
Immaculée nos transporta al terror mismo de cuando el hombre deja la inteligencia que lo separa del resto de los animales y se convierte en el más despiadado asesino de la naturaleza; mata más por diversión y que por sobrevivencia.
Estas memorias, son muy desgarradoras y hacen reflexionar a cualquiera no importando fronteras. No obstante, el empuje por querer superar tantas adversidades, hace de esta lectura una lección de vida en la que la esperanza y Dios se fusionan en una delgada línea entre la vida y la muerte.
La década de los 90 estuvo colmada de grandes cambios internacionales pero también, de dos grandes matanzas: Kosovo y Ruanda. Hoy, pocos se acuerdan de ellas, su camino en el mundo de las naciones continúa pero con grandes cicatrices. Esta obra nos enseña a perdonar pero sobre todo a no olvidar a las miles de víctimas ruandesas que allí perecieron.
Sobrevivir para contarlo. El holocausto de Ruanda
Immaculée Ilibagiza y Steve Erwin. Grupo Editorial Tomo
2009, 317 pp.
sábado, 1 de noviembre de 2014
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Carranza. El último reformista porfiriano
Luis Barrón
Tusquets Editores / Centenarios
2009, 289 pp.
Carranza. El último reformista porfiriano. Si existe una figura a la que no se la ha dado la relevancia en la vida revolucionaria y moderna de México, es sin duda a don Venustiano Carranza, columna vertebral de la presente obra y en la que se rescata de los archivos, su valiosa participación en nuestra historia patria.
Poco realmente se sabe de su vida personal y aún menos de su vida política antes de la Revolución Mexicana. Sin embargo, el libro que nos presenta Luis Barrón, divide muy bien los diferentes episodios en las partes descritas. A lo largo de cinco capítulos, nos narra cómo entró al mundo de la política para aprender de su padre y de su hermano mayor, las artes de la administración porfiriana para aplicarlas en el estado de Coahuila y después en el país.
Pese a que nuestra historia oficial sólo le reconoce un movimiento armado contra Victoriano Huerta, un periodo presidencial incompleto y una Constitución que todavía hoy nos rige, la búsqueda de esos pilares datan de 1887 cuando por primera vez ocupó la presidencia municipal de Cuatro Ciénagas, en su natal Coahuila.
No obstante, Carranza fue un pensador nato, un analista de diversas situaciones, un estudioso de la historia de México y universal, lo que sin duda, le proveyó una amplia capacidad para desenvolverse con los diferentes actores de la época. Cabe resaltar su análisis durante la Primera Guerra Mundial y sus diferentes políticas hacia el exterior que hoy día, aún perduran en los gobiernos actuales.
Asimismo, su cercanía con el General Bernardo Reyes que si bien no ha sido documentada oficialmente, le proporcionó cierta recomendación a don Porfirio Díaz; para algunos, su escaño en el Senado de la República fue para no permitirle competir por la gubernatura de su estado; para otros, eso acrecentó más las relaciones con las familias más poderosas de Coahuila y preparar así el terreno, para llegar como el hombre idóneo a la máxima magistratura de México.
Referente a su mandato como presidente municipal en Cuatro Ciénegas, siempre se preocupó por la educación, la salud y las reformas necesarias que permitieran al Estado un desarrollo pleno y sustancial. Cierto es que para ello era necesario pacificarlo (como lo creían todos los positivistas de la época porfiriana) y edificar un estado competitivo. En muchas ocasiones le demostró al Gral. Díaz que si bien tenía ideas contradictorias al régimen, dejó muy claro que ello sólo era en términos locales y no federales. Siempre fue un fiel seguidor de la ley, moviéndose únicamente a través de ella; nunca sin ella.
Una vez comenzado el movimiento revolucionario, trabó amistad con Francisco Madero, aunque lo creía iluso y débil, sobre todo para sostener un gobierno con muchos problemas e intereses políticos. Sin embargo, a la muerte de éste y ya siendo gobernador constitucional de su estado, se declaró, junto con el gobernador de Sonora, en contra del usurpador y asesino, Victoriano Huerta, proclamando el Plan de Guadalupe. Su relación con el Gral. Álvaro Obregón resultó positiva hasta que estalló la época denominada Convencionista en la que su amistad fue relegada por las constantes diferencias en la aplicación de las reformas sociales necesarias para el país.
“Fue, antes bien, un reformador nacionalista cuyo proyecto consistía en la preservación del orden social como él lo entendía: un país de grandes capitalistas y de hombres educados que pudieran dirigirlo al progreso, dejando la responsabilidad al Estado de proteger la soberanía de México, de moralizar a la sociedad y de promover la redistribución de la riqueza por medios institucionales”.
Hombre sobrio, honesto y poco estudiado por los eruditos mexicanos y extranjeros, es el pilar fundamental sobre el que se cimentó la Constitución de 1917; ideólogo de un estado de derecho inobjetable pero a la vez, sagaz, inteligente y obstinado a que la transformación del país sería sólo a través de la educación.
Finalmente, ha sido el único Presidente de la República que gobernó sin una sola modificación a la Constitución y quien consolidó al Estado mexicano actual.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
Por: David A. Figueroa Hernández
Carranza. El último reformista porfiriano
Luis Barrón
Tusquets Editores / Centenarios
2009, 289 pp.
Carranza. El último reformista porfiriano. Si existe una figura a la que no se la ha dado la relevancia en la vida revolucionaria y moderna de México, es sin duda a don Venustiano Carranza, columna vertebral de la presente obra y en la que se rescata de los archivos, su valiosa participación en nuestra historia patria.
Poco realmente se sabe de su vida personal y aún menos de su vida política antes de la Revolución Mexicana. Sin embargo, el libro que nos presenta Luis Barrón, divide muy bien los diferentes episodios en las partes descritas. A lo largo de cinco capítulos, nos narra cómo entró al mundo de la política para aprender de su padre y de su hermano mayor, las artes de la administración porfiriana para aplicarlas en el estado de Coahuila y después en el país.
Pese a que nuestra historia oficial sólo le reconoce un movimiento armado contra Victoriano Huerta, un periodo presidencial incompleto y una Constitución que todavía hoy nos rige, la búsqueda de esos pilares datan de 1887 cuando por primera vez ocupó la presidencia municipal de Cuatro Ciénagas, en su natal Coahuila.
No obstante, Carranza fue un pensador nato, un analista de diversas situaciones, un estudioso de la historia de México y universal, lo que sin duda, le proveyó una amplia capacidad para desenvolverse con los diferentes actores de la época. Cabe resaltar su análisis durante la Primera Guerra Mundial y sus diferentes políticas hacia el exterior que hoy día, aún perduran en los gobiernos actuales.
Asimismo, su cercanía con el General Bernardo Reyes que si bien no ha sido documentada oficialmente, le proporcionó cierta recomendación a don Porfirio Díaz; para algunos, su escaño en el Senado de la República fue para no permitirle competir por la gubernatura de su estado; para otros, eso acrecentó más las relaciones con las familias más poderosas de Coahuila y preparar así el terreno, para llegar como el hombre idóneo a la máxima magistratura de México.
Referente a su mandato como presidente municipal en Cuatro Ciénegas, siempre se preocupó por la educación, la salud y las reformas necesarias que permitieran al Estado un desarrollo pleno y sustancial. Cierto es que para ello era necesario pacificarlo (como lo creían todos los positivistas de la época porfiriana) y edificar un estado competitivo. En muchas ocasiones le demostró al Gral. Díaz que si bien tenía ideas contradictorias al régimen, dejó muy claro que ello sólo era en términos locales y no federales. Siempre fue un fiel seguidor de la ley, moviéndose únicamente a través de ella; nunca sin ella.
Una vez comenzado el movimiento revolucionario, trabó amistad con Francisco Madero, aunque lo creía iluso y débil, sobre todo para sostener un gobierno con muchos problemas e intereses políticos. Sin embargo, a la muerte de éste y ya siendo gobernador constitucional de su estado, se declaró, junto con el gobernador de Sonora, en contra del usurpador y asesino, Victoriano Huerta, proclamando el Plan de Guadalupe. Su relación con el Gral. Álvaro Obregón resultó positiva hasta que estalló la época denominada Convencionista en la que su amistad fue relegada por las constantes diferencias en la aplicación de las reformas sociales necesarias para el país.
“Fue, antes bien, un reformador nacionalista cuyo proyecto consistía en la preservación del orden social como él lo entendía: un país de grandes capitalistas y de hombres educados que pudieran dirigirlo al progreso, dejando la responsabilidad al Estado de proteger la soberanía de México, de moralizar a la sociedad y de promover la redistribución de la riqueza por medios institucionales”.
Hombre sobrio, honesto y poco estudiado por los eruditos mexicanos y extranjeros, es el pilar fundamental sobre el que se cimentó la Constitución de 1917; ideólogo de un estado de derecho inobjetable pero a la vez, sagaz, inteligente y obstinado a que la transformación del país sería sólo a través de la educación.
Finalmente, ha sido el único Presidente de la República que gobernó sin una sola modificación a la Constitución y quien consolidó al Estado mexicano actual.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
Por: David A. Figueroa Hernández
dfigueroah@yahoo.com.mx
De una profunda investigación, surge la presente lectura que la maestra Reyna Barrera López nos trae para revivir la poesía y la vida de un personaje que, para unos intelectual y académico, para otros, extravagante y polifacético, resultó ser Salvador Novo.
A lo largo de tres grandes capítulos, Barrera López nos narra el entorno en el que creció tan singular escritor y poeta mexicano; desde chico, buscó integrarse a otros niños de su edad, no obstante, su forma de ser y la meticulosa educación que su madre le prodigó en casa, serían poderosos aliados cuando su padre los abandonara y creciera sin una figura paterna qué seguir.
Cuando adolescente, Salvador Novo, descubrió que las mujeres no serían su destino, sino que, sentía un aprecio especial por los de su mismo género y gracias a una caricia devengada en un beso por un amigo de su infancia, le ayudarían a reencontrar su verdadero camino en la homosexualidad; con el tiempo, no ocultaría su gusto por los hombres rudos (choferes de tráilers y taxis), hombres apuestos e, inclusive, por otros intelectuales con los mismos atributos. Esto le valió muchas desavenencias entre algunos círculos, principalmente con Pedro Enríquez Ureña, quien lo alentó en gran parte de su vida académica y que, al saber de sus gustos, lo reprimió y retiró su apoyo.
Hombre decidido a luchar contra la discriminación, Salvador Novo resultó en un exquisito poeta y devengó en un escritor importante; sus obras perduran al ser el primer mexicano de su generación (y en la historia de la literatura mexicana) en escribir poemas con ideogramas en los que la conceptualización del entorno, de lo abstracto y de los mínimos detalles, harían de él un icono en la literatura contemporánea.
Sus diferentes esfuerzos por publicaciones vanguardistas como la revista Contemporáneos, resultaron en una recopilación y un referente importante de las principales plumas que marcaron su generación así como el estilo de sus antecesores como Justo Sierra, José Vasconcelos y Antonio Caso.
Sin embargo, su cercana relación –de muchos años- con Xavier Villaurrutia y con Carlos Pellicer, acrecentará su visión poética y el valor de la lectura al compartir sucesos, aventuras y esfuerzos académico-literarios importantes que devengaron grandes dividendos en la literatura mexicana.
Hombre singular que daría a México una aportación importante en las letras y en la literatura. Lectura recomendada para conocer más sobre tan connotado personaje.
Salvador Novo, navaja de la inteligencia
Reyna Barrera, Plaza y Valdés Editores
2011, 253 pp.
dfigueroah@yahoo.com.mx
De una profunda investigación, surge la presente lectura que la maestra Reyna Barrera López nos trae para revivir la poesía y la vida de un personaje que, para unos intelectual y académico, para otros, extravagante y polifacético, resultó ser Salvador Novo.
A lo largo de tres grandes capítulos, Barrera López nos narra el entorno en el que creció tan singular escritor y poeta mexicano; desde chico, buscó integrarse a otros niños de su edad, no obstante, su forma de ser y la meticulosa educación que su madre le prodigó en casa, serían poderosos aliados cuando su padre los abandonara y creciera sin una figura paterna qué seguir.
Cuando adolescente, Salvador Novo, descubrió que las mujeres no serían su destino, sino que, sentía un aprecio especial por los de su mismo género y gracias a una caricia devengada en un beso por un amigo de su infancia, le ayudarían a reencontrar su verdadero camino en la homosexualidad; con el tiempo, no ocultaría su gusto por los hombres rudos (choferes de tráilers y taxis), hombres apuestos e, inclusive, por otros intelectuales con los mismos atributos. Esto le valió muchas desavenencias entre algunos círculos, principalmente con Pedro Enríquez Ureña, quien lo alentó en gran parte de su vida académica y que, al saber de sus gustos, lo reprimió y retiró su apoyo.
Hombre decidido a luchar contra la discriminación, Salvador Novo resultó en un exquisito poeta y devengó en un escritor importante; sus obras perduran al ser el primer mexicano de su generación (y en la historia de la literatura mexicana) en escribir poemas con ideogramas en los que la conceptualización del entorno, de lo abstracto y de los mínimos detalles, harían de él un icono en la literatura contemporánea.
Sus diferentes esfuerzos por publicaciones vanguardistas como la revista Contemporáneos, resultaron en una recopilación y un referente importante de las principales plumas que marcaron su generación así como el estilo de sus antecesores como Justo Sierra, José Vasconcelos y Antonio Caso.
Sin embargo, su cercana relación –de muchos años- con Xavier Villaurrutia y con Carlos Pellicer, acrecentará su visión poética y el valor de la lectura al compartir sucesos, aventuras y esfuerzos académico-literarios importantes que devengaron grandes dividendos en la literatura mexicana.
Hombre singular que daría a México una aportación importante en las letras y en la literatura. Lectura recomendada para conocer más sobre tan connotado personaje.
Salvador Novo, navaja de la inteligencia
Reyna Barrera, Plaza y Valdés Editores
2011, 253 pp.
Por: David A. Figueroa Hernández
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Para conocer el mundo basta ir a su encuentro; para conocer la literatura basta abrir un libro. Estas dos sentencias hablan por sí solas de lo exquisito que puede ser, por un lado, conocer las diferentes culturas y formas de pensar, por otro, adentrarnos en el arte de quienes han plasmado sus pensamientos en papel y entregarnos sus mejores momentos; ver el mundo y maravillarnos a través de sus plumas.
El viaje literario emprendido por José Antonio Lugo, nos permite sumergirnos en un laberinto de pensamientos, de ciudades, de relaciones personales pero sobre todo, de historias que fueron vividas por los escritores a lo largo de los últimos siglos; con ellos nos transportaremos a la ciencia ficción de Julio Verne, o bien, a la cruda realidad con la que nos envuelve Víctor Hugo.
A través de sencillos capítulos, el autor nos lleva de la mano de la más fina literatura de los diferentes países y sus exponentes. En ocasiones el mundo nos maravilla con un premio Nobel de literatura y por ese simple hecho nos damos a la tarea de leerlo, lo hacemos, y olvidamos que en cada región del orbe hay alguien que observa desde lo más simple hasta lo más complejo de la vida misma, y escribe sobre ello demostrando que cualquier trivialidad puede ir de lo hermoso a lo sublime.
Catalogar esta lectura como un mero recuento no podría ni debería, ser la idea principal. Es fascinante pensar en las Resonancias como una excelsa guía para quien desee emprender un viaje sin retorno a través de la buena literatura y de las obras de cada uno de los escritores más asiduos que nuestro planeta ha producido. Los diferentes estilos, formas, historias, se entrelazan de manera concordante en cada contexto, en cada ambiente narrado y en cada personaje.
Las recomendaciones sobre las obras publicadas que menciona José Antonio Lugo, también se convierten en la mejor guía turística que un buen lector podría tener: datos biográficos, lugares, fechas, amistades, familias, amores y desamores.
Exponentes de cada género y narrativa, podemos encontrar a algunos de los más asiduos amantes de historias: Mario Vargas Llosa, J.M Coetze, Jorge Amado, Sergio Pitol, Michel de Mountaigne, Gérard de Nerval, Lawrence Durrell, Gunter Grass, Michel Tournier, Karel Capek, Alejandro Rossi, Mijail Bulgákov, Robert Musil, Isaac Asimov, Michael Ondatjee, Murasaki Shikibu, Marguerite Yourcenar, Alejandro Dumas…y la lista continúa.
Sin duda, Resonancias se convierte en un libro del que te enamoras y para quienes quieren conocer más de las exquisitas plumas, es un referente importante de acercamiento para los jóvenes que desean investigar más sobre algún autor o la implicación de un país en la literatura; para quienes lleguen a él por simple curiosidad, se enfrentarán a un mundo pocas veces comprendido y explicado tan sencillamente que se sentirán cautivados por este autor que nunca olvidarán.
Resonancias
José Antonio Lugo. Editorial Terracota
2008, 239 pp.
dfigueroah@yahoo.com.mx
Para conocer el mundo basta ir a su encuentro; para conocer la literatura basta abrir un libro. Estas dos sentencias hablan por sí solas de lo exquisito que puede ser, por un lado, conocer las diferentes culturas y formas de pensar, por otro, adentrarnos en el arte de quienes han plasmado sus pensamientos en papel y entregarnos sus mejores momentos; ver el mundo y maravillarnos a través de sus plumas.
El viaje literario emprendido por José Antonio Lugo, nos permite sumergirnos en un laberinto de pensamientos, de ciudades, de relaciones personales pero sobre todo, de historias que fueron vividas por los escritores a lo largo de los últimos siglos; con ellos nos transportaremos a la ciencia ficción de Julio Verne, o bien, a la cruda realidad con la que nos envuelve Víctor Hugo.
A través de sencillos capítulos, el autor nos lleva de la mano de la más fina literatura de los diferentes países y sus exponentes. En ocasiones el mundo nos maravilla con un premio Nobel de literatura y por ese simple hecho nos damos a la tarea de leerlo, lo hacemos, y olvidamos que en cada región del orbe hay alguien que observa desde lo más simple hasta lo más complejo de la vida misma, y escribe sobre ello demostrando que cualquier trivialidad puede ir de lo hermoso a lo sublime.
Catalogar esta lectura como un mero recuento no podría ni debería, ser la idea principal. Es fascinante pensar en las Resonancias como una excelsa guía para quien desee emprender un viaje sin retorno a través de la buena literatura y de las obras de cada uno de los escritores más asiduos que nuestro planeta ha producido. Los diferentes estilos, formas, historias, se entrelazan de manera concordante en cada contexto, en cada ambiente narrado y en cada personaje.
Las recomendaciones sobre las obras publicadas que menciona José Antonio Lugo, también se convierten en la mejor guía turística que un buen lector podría tener: datos biográficos, lugares, fechas, amistades, familias, amores y desamores.
Exponentes de cada género y narrativa, podemos encontrar a algunos de los más asiduos amantes de historias: Mario Vargas Llosa, J.M Coetze, Jorge Amado, Sergio Pitol, Michel de Mountaigne, Gérard de Nerval, Lawrence Durrell, Gunter Grass, Michel Tournier, Karel Capek, Alejandro Rossi, Mijail Bulgákov, Robert Musil, Isaac Asimov, Michael Ondatjee, Murasaki Shikibu, Marguerite Yourcenar, Alejandro Dumas…y la lista continúa.
Sin duda, Resonancias se convierte en un libro del que te enamoras y para quienes quieren conocer más de las exquisitas plumas, es un referente importante de acercamiento para los jóvenes que desean investigar más sobre algún autor o la implicación de un país en la literatura; para quienes lleguen a él por simple curiosidad, se enfrentarán a un mundo pocas veces comprendido y explicado tan sencillamente que se sentirán cautivados por este autor que nunca olvidarán.
Resonancias
José Antonio Lugo. Editorial Terracota
2008, 239 pp.
Por: David A. Figueroa Hernández
dfigueroah@yahoo.com.mx
Este libro, cuya primera edición data de 1943-1944, resulta en una biografía única y poco conocida respecto al hombre que se convirtió en una leyenda para nuestro país: Emiliano Zapata Salazar.
El autor, Jesús Sotelo Inclán, realizó por aquellas fechas una investigación que bien valdría un premio nacional de periodismo ya que utilizó para su elaboración un incansable estudio biblio-hemerográfico-documental, que lo llevó al Archivo General de la Nación y a los documentos perdidos del actual estado de Morelos (en Villa de Ayala y en Atotonilco), sin embargo, también consiguió estupendos testimonios de los ancianos que aún recordaban las argucias y enfrentamientos del ahora conocido como “El Atila del Sur”.
A lo largo de las páginas, el autor describe la historia en un compendio de 27 capítulos, un apéndice y un apartado de notas; en los capítulos nos desarrolla cómo fue que el pueblo de Atotonilco llegó a ser la cuna de Emiliano Zapata y cómo subsistió pese a las adversidades sociales y económicas durante cinco siglos.
En un principio, Sotelo Inclán, nos ubica en la zona geográfica y cómo desde el México prehispánico, dicha zona ya aportaba grandes tributos al emperador azteca en turno. Una vez que llegaron los españoles, su crecimiento no fue representativo, al contrario, los nuevos dueños de la tierra se repartieron los pueblos, algunos incluso, los desaparecieron. No obstante, con el paso de los años, las haciendas, las diversas órdenes y los españoles ansiosos de tierras y riquezas, hicieron de la zona actual de Morelos, un importante lugar para asentar ingenios azucareros.
Con la llegada de la Independencia y del siglo XIX, al igual que nuestro país, se tuvo una relación complicada con los diferentes gobiernos en turno; nadie –ni Benito Juárez-, escuchó, mucho menos, ayudó, a los pobladores de Morelos. Existe un capítulo específico (XXI) sobre la relación que tuvieron los pobladores con el Emperador Maximiliano, dato curioso, quien sí los escuchó y promulgó la primera ley agraria en beneficio de los campesinos y trató de resarcir el atraso agrario hacia los verdaderos dueños de las tierras de dicho estado de la república.
Con la revuelta de Porfirio Díaz, el autor hace una acotación importante y muestra los documentos que demostrarían que el General fue apoyado por los campesinos en espera de que éste pudiera satisfacer sus demandas de tierras a los pobladores originarios; sin embargo, Díaz nunca atendería sus plegarias, aunque sí los recibiría en un par de ocasiones, en una de las cuales, los campesinos ya contaban con la presencia de Emiliano Zapata (sin ser aún el gran luchador agrario). Llegada la Revolución de Francisco I. Madero, ya todos conocemos la importante figura de Zapata y cómo forjaría un poderoso nicho en contra de los gobiernos del propio Madero, Huerta y hasta Carranza.
A lo largo de tantos siglos, la lectura nos lleva a conocer algunos antepasados de Zapata así como su lucha que no se fraguó en una generación, sino que cada uno de los resentimientos, servidumbre, argucias jurídicas, silencio y traición de parte de los gobernantes, orillaron a los viejos caciques a delegar sus demandas en un personaje fuerte, con carácter y que no diera vuelta a atrás en sus peticiones, todas justas y necesarias.
Se rescata en gran medida las fuentes de investigación como lo fueron los ya citados pero también, la bibliografía de fines del siglo XIX y principios del XX para el desarrollo y consecución de la lectura.
Como dato adicional, existen algunas historias míticas sobre el origen y creencias sobre la formación de la zona cuya riqueza engalanan la excelente cronología y datos históricos que, sin duda alguna, ayudan para conocer el por qué de las demandas de este sector social que a partir de la Revolución mostró su presencia a través de un personaje único y que el mundo conoció como Emiliano Zapata.
Raíz y razón de Zapata
Jesús Sotelo Inclán
Instituto de Cultura de Morelos
2012, 588 pp.
dfigueroah@yahoo.com.mx
Este libro, cuya primera edición data de 1943-1944, resulta en una biografía única y poco conocida respecto al hombre que se convirtió en una leyenda para nuestro país: Emiliano Zapata Salazar.
El autor, Jesús Sotelo Inclán, realizó por aquellas fechas una investigación que bien valdría un premio nacional de periodismo ya que utilizó para su elaboración un incansable estudio biblio-hemerográfico-documental, que lo llevó al Archivo General de la Nación y a los documentos perdidos del actual estado de Morelos (en Villa de Ayala y en Atotonilco), sin embargo, también consiguió estupendos testimonios de los ancianos que aún recordaban las argucias y enfrentamientos del ahora conocido como “El Atila del Sur”.
A lo largo de las páginas, el autor describe la historia en un compendio de 27 capítulos, un apéndice y un apartado de notas; en los capítulos nos desarrolla cómo fue que el pueblo de Atotonilco llegó a ser la cuna de Emiliano Zapata y cómo subsistió pese a las adversidades sociales y económicas durante cinco siglos.
En un principio, Sotelo Inclán, nos ubica en la zona geográfica y cómo desde el México prehispánico, dicha zona ya aportaba grandes tributos al emperador azteca en turno. Una vez que llegaron los españoles, su crecimiento no fue representativo, al contrario, los nuevos dueños de la tierra se repartieron los pueblos, algunos incluso, los desaparecieron. No obstante, con el paso de los años, las haciendas, las diversas órdenes y los españoles ansiosos de tierras y riquezas, hicieron de la zona actual de Morelos, un importante lugar para asentar ingenios azucareros.
Con la llegada de la Independencia y del siglo XIX, al igual que nuestro país, se tuvo una relación complicada con los diferentes gobiernos en turno; nadie –ni Benito Juárez-, escuchó, mucho menos, ayudó, a los pobladores de Morelos. Existe un capítulo específico (XXI) sobre la relación que tuvieron los pobladores con el Emperador Maximiliano, dato curioso, quien sí los escuchó y promulgó la primera ley agraria en beneficio de los campesinos y trató de resarcir el atraso agrario hacia los verdaderos dueños de las tierras de dicho estado de la república.
Con la revuelta de Porfirio Díaz, el autor hace una acotación importante y muestra los documentos que demostrarían que el General fue apoyado por los campesinos en espera de que éste pudiera satisfacer sus demandas de tierras a los pobladores originarios; sin embargo, Díaz nunca atendería sus plegarias, aunque sí los recibiría en un par de ocasiones, en una de las cuales, los campesinos ya contaban con la presencia de Emiliano Zapata (sin ser aún el gran luchador agrario). Llegada la Revolución de Francisco I. Madero, ya todos conocemos la importante figura de Zapata y cómo forjaría un poderoso nicho en contra de los gobiernos del propio Madero, Huerta y hasta Carranza.
A lo largo de tantos siglos, la lectura nos lleva a conocer algunos antepasados de Zapata así como su lucha que no se fraguó en una generación, sino que cada uno de los resentimientos, servidumbre, argucias jurídicas, silencio y traición de parte de los gobernantes, orillaron a los viejos caciques a delegar sus demandas en un personaje fuerte, con carácter y que no diera vuelta a atrás en sus peticiones, todas justas y necesarias.
Se rescata en gran medida las fuentes de investigación como lo fueron los ya citados pero también, la bibliografía de fines del siglo XIX y principios del XX para el desarrollo y consecución de la lectura.
Como dato adicional, existen algunas historias míticas sobre el origen y creencias sobre la formación de la zona cuya riqueza engalanan la excelente cronología y datos históricos que, sin duda alguna, ayudan para conocer el por qué de las demandas de este sector social que a partir de la Revolución mostró su presencia a través de un personaje único y que el mundo conoció como Emiliano Zapata.
Raíz y razón de Zapata
Jesús Sotelo Inclán
Instituto de Cultura de Morelos
2012, 588 pp.
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Almazán. El único general revolucionario
Guillermo Samperio, Ed. Lectorum
2011, 440 pp.
Almazán. El único general revolucionario. En la historia contemporánea de nuestro país, ubicamos en los diversos periodos a personajes que la han hecho posible con fuertes ideologías, poderosas convicciones y que ofrendaron con sus propias vidas, en aras de un futuro que consideraron viable para las generaciones siguientes.
En México, después del movimiento revolucionario de 1910, los diversos sectores políticos y militares, se disputaron el poder y no fue sino hasta el sexenio del general Lázaro Cárdenas, que comenzó una nueva etapa, una de instituciones que permitieron dar estabilidad al país pero que colocaron a un partido político -originario de estas fuerzas revolucionarias- en la Presidencia de la República cuya vigencia permanecería de manera consecutiva hasta el año 2000.
En el México callista y cardenista, se ubica esta historia relatada por Guillermo Samperio, en el que relata a un general revolucionario símbolo de la congruencia histórica y de los verdaderos ideales que produjo aquel movimiento que derrocó al general Porfirio Díaz. Juan Andreu Almazán, se distinguió por su arrojo pero aun más por ser un militar que siempre se identificó con el pueblo, con los menos favorecidos, y que no siempre estuvo de acuerdo con los vaivenes políticos.
Con una infancia marcada por la última década del Porfiriato, el general Andreu Almazán convivió muy de cerca con militares destacados en el campo de batalla como Victoriano Huerta, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Álvaro Obregón o con civiles de alto prestigio como Francisco I. Madero, Francisco León de la Barra o Venustiano Carranza. De cada uno aprendió aspectos valiosos que lo llevaron a confeccionar su gran personalidad.
No obstante, a través de estas páginas, a manera de Memorias, encontramos sus fuertes convicciones siempre en busca del bienestar del país, además, permite conocer desde otro ángulo, a personajes que han sido estereotipados como Huerta y Carranza, en tanto que avizora un perpetuo desazón por el general Cárdenas a quien considera antidemocrático y aún más terrible que el propio Plutarco Elías Calles.
Siempre en el frente de batalla, Andreu Almazán vive en carne propia los encuentros entre generales de los diferentes gobiernos así como las batallas que comandó. A los zapatistas, villistas y carrancistas, los tuvo en alta estima por sus valerosas afrentas en aras del pueblo. En contraparte, a los callistas y cardenistas, los trataba con especial desagrado.
Secretario de Comunicaciones durante el breve periodo en la presidencia de Pascual Ortiz Rubio, Andreu Almazán, proporcionó continuidad a las diversas vías de comunicación, carreteras y vías de ferrocarril, así como al teléfono y telégrafo como motores del desarrollo para un México competitivo y moderno.
Con él, se crearía la Ciudad Militar del estado de Nuevo León, cuya cooperativa puso en manos de mujeres. Para 1940, fue candidato a la Presidencia de la República, con el objeto de replantear la historia de este país. Los resultados de estas elecciones, según sus estimaciones, fue un aplastante 90% de sufragios sobre el candidato oficial, Manuel Ávila Camacho. No obstante, debido a un supuesto ‘fraude electoral’, nunca volvería a cruzar palabra con Cárdenas a quien lo denostó al no permitir el libre derecho a elegir a los mexicanos.
Convertido en el “servidor de la Nación”, Almazán es una figura enigmática que ha sido opacada por los nombres de Emiliano Zapata, Francisco Villa y Felipe Ángeles; asimismo, porque el Estado mexicano, a cargo de los gobiernos emanados de la Revolución de 1910, quisieron que su nombre permaneciera en los anales ocultos de la historia de nuestro país. Juan Andreu Almazán merece dar su versión y tener un lugar más destacado en los libros de historia.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
Por: David A. Figueroa Hernández
Almazán. El único general revolucionario
Guillermo Samperio, Ed. Lectorum
2011, 440 pp.
Almazán. El único general revolucionario. En la historia contemporánea de nuestro país, ubicamos en los diversos periodos a personajes que la han hecho posible con fuertes ideologías, poderosas convicciones y que ofrendaron con sus propias vidas, en aras de un futuro que consideraron viable para las generaciones siguientes.
En México, después del movimiento revolucionario de 1910, los diversos sectores políticos y militares, se disputaron el poder y no fue sino hasta el sexenio del general Lázaro Cárdenas, que comenzó una nueva etapa, una de instituciones que permitieron dar estabilidad al país pero que colocaron a un partido político -originario de estas fuerzas revolucionarias- en la Presidencia de la República cuya vigencia permanecería de manera consecutiva hasta el año 2000.
En el México callista y cardenista, se ubica esta historia relatada por Guillermo Samperio, en el que relata a un general revolucionario símbolo de la congruencia histórica y de los verdaderos ideales que produjo aquel movimiento que derrocó al general Porfirio Díaz. Juan Andreu Almazán, se distinguió por su arrojo pero aun más por ser un militar que siempre se identificó con el pueblo, con los menos favorecidos, y que no siempre estuvo de acuerdo con los vaivenes políticos.
Con una infancia marcada por la última década del Porfiriato, el general Andreu Almazán convivió muy de cerca con militares destacados en el campo de batalla como Victoriano Huerta, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Álvaro Obregón o con civiles de alto prestigio como Francisco I. Madero, Francisco León de la Barra o Venustiano Carranza. De cada uno aprendió aspectos valiosos que lo llevaron a confeccionar su gran personalidad.
No obstante, a través de estas páginas, a manera de Memorias, encontramos sus fuertes convicciones siempre en busca del bienestar del país, además, permite conocer desde otro ángulo, a personajes que han sido estereotipados como Huerta y Carranza, en tanto que avizora un perpetuo desazón por el general Cárdenas a quien considera antidemocrático y aún más terrible que el propio Plutarco Elías Calles.
Siempre en el frente de batalla, Andreu Almazán vive en carne propia los encuentros entre generales de los diferentes gobiernos así como las batallas que comandó. A los zapatistas, villistas y carrancistas, los tuvo en alta estima por sus valerosas afrentas en aras del pueblo. En contraparte, a los callistas y cardenistas, los trataba con especial desagrado.
Secretario de Comunicaciones durante el breve periodo en la presidencia de Pascual Ortiz Rubio, Andreu Almazán, proporcionó continuidad a las diversas vías de comunicación, carreteras y vías de ferrocarril, así como al teléfono y telégrafo como motores del desarrollo para un México competitivo y moderno.
Con él, se crearía la Ciudad Militar del estado de Nuevo León, cuya cooperativa puso en manos de mujeres. Para 1940, fue candidato a la Presidencia de la República, con el objeto de replantear la historia de este país. Los resultados de estas elecciones, según sus estimaciones, fue un aplastante 90% de sufragios sobre el candidato oficial, Manuel Ávila Camacho. No obstante, debido a un supuesto ‘fraude electoral’, nunca volvería a cruzar palabra con Cárdenas a quien lo denostó al no permitir el libre derecho a elegir a los mexicanos.
Convertido en el “servidor de la Nación”, Almazán es una figura enigmática que ha sido opacada por los nombres de Emiliano Zapata, Francisco Villa y Felipe Ángeles; asimismo, porque el Estado mexicano, a cargo de los gobiernos emanados de la Revolución de 1910, quisieron que su nombre permaneciera en los anales ocultos de la historia de nuestro país. Juan Andreu Almazán merece dar su versión y tener un lugar más destacado en los libros de historia.
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sábado, 2 de agosto de 2014
MÉXICO Y EL SISTEMA EDUCATIVO: LA ASIGNATURA PENDIENTE
David A. Figueroa Hernández
Académico
Sin duda una de las principales deudas que el Estado mexicano tiene es el fortalecimiento de la educación. En las últimas décadas muchos programas se han anunciado y a ninguno se le ha dado un seguimiento serio que fortalezca los métodos de enseñanza y la calidad educativa de nuestro país.
Durante las dos anteriores administraciones (2000-2006 y 2006-2012) se anunció la inclusión de México en el llamado Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde se encuentran los países más desarrollados del orbe; en estas evaluaciones, los niños y jóvenes mexicanos evaluados en áreas sustantivas como Lectura, Matemáticas y Ciencias, estuvieron muy por debajo de la expectativa generada y de los estándares promedio de la propia OCDE. En el ámbito nacional, la prueba ENLACE es un intento por revertir el atraso académico de la juventud, sin embargo, los resultados también han sido muy cuestionados.
¿A qué se debe este deterioro en los niveles educativos? ¿Cuál es el futuro de los niños y jóvenes de nuestro país? ¿Estarán condenados a solo soñar con ejercer una carrera universitaria? Aquí el Estado tiene una gran responsabilidad y más aún, cuando actualmente México posee una marcada población juvenil.
El año pasado, 2013, se llevó a cabo el estudio Informe de Progreso Educativo 2013 (IIE), realizado por el Instituto de Innovación Educativa (IIE) del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), en el que se detectaron algunos de los problemas que ya de antemano se conocen pero no han podido mejorar: 1) Respecto a la evaluación efectuada en 2008, en los estados con mayor progreso educativo solamente cambió uno de los principales cinco; mientras tanto, los de menor progreso entraron dos. Esto resulta en una calidad educativa deficiente en el que las zonas geográficas y el personal docente que imparte clases, no son uniformes en cada uno de los estados (siguen siendo algunos estados del norte los mejor evaluados y los del sur y sureste, de los más deficientes). 2) Quedó demostrado que en las escuelas donde existía una mayor infraestructura tecnológica y preparación docente, los resultados fueron mejores. 3) En los estados que mejor proveen la demanda de servicios y abaten los niveles de pobreza de forma más eficaz, su nivel académico y crecimiento sostenido es mayor. 4) Aunque nuestro país es el que eroga mayor presupuesto (en relación con su PIB y que corresponde a 4 billones 479 mil millones de pesos para este 2014) de todos los integrantes de la OCDE, aún el dinero no es canalizado adecuadamente, por ejemplo, en un salario que dignifique al docente y que le permita desarrollarse (exigir y exigirse cada vez más; darle al profesor un mejor salario a quien mejor enseñe).
Ahora bien, si a esto aunamos que los jóvenes de hoy poseen una ventaja muy sólida y marcada con el apoyo de las nuevas tecnologías y la conexión de Internet (siempre y cuando tengan la capacidad de conocer y accesar), ahora el reto debiera corresponder al docente; es decir, saberlo encaminar en los conocimientos necesarios y oportunos que requieren las nuevas generaciones.
La gran responsabilidad del docente implica educar e instruir a los jóvenes en saberes como: comprender lo que leen, realizar análisis de capacidades como la abstracción, visualización, redacción, ortografía, síntesis, tesis y antítesis, solo por citar algunos, que coadyuven a que el niño y joven aprendan a aprehender y solucionen satisfactoriamente sus retos académicos y de vida.
Sin embargo, otro gran pendiente es el rezago educativo que posee nuestro país ya que según el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 publicado por la Secretaría de Educación Pública existe una población importante de analfabetismo: poco más de cinco millones de personas. En muchos casos la pobreza es un poderoso enemigo en el desarrollo académico de la juventud.
En este sentido, la presente administración (2012-2018) tiene varios retos que van más allá de un programa sexenal, un programa multimedia o experimentar con la aplicación de más escuelas de tiempo completo. Al día de hoy, no se ha entendido que no necesariamente entre más tiempo de estudio se tengan, mejores resultados se obtendrán.
Sin duda alguna, la calidad de vida de los estudiantes tiene mucho en relación a su aprovechamiento y a su nivel de académico. En ambos, los gobiernos han fracasado y el actual tiene la oportunidad de resarcir lo hecho hasta ahora: canalizar adecuadamente el presupuesto, dotar de una infraestructura adecuada a todas las escuelas del país; dignificar la formación docente, premiarlos y distinguirlos económica y académicamente; combatir la corrupción en el sindicato de trabajadores de la educación; impedir la deserción escolar; y crear un ambiente escolar que, armónicamente con los padres de familia (principales visores del proceso de aprendizaje de sus hijos) y al lado de los docentes, desarrollen una sinergia encaminada al buen desarrollo de los niños y jóvenes.
Al final, el presente y futuro de los niños y jóvenes de México recae -como en cualquier país del mundo-, en los docentes y en los padres de familia. Los niños y jóvenes merecen soñar con su futuro, con su derecho al estudio para algún día ejercer como profesionistas. No queremos quitarles ese aliciente que les permitan ser mejores seres humanos y mexicanos Nadie puede desear lo contrario, ¿o sí? El presente y futuro de México está en sus aulas en la educación y en la instrucción.
David A. Figueroa Hernández
Académico
Sin duda una de las principales deudas que el Estado mexicano tiene es el fortalecimiento de la educación. En las últimas décadas muchos programas se han anunciado y a ninguno se le ha dado un seguimiento serio que fortalezca los métodos de enseñanza y la calidad educativa de nuestro país.
Durante las dos anteriores administraciones (2000-2006 y 2006-2012) se anunció la inclusión de México en el llamado Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde se encuentran los países más desarrollados del orbe; en estas evaluaciones, los niños y jóvenes mexicanos evaluados en áreas sustantivas como Lectura, Matemáticas y Ciencias, estuvieron muy por debajo de la expectativa generada y de los estándares promedio de la propia OCDE. En el ámbito nacional, la prueba ENLACE es un intento por revertir el atraso académico de la juventud, sin embargo, los resultados también han sido muy cuestionados.
¿A qué se debe este deterioro en los niveles educativos? ¿Cuál es el futuro de los niños y jóvenes de nuestro país? ¿Estarán condenados a solo soñar con ejercer una carrera universitaria? Aquí el Estado tiene una gran responsabilidad y más aún, cuando actualmente México posee una marcada población juvenil.
El año pasado, 2013, se llevó a cabo el estudio Informe de Progreso Educativo 2013 (IIE), realizado por el Instituto de Innovación Educativa (IIE) del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), en el que se detectaron algunos de los problemas que ya de antemano se conocen pero no han podido mejorar: 1) Respecto a la evaluación efectuada en 2008, en los estados con mayor progreso educativo solamente cambió uno de los principales cinco; mientras tanto, los de menor progreso entraron dos. Esto resulta en una calidad educativa deficiente en el que las zonas geográficas y el personal docente que imparte clases, no son uniformes en cada uno de los estados (siguen siendo algunos estados del norte los mejor evaluados y los del sur y sureste, de los más deficientes). 2) Quedó demostrado que en las escuelas donde existía una mayor infraestructura tecnológica y preparación docente, los resultados fueron mejores. 3) En los estados que mejor proveen la demanda de servicios y abaten los niveles de pobreza de forma más eficaz, su nivel académico y crecimiento sostenido es mayor. 4) Aunque nuestro país es el que eroga mayor presupuesto (en relación con su PIB y que corresponde a 4 billones 479 mil millones de pesos para este 2014) de todos los integrantes de la OCDE, aún el dinero no es canalizado adecuadamente, por ejemplo, en un salario que dignifique al docente y que le permita desarrollarse (exigir y exigirse cada vez más; darle al profesor un mejor salario a quien mejor enseñe).
Ahora bien, si a esto aunamos que los jóvenes de hoy poseen una ventaja muy sólida y marcada con el apoyo de las nuevas tecnologías y la conexión de Internet (siempre y cuando tengan la capacidad de conocer y accesar), ahora el reto debiera corresponder al docente; es decir, saberlo encaminar en los conocimientos necesarios y oportunos que requieren las nuevas generaciones.
La gran responsabilidad del docente implica educar e instruir a los jóvenes en saberes como: comprender lo que leen, realizar análisis de capacidades como la abstracción, visualización, redacción, ortografía, síntesis, tesis y antítesis, solo por citar algunos, que coadyuven a que el niño y joven aprendan a aprehender y solucionen satisfactoriamente sus retos académicos y de vida.
Sin embargo, otro gran pendiente es el rezago educativo que posee nuestro país ya que según el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 publicado por la Secretaría de Educación Pública existe una población importante de analfabetismo: poco más de cinco millones de personas. En muchos casos la pobreza es un poderoso enemigo en el desarrollo académico de la juventud.
En este sentido, la presente administración (2012-2018) tiene varios retos que van más allá de un programa sexenal, un programa multimedia o experimentar con la aplicación de más escuelas de tiempo completo. Al día de hoy, no se ha entendido que no necesariamente entre más tiempo de estudio se tengan, mejores resultados se obtendrán.
Sin duda alguna, la calidad de vida de los estudiantes tiene mucho en relación a su aprovechamiento y a su nivel de académico. En ambos, los gobiernos han fracasado y el actual tiene la oportunidad de resarcir lo hecho hasta ahora: canalizar adecuadamente el presupuesto, dotar de una infraestructura adecuada a todas las escuelas del país; dignificar la formación docente, premiarlos y distinguirlos económica y académicamente; combatir la corrupción en el sindicato de trabajadores de la educación; impedir la deserción escolar; y crear un ambiente escolar que, armónicamente con los padres de familia (principales visores del proceso de aprendizaje de sus hijos) y al lado de los docentes, desarrollen una sinergia encaminada al buen desarrollo de los niños y jóvenes.
Al final, el presente y futuro de los niños y jóvenes de México recae -como en cualquier país del mundo-, en los docentes y en los padres de familia. Los niños y jóvenes merecen soñar con su futuro, con su derecho al estudio para algún día ejercer como profesionistas. No queremos quitarles ese aliciente que les permitan ser mejores seres humanos y mexicanos Nadie puede desear lo contrario, ¿o sí? El presente y futuro de México está en sus aulas en la educación y en la instrucción.
¿Focos rojos en el campo mexicano?
Por David A. Figueroa Hernández
Al hablar del campo nacional referimos un sector que si bien ha destacado logros importantes durante la última década del siglo pasado y la primera del que comienza, permanece aún en un estado de indefensión que las últimas administraciones sexenales han tratado de aminorar y, a la fecha, continúa como una arista que reclama atención y soluciones de corto, mediano y largo plazos.
De acuerdo con el programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario y Pesquero 2007-2012 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), México cuenta con un territorio nacional compuesto por 198 millones de hectáreas de las que 145 se dedican a la actividad agropecuaria. De ellas, cerca de 30 millones de hectáreas corresponden a tierras de cultivo y 115 millones son de agostadero; dentro de este universo, 45.5. millones de hectáreas refieren a bosques y selvas, otro patrimonio nacional.
En el campo mexicano vive cerca de la tercera parte de la población total nacional y es ahí donde la pobreza se agudiza de forma importante; cerca de 17 millones se encuentran en pobreza y de ellos, seis millones resultan en pobreza extrema; de igual forma, 8.9 millones de habitantes padecen un rezago educativo importante. Pareciera paradójico que mientras el campo produce un alto índice de la alimentación de los mexicanos, es ahí donde exista mayor nivel de desigualdad, pobreza y bajos índices educativos (no es de extrañar que sea aquí donde vivan la mayoría de los habitantes mexicanos hablantes de lenguas indígenas).
A inicios del año, la Sagarpa anunció que el monto asignado a dicha dependencia ascendía a 82 mil 900.4 millones de pesos, de ellos, 69 mil 783.9 millones de pesos estaban destinados a programas agropecuarios y pesqueros; cinco mil 638.1 millones de pesos a programas de educación e investigación y siete mil 388.4 millones de pesos en gastos de operación, sólo por mencionar las principales asignaciones.
Sin embargo, un sector que mereciera especial atención cuando referimos al campo mexicano, es el de las universidades y centros de investigación; aquí, para este 2014, están destinados cinco mil 638.2 millones de pesos entre los colegios de Postgraduados Superior Agropecuario del Estado de Guerrero (CSAEGRO), la Universidad Autónoma de Chapingo y los Institutos Nacionales de Pesca (Inapesca) y de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap).
De igual forma, al Programa de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria se le invertirán cinco mil 143 millones de pesos; y al de Innovación, Investigación, Desarrollo Tecnológico y Educación tres mil 11 millones de pesos.
Pese a esta inversión, resulta increíble que el campo mexicano aún posea rezagos sustanciales derivados de varias décadas producto de la desatención así como de ventajosas medidas comerciales para competir con otros países. Ejemplo de ello, lo tenemos con el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, en el que nuestro país ha tenido que adecuarse a las reformas arancelarias y en la mayoría de los casos, nuestros agricultores no cuentan con una equitativa competencia frente a los industriales de los colosos del norte. A veinte años de la entrada en vigor de este Tratado, México es el país que ha sido menos beneficiado y en lo individual, nuestros productores sufren más con los estándares internacionales requeridos.
En México aún no se ha generalizado el uso de la tecnología más avanzada para la producción, los créditos fluyen a cuentagotas con enormes intereses a largo plazos y cada vez dependemos más de las importaciones ya que gran parte del mejor producto resulta en las exportaciones de frutas, verduras, carne (roja o blanca) y hasta leguminosas. Es necesario que se invierta fuertemente en tecnología de riego y de incentivación económica que haga del campo un sector más productivo ya no solo en el occidente sino a lo largo y ancho del país; debe existir certidumbre en los programas agroindustriales y ganaderos; que la especulación desaparezca y la corrupción se condene y castigue. Certeza en los productores mexicanos.
Las últimas administraciones no han centrado su atención en problemas fundamentales además de la inversión tecnológica, tales como: el índice de desempleo y seguridad social en el campo mexicano; la pobreza generada por el alza de precios en alimentos y; la migración de millones de personas del campo a las ciudades en busca de una mejor calidad de vida, muchas veces nunca encontrada y que sí genera mortandad y miseria. Estos factores se han acrecentado con el paso del tiempo.
Los retos son muchos para la presente administración (2012-2018) y el campo mexicano no requiere discursos que conlleven más sufrimiento y pobreza. Sin duda alguna, el programa denominado “Cruzada Nacional contra el Hambre” presentado por el Presidente de México, Lic. Enrique Peña Nieto, busca aminorar esta situación en zonas rurales y urbanas con pobreza extrema a lo largo del país, pero es una acción momentánea y de corto plazo, mediática, que no resulta en una salida permanente a la situación de muchas zonas agrícolas que no pueden más.
Estamos a buen tiempo de resarcir lo que podría ser un problema irreversible para las próximas generaciones; es necesario apostar por el pequeño y mediano productor, incentivarlo y apoyarlo económica y tecnológicamente para que pueda tener un desarrollo pleno y equitativo para trabajar su mercancía y competir en igualdad de circunstancias con otros productores nacionales o extranjeros.
Por David A. Figueroa Hernández
Al hablar del campo nacional referimos un sector que si bien ha destacado logros importantes durante la última década del siglo pasado y la primera del que comienza, permanece aún en un estado de indefensión que las últimas administraciones sexenales han tratado de aminorar y, a la fecha, continúa como una arista que reclama atención y soluciones de corto, mediano y largo plazos.
De acuerdo con el programa Sectorial de Desarrollo Agropecuario y Pesquero 2007-2012 de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), México cuenta con un territorio nacional compuesto por 198 millones de hectáreas de las que 145 se dedican a la actividad agropecuaria. De ellas, cerca de 30 millones de hectáreas corresponden a tierras de cultivo y 115 millones son de agostadero; dentro de este universo, 45.5. millones de hectáreas refieren a bosques y selvas, otro patrimonio nacional.
En el campo mexicano vive cerca de la tercera parte de la población total nacional y es ahí donde la pobreza se agudiza de forma importante; cerca de 17 millones se encuentran en pobreza y de ellos, seis millones resultan en pobreza extrema; de igual forma, 8.9 millones de habitantes padecen un rezago educativo importante. Pareciera paradójico que mientras el campo produce un alto índice de la alimentación de los mexicanos, es ahí donde exista mayor nivel de desigualdad, pobreza y bajos índices educativos (no es de extrañar que sea aquí donde vivan la mayoría de los habitantes mexicanos hablantes de lenguas indígenas).
A inicios del año, la Sagarpa anunció que el monto asignado a dicha dependencia ascendía a 82 mil 900.4 millones de pesos, de ellos, 69 mil 783.9 millones de pesos estaban destinados a programas agropecuarios y pesqueros; cinco mil 638.1 millones de pesos a programas de educación e investigación y siete mil 388.4 millones de pesos en gastos de operación, sólo por mencionar las principales asignaciones.
Sin embargo, un sector que mereciera especial atención cuando referimos al campo mexicano, es el de las universidades y centros de investigación; aquí, para este 2014, están destinados cinco mil 638.2 millones de pesos entre los colegios de Postgraduados Superior Agropecuario del Estado de Guerrero (CSAEGRO), la Universidad Autónoma de Chapingo y los Institutos Nacionales de Pesca (Inapesca) y de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (Inifap).
De igual forma, al Programa de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria se le invertirán cinco mil 143 millones de pesos; y al de Innovación, Investigación, Desarrollo Tecnológico y Educación tres mil 11 millones de pesos.
Pese a esta inversión, resulta increíble que el campo mexicano aún posea rezagos sustanciales derivados de varias décadas producto de la desatención así como de ventajosas medidas comerciales para competir con otros países. Ejemplo de ello, lo tenemos con el Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, en el que nuestro país ha tenido que adecuarse a las reformas arancelarias y en la mayoría de los casos, nuestros agricultores no cuentan con una equitativa competencia frente a los industriales de los colosos del norte. A veinte años de la entrada en vigor de este Tratado, México es el país que ha sido menos beneficiado y en lo individual, nuestros productores sufren más con los estándares internacionales requeridos.
En México aún no se ha generalizado el uso de la tecnología más avanzada para la producción, los créditos fluyen a cuentagotas con enormes intereses a largo plazos y cada vez dependemos más de las importaciones ya que gran parte del mejor producto resulta en las exportaciones de frutas, verduras, carne (roja o blanca) y hasta leguminosas. Es necesario que se invierta fuertemente en tecnología de riego y de incentivación económica que haga del campo un sector más productivo ya no solo en el occidente sino a lo largo y ancho del país; debe existir certidumbre en los programas agroindustriales y ganaderos; que la especulación desaparezca y la corrupción se condene y castigue. Certeza en los productores mexicanos.
Las últimas administraciones no han centrado su atención en problemas fundamentales además de la inversión tecnológica, tales como: el índice de desempleo y seguridad social en el campo mexicano; la pobreza generada por el alza de precios en alimentos y; la migración de millones de personas del campo a las ciudades en busca de una mejor calidad de vida, muchas veces nunca encontrada y que sí genera mortandad y miseria. Estos factores se han acrecentado con el paso del tiempo.
Los retos son muchos para la presente administración (2012-2018) y el campo mexicano no requiere discursos que conlleven más sufrimiento y pobreza. Sin duda alguna, el programa denominado “Cruzada Nacional contra el Hambre” presentado por el Presidente de México, Lic. Enrique Peña Nieto, busca aminorar esta situación en zonas rurales y urbanas con pobreza extrema a lo largo del país, pero es una acción momentánea y de corto plazo, mediática, que no resulta en una salida permanente a la situación de muchas zonas agrícolas que no pueden más.
Estamos a buen tiempo de resarcir lo que podría ser un problema irreversible para las próximas generaciones; es necesario apostar por el pequeño y mediano productor, incentivarlo y apoyarlo económica y tecnológicamente para que pueda tener un desarrollo pleno y equitativo para trabajar su mercancía y competir en igualdad de circunstancias con otros productores nacionales o extranjeros.
sábado, 10 de mayo de 2014
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Díaz Ordaz. Disparos en la Oscuridad
Fabrizio Mejía Madrid. Ed. SUMA de letras-Santillana Ediciones
2011, 293 pp.
Díaz Ordaz. Disparos en la Oscuridad. La historia de nuestro país ha tenido muchos episodios oscuros a lo largo de su existencia y esta lectura no es la excepción ante lo sugestivo de su título.
Hablar de la vida de Gustavo Díaz Ordaz en nuestros días, nos remite sin duda a su actuar como Presidente de la República (1964-1970) y sobre el cual, el sello que lo caracterizó fue la dureza de su mandato y de su disciplina.
Sin embargo, en la presente lectura, el autor, Fabrizio Mejía, nos conduce a los diferentes laberintos de una carrera infortunada pero agraciada por la forma de pensar de tan mítico personaje así como de las diversas redes de complicidad que llevó a cabo para hacerse de un renombre en la política y en el poder.
Díaz Ordaz, al igual que la mayoría de los mexicanos, sufrió en carne viva los resultados negativos de la Revolución de 1910. Hijo de una familia semi disfuncional, en la que su padre gustaba del alcohol tras perder su empleo al caer el régimen de Porfirio Díaz. Así, el pequeño Gustavo era integrante de una familia numerosa, no obstante, su padre siempre inculcó a su hijo una disciplina férrea a pesar de los vaivenes que los llevaban de Oaxaca a Puebla y que los aquejaban como familia: pobreza, hambre, falta de oportunidades y precaria educación.
Como los grandes personajes históricos de Oaxaca, Gustavo Díaz Ordaz, estudio en el Centro de Ciencias y Artes del estado y al migrar hacia la tierra del héroe del 5 de mayo, Puebla de Zaragoza, incursiona en la política y termina sus estudios en abogacía. Su contacto con el entonces caudillo y feroz político, Maximino Ávila Camacho, se convertiría en su pase de entrada a los círculos de la élite gobernante.
Con el paso de los años, el ex mandatario sabía que su fealdad tenía que ser contrarrestada y que mejor que con la obediencia a sus superiores aunado a una instrucción mínima que le permitiera destacar entre los poblanos, para ello, requería cumplir ciertos requisitos para ser tomado en cuenta y disfrutar de las delicias del poder; ansias constantes por tener lo que nunca había tenido: poder.
A lo largo de la lectura, el autor nos lleva, entre episodios, del pasado de nuestro personaje, a su presente, días antes de morir; destaca mucho su carácter huraño y desconfiado, traducido en sus pensamientos diarios y sus acciones ante la sociedad. Odiado por muchos en México y en el exterior, Mejía Madrid, en pocas cuartillas nos habla con un lenguaje coloquial, y nos adentra en las entrañas mismas de la matanza de estudiantes en la noche conocida como 2 de Octubre.
Los constantes desvaríos de Díaz Ordaz debido a este condenable hecho -justificado por el desarrollo de los Juegos Olímpicos de 1968-, hace que su vida se convierta en una ferviente paranoia al grado de armarse en su propia casa; acosado por un cáncer y por la falta de amigos, consumido por el odio y la férrea disciplina, muere como un personaje siniestro de la vida contemporánea nacional.
Cuando Maquiavelo nos enseñó cómo hacerse y mantener el poder político del Príncipe, analizamos que pocos personajes en nuestro país han destacado por su forma de gobernar imponiendo la fuerza y la supuesta legalidad sobre los derechos fundamentales de los individuos, no importando las consecuencias.
Al ser una personaje oscuro, no es fácil encontrar lecturas sobre su persona –no así de la noche del 2 de octubre- pero el presente, envuelve al lector y permite un disfrute especial página por página.
Solemne respuesta la que proporcionó cuando se le preguntó sobre qué era el poder a lo que respondió: “Enseñar a obedecer”. Eso resume su vida.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
Por: David A. Figueroa Hernández
Díaz Ordaz. Disparos en la Oscuridad
Fabrizio Mejía Madrid. Ed. SUMA de letras-Santillana Ediciones
2011, 293 pp.
Díaz Ordaz. Disparos en la Oscuridad. La historia de nuestro país ha tenido muchos episodios oscuros a lo largo de su existencia y esta lectura no es la excepción ante lo sugestivo de su título.
Hablar de la vida de Gustavo Díaz Ordaz en nuestros días, nos remite sin duda a su actuar como Presidente de la República (1964-1970) y sobre el cual, el sello que lo caracterizó fue la dureza de su mandato y de su disciplina.
Sin embargo, en la presente lectura, el autor, Fabrizio Mejía, nos conduce a los diferentes laberintos de una carrera infortunada pero agraciada por la forma de pensar de tan mítico personaje así como de las diversas redes de complicidad que llevó a cabo para hacerse de un renombre en la política y en el poder.
Díaz Ordaz, al igual que la mayoría de los mexicanos, sufrió en carne viva los resultados negativos de la Revolución de 1910. Hijo de una familia semi disfuncional, en la que su padre gustaba del alcohol tras perder su empleo al caer el régimen de Porfirio Díaz. Así, el pequeño Gustavo era integrante de una familia numerosa, no obstante, su padre siempre inculcó a su hijo una disciplina férrea a pesar de los vaivenes que los llevaban de Oaxaca a Puebla y que los aquejaban como familia: pobreza, hambre, falta de oportunidades y precaria educación.
Como los grandes personajes históricos de Oaxaca, Gustavo Díaz Ordaz, estudio en el Centro de Ciencias y Artes del estado y al migrar hacia la tierra del héroe del 5 de mayo, Puebla de Zaragoza, incursiona en la política y termina sus estudios en abogacía. Su contacto con el entonces caudillo y feroz político, Maximino Ávila Camacho, se convertiría en su pase de entrada a los círculos de la élite gobernante.
Con el paso de los años, el ex mandatario sabía que su fealdad tenía que ser contrarrestada y que mejor que con la obediencia a sus superiores aunado a una instrucción mínima que le permitiera destacar entre los poblanos, para ello, requería cumplir ciertos requisitos para ser tomado en cuenta y disfrutar de las delicias del poder; ansias constantes por tener lo que nunca había tenido: poder.
A lo largo de la lectura, el autor nos lleva, entre episodios, del pasado de nuestro personaje, a su presente, días antes de morir; destaca mucho su carácter huraño y desconfiado, traducido en sus pensamientos diarios y sus acciones ante la sociedad. Odiado por muchos en México y en el exterior, Mejía Madrid, en pocas cuartillas nos habla con un lenguaje coloquial, y nos adentra en las entrañas mismas de la matanza de estudiantes en la noche conocida como 2 de Octubre.
Los constantes desvaríos de Díaz Ordaz debido a este condenable hecho -justificado por el desarrollo de los Juegos Olímpicos de 1968-, hace que su vida se convierta en una ferviente paranoia al grado de armarse en su propia casa; acosado por un cáncer y por la falta de amigos, consumido por el odio y la férrea disciplina, muere como un personaje siniestro de la vida contemporánea nacional.
Cuando Maquiavelo nos enseñó cómo hacerse y mantener el poder político del Príncipe, analizamos que pocos personajes en nuestro país han destacado por su forma de gobernar imponiendo la fuerza y la supuesta legalidad sobre los derechos fundamentales de los individuos, no importando las consecuencias.
Al ser una personaje oscuro, no es fácil encontrar lecturas sobre su persona –no así de la noche del 2 de octubre- pero el presente, envuelve al lector y permite un disfrute especial página por página.
Solemne respuesta la que proporcionó cuando se le preguntó sobre qué era el poder a lo que respondió: “Enseñar a obedecer”. Eso resume su vida.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
La Biblioteca de David recomienda…
El juego de Ripper. La más reciente novela de Isabel Allende nos adentra por los senderos de una investigación policial recordándonos las más grandes inspiraciones de Sir Arthur Conan Doyle, donde el arte de atrapar al asesino serial es el objetivo más importante en el juego macabro de las muertes y los personajes.
Así, a través de un juego, conocido como Ripper, la autora, muy a su estilo de estupendos personajes en los que unos complementan a otros en términos de atmósferas, vidas singulares, conocimientos y actividades cotidianas, componen este rompecabezas para identificar al asesino.
En esta novela, Isabel Allende nos introduce en la vida del personaje principal, Amanda, quien es una adolescente inquieta, que vive según los parámetros de la juventud actual, entre amores cibernéticos y actividades escolares; no obstante, la intriga se presenta cuando observa a las personas que visitan a su mamá, llamada Indiana, y quien recibe en su consultorio a pacientes para ayudarlos a combatir sus males al tiempo que les enseña kármicamente a solucionar sus problemas.
Dentro de esta atmósfera la autora nos describe uno a uno a los diferentes personajes que visitan a Indiana. Al mismo tiempo, conjuga la trama biográfica con pequeñas historias de amor en las que se ven involucrados su ex marido, un ex novio y un ex combatiente seal de los Estados Unidos que busca su amor y que su sinceridad es su mayor arma. Sin embargo, la relación irá más allá entre estos tres personajes al ser, el primero un comisario de policía, el segundo un hombre cariñoso y el tercero, con el tiempo y las pistas, un sospechoso de los asesinatos.
Cuando leemos la novela, pasamos por alto algunas evidencias y solamente los asiduos a buscar la mínima pista, podrán dar a primera instancia con el asesino. Además, también participan en la historia algunos personajes importantes como son los diversos jugadores de Ripper -entre los que destaca el abuelo de Amanda-; un perro sumamente inteligente pero lisiado por la guerra y que fuera el eterno compañero del ex seal; pero sobre todo, los pacientes que acuden a ver a Indiana.
Con el ímpetu que es notable en una adolescente, Amanda logra unir las pistas y ayudar a su padre (y de paso a la policía), con algunos teoremas sobre la forma de actuar del asesino serial, con lo que obtienen indicios únicos y acceso a expedientes que les permiten saber quién es el verdadero culpable no solo de las muertes y la relación entre ellas, sino también de la inquietante desaparición de Indiana.
Casi al final de la novela, el clímax aumenta desesperadamente y la búsqueda de Indiana por toda la bahía de San Francisco, será la clave para saber si el asesino obtendrá una víctima más a su colección macabra.
La cadena de asesinatos se muestra con una sagacidad característica de la autora; su misterio por mostrar al lector quién es el asesino, sin duda hará que se vislumbren muchas opciones para evidenciar al culpable; con el paseo de las hojas, se mostrará y se sabrá por qué lo hace. Todo en la lectura tiene una relación y nada está de más; todas las preguntas son contestadas y al final, se reconocerá el estilo de esta singular escritora chilena.
Por último, bien vale la pena mencionar que Amanda consigue descifrar los enigmas, unir los cabos que la policía no pudo pero sobre todo, el amor por su madre la llevará a utilizar su inteligencia al máximo en contra del tiempo, que es, su peor enemigo.
El juego de Ripper
Isabel Allende
Plaza y Janés
2014, 477 pp.
Comentarios: David Figueroa
dfigueroah@yahoo.com.mx
El juego de Ripper. La más reciente novela de Isabel Allende nos adentra por los senderos de una investigación policial recordándonos las más grandes inspiraciones de Sir Arthur Conan Doyle, donde el arte de atrapar al asesino serial es el objetivo más importante en el juego macabro de las muertes y los personajes.
Así, a través de un juego, conocido como Ripper, la autora, muy a su estilo de estupendos personajes en los que unos complementan a otros en términos de atmósferas, vidas singulares, conocimientos y actividades cotidianas, componen este rompecabezas para identificar al asesino.
En esta novela, Isabel Allende nos introduce en la vida del personaje principal, Amanda, quien es una adolescente inquieta, que vive según los parámetros de la juventud actual, entre amores cibernéticos y actividades escolares; no obstante, la intriga se presenta cuando observa a las personas que visitan a su mamá, llamada Indiana, y quien recibe en su consultorio a pacientes para ayudarlos a combatir sus males al tiempo que les enseña kármicamente a solucionar sus problemas.
Dentro de esta atmósfera la autora nos describe uno a uno a los diferentes personajes que visitan a Indiana. Al mismo tiempo, conjuga la trama biográfica con pequeñas historias de amor en las que se ven involucrados su ex marido, un ex novio y un ex combatiente seal de los Estados Unidos que busca su amor y que su sinceridad es su mayor arma. Sin embargo, la relación irá más allá entre estos tres personajes al ser, el primero un comisario de policía, el segundo un hombre cariñoso y el tercero, con el tiempo y las pistas, un sospechoso de los asesinatos.
Cuando leemos la novela, pasamos por alto algunas evidencias y solamente los asiduos a buscar la mínima pista, podrán dar a primera instancia con el asesino. Además, también participan en la historia algunos personajes importantes como son los diversos jugadores de Ripper -entre los que destaca el abuelo de Amanda-; un perro sumamente inteligente pero lisiado por la guerra y que fuera el eterno compañero del ex seal; pero sobre todo, los pacientes que acuden a ver a Indiana.
Con el ímpetu que es notable en una adolescente, Amanda logra unir las pistas y ayudar a su padre (y de paso a la policía), con algunos teoremas sobre la forma de actuar del asesino serial, con lo que obtienen indicios únicos y acceso a expedientes que les permiten saber quién es el verdadero culpable no solo de las muertes y la relación entre ellas, sino también de la inquietante desaparición de Indiana.
Casi al final de la novela, el clímax aumenta desesperadamente y la búsqueda de Indiana por toda la bahía de San Francisco, será la clave para saber si el asesino obtendrá una víctima más a su colección macabra.
La cadena de asesinatos se muestra con una sagacidad característica de la autora; su misterio por mostrar al lector quién es el asesino, sin duda hará que se vislumbren muchas opciones para evidenciar al culpable; con el paseo de las hojas, se mostrará y se sabrá por qué lo hace. Todo en la lectura tiene una relación y nada está de más; todas las preguntas son contestadas y al final, se reconocerá el estilo de esta singular escritora chilena.
Por último, bien vale la pena mencionar que Amanda consigue descifrar los enigmas, unir los cabos que la policía no pudo pero sobre todo, el amor por su madre la llevará a utilizar su inteligencia al máximo en contra del tiempo, que es, su peor enemigo.
El juego de Ripper
Isabel Allende
Plaza y Janés
2014, 477 pp.
Comentarios: David Figueroa
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domingo, 20 de abril de 2014
¿Más partidos políticos, mayor democracia?
Por David A. Figueroa Hernández
Nuestro país contiene una historia enriquecedora desde cualquier punto de vista, ya sea económico, político, social y cultural; sin duda que el actual status quo que vivimos es el resultado de años de historia, para bien o para mal.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos así como el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), enmarcan los requisitos que cualquier agrupación de individuos deberán cumplir para crear un partido político. Para muchas personas, en México existen ya muchos partidos y la creación de algunos más solamente puede ser más problemático y hasta confuso. Sin embargo, el problema no son los partidos políticos sino lo que hay detrás de ellos.
En primer lugar se establece –por ley- que: “Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo…”. Esto es, que deben contribuir específicamente a fomentar los valores democráticos para poder accesar al poder público y la realidad es que sólo la segunda instancia es lo importante para ellos.
Por otra parte, los partidos políticos nacionales (todos los conocemos; impropio sería mencionarlos) se han acogido a sus lineamientos, estatutos e ideologías para aparecer en la escena política cada tres o seis años; algunos solamente para conservar el registro y otros más, los más grandes, para inundar con guerras electorales a la ciudadanía muchas veces fomentando las prácticas insanas e ilegales con el único fin de ganar escaños en el Congreso, en las diputaciones locales, en los ayuntamientos, alcaldías, gobierno estatal o la misma Presidencia de la República.
El asunto en nuestro país es delicado ya que si bien no han mejorado al interior y al exterior muestras agrupaciones políticas, ahora existe (más que antes) la tentación por evadir la ley y hasta resultar en un paraíso fiscal ya sea para ‘lavar dinero’ o para refugiar los actos de la delincuencia organizada. Hemos visto algunos ejemplos de la primera en las últimas campañas y esperamos que no sea una constante la segunda.
En el habituarlo ciudadano existe la mala visión de tener más partidos políticos ya que, como hemos mencionado, no han resarcido su deuda pendiente con la sociedad. No obstante, el problema no radica en cuántos partidos políticos tenemos o cuántos podrían participar en los procesos electorales locales y federales, el problema radica en otro tipo de cuestiones más delicadas aún:
• Las grandes cantidades de dinero que cada año y cada proceso electoral se destinan para los actos político-electorales de las instituciones, resultan en un insulto para un país que posee 60% de pobres y de ellos, 40% viviendo en extrema pobreza. Cada año la democracia es más cara y la efectividad, precaria;
• Las campañas políticas se reducen solamente a difundir propaganda y establecer un marketing político mediático en el que las grandes urbes sufren con la basura electoral y los ciudadanos se molestan por la incansable publicidad en todos los medios existentes;
• No hay estudios que comprueben que en cada elección, sea necesario desembolsar más dinero para los partidos; los diputados como resultado de ese mismo proceso, aceptan que el círculo vicioso se reproduzca. Creen que gastando más, la elección será más efectiva. No es así;
• El desaseo de los presupuestos al interior de los partidos es por todos los ciudadanos conocido. Se deben contemplar partidos políticos efectivos y no tan caros (de acuerdo con esta visión, deberían existir menos partidos políticos);
• La transparencia de los recursos así como el acceso a la información por parte de los ciudadanos, apenas inicia con las reformas aprobadas en materia de transparencia y ello podrá originar que los partidos políticos saneen sólo un poco sus finanzas al exterior. Somos positivos, creemos que sí se puede confiar en nuestras instituciones político-electorales.
Es difícil pensar que con el registro de nuevos partidos políticos el panorama nacional va a cambiar; sin embargo, la partidocracia mexicana ha derivado en una plutocracia cínica en la que los dirigentes políticos se han enriquecido a costa de la democracia y de la esperanza de la ciudadanía.
Finalmente, no hay que temer a más partidos políticos (en Italia, se han registrado hasta 101 partidos políticos para una elección), hay que fiscalizar con detenimiento el gasto y exigir su correcto uso; hacer valer el Estado de Derecho como votante, como ciudadano y como mexicano; exigir rendición de cuentas así como candidatos preparados para cada puesto, sólo así comenzaremos una nueva etapa en la que los partidos políticos se conviertan realmente en aparatos que difundan el civismo, los valores democráticos y el respeto a la ley. Esta es la verdadera cultura democrática que se debe vivir día con día y no reducirse a un voto en tiempos de elección.
Por David A. Figueroa Hernández
Nuestro país contiene una historia enriquecedora desde cualquier punto de vista, ya sea económico, político, social y cultural; sin duda que el actual status quo que vivimos es el resultado de años de historia, para bien o para mal.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos así como el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), enmarcan los requisitos que cualquier agrupación de individuos deberán cumplir para crear un partido político. Para muchas personas, en México existen ya muchos partidos y la creación de algunos más solamente puede ser más problemático y hasta confuso. Sin embargo, el problema no son los partidos políticos sino lo que hay detrás de ellos.
En primer lugar se establece –por ley- que: “Los partidos políticos tienen como fin promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y como organizaciones de ciudadanos, hacer posible el acceso de éstos al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo…”. Esto es, que deben contribuir específicamente a fomentar los valores democráticos para poder accesar al poder público y la realidad es que sólo la segunda instancia es lo importante para ellos.
Por otra parte, los partidos políticos nacionales (todos los conocemos; impropio sería mencionarlos) se han acogido a sus lineamientos, estatutos e ideologías para aparecer en la escena política cada tres o seis años; algunos solamente para conservar el registro y otros más, los más grandes, para inundar con guerras electorales a la ciudadanía muchas veces fomentando las prácticas insanas e ilegales con el único fin de ganar escaños en el Congreso, en las diputaciones locales, en los ayuntamientos, alcaldías, gobierno estatal o la misma Presidencia de la República.
El asunto en nuestro país es delicado ya que si bien no han mejorado al interior y al exterior muestras agrupaciones políticas, ahora existe (más que antes) la tentación por evadir la ley y hasta resultar en un paraíso fiscal ya sea para ‘lavar dinero’ o para refugiar los actos de la delincuencia organizada. Hemos visto algunos ejemplos de la primera en las últimas campañas y esperamos que no sea una constante la segunda.
En el habituarlo ciudadano existe la mala visión de tener más partidos políticos ya que, como hemos mencionado, no han resarcido su deuda pendiente con la sociedad. No obstante, el problema no radica en cuántos partidos políticos tenemos o cuántos podrían participar en los procesos electorales locales y federales, el problema radica en otro tipo de cuestiones más delicadas aún:
• Las grandes cantidades de dinero que cada año y cada proceso electoral se destinan para los actos político-electorales de las instituciones, resultan en un insulto para un país que posee 60% de pobres y de ellos, 40% viviendo en extrema pobreza. Cada año la democracia es más cara y la efectividad, precaria;
• Las campañas políticas se reducen solamente a difundir propaganda y establecer un marketing político mediático en el que las grandes urbes sufren con la basura electoral y los ciudadanos se molestan por la incansable publicidad en todos los medios existentes;
• No hay estudios que comprueben que en cada elección, sea necesario desembolsar más dinero para los partidos; los diputados como resultado de ese mismo proceso, aceptan que el círculo vicioso se reproduzca. Creen que gastando más, la elección será más efectiva. No es así;
• El desaseo de los presupuestos al interior de los partidos es por todos los ciudadanos conocido. Se deben contemplar partidos políticos efectivos y no tan caros (de acuerdo con esta visión, deberían existir menos partidos políticos);
• La transparencia de los recursos así como el acceso a la información por parte de los ciudadanos, apenas inicia con las reformas aprobadas en materia de transparencia y ello podrá originar que los partidos políticos saneen sólo un poco sus finanzas al exterior. Somos positivos, creemos que sí se puede confiar en nuestras instituciones político-electorales.
Es difícil pensar que con el registro de nuevos partidos políticos el panorama nacional va a cambiar; sin embargo, la partidocracia mexicana ha derivado en una plutocracia cínica en la que los dirigentes políticos se han enriquecido a costa de la democracia y de la esperanza de la ciudadanía.
Finalmente, no hay que temer a más partidos políticos (en Italia, se han registrado hasta 101 partidos políticos para una elección), hay que fiscalizar con detenimiento el gasto y exigir su correcto uso; hacer valer el Estado de Derecho como votante, como ciudadano y como mexicano; exigir rendición de cuentas así como candidatos preparados para cada puesto, sólo así comenzaremos una nueva etapa en la que los partidos políticos se conviertan realmente en aparatos que difundan el civismo, los valores democráticos y el respeto a la ley. Esta es la verdadera cultura democrática que se debe vivir día con día y no reducirse a un voto en tiempos de elección.
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Sebastián Lerdo de Tejada. Lectura apta solo para interesados en la historia de México y que deseen adentrarse en un periodo presidencial muchas veces desconocido y mal juzgado por la historiografía oficial; es el recuento de una profusa investigación hecha por Frank A. Knapp quien, basado en fuentes bibliográficas, hemerográficas y testimoniales de primera mano, nos lleva de la mano a reconocer las grandes aportaciones de este personaje muchas veces ignorado e incomprendido: Sebastián Lerdo de Tejada.
Hombre digno de una altivez y disciplina pocas veces vistas en un mandatario mexicano, Lerdo de Tejada ha sido víctima de dos sombras políticas poderosas: Benito Juárez y Porfirio Díaz. No obstante, su periodo presidencial posee varias aristas que definieron la dictadura porfiriana y el México contemporáneo.
En primera instancia, es menester mencionar que además de haber sido Presidente de la República, Sebastián Lerdo de Tejada posee una envidiable trayectoria académica en materia jurídica, primero como estudiante jesuita y, posteriormente, como alumno y rector del Colegio de San Ildefonso. Esto sin duda influyó en él para no olvidar los rígidos estándares que practicaba día con día.
Hijo de una familia numerosa, Lerdo de Tejada siempre tuvo como modelo a su propio hermano, Miguel, a quien poco se le reconoce en los últimos gobiernos santanistas y a quien mucho se le debe en la redacción de la legislación que se implementó en la época como fueron las Leyes de Reforma y la de la Constitución de 1857.
El estudio del derecho y el irrestricto apego a la disciplina que siempre lo acompañó. En este sentido, hay que recordar que, al lado de Juárez durante el gobierno itinerante de la intervención francesa, las decisiones jurídicas y muchas también políticas, aunque salieron de la boca de Juárez, se sabe que fueron ideadas por el estadista veracruzano.
Como el ejemplo anterior, el autor también nos proporciona datos de fuentes certeras que nos llevan a degustar hoja por hoja, los pasajes personales y profesionales, tales como su infancia donde su familia y la de don Antonio López de Santa Anna eran vecinos; por otro lado, las peripecias que vivió como joven y que, en muchos casos el haber sido un esclavo de los estudios a temprana edad, hicieron de él un “inspector Javert” (parodiando la referencia de Knapp con Los Miserables de Víctor Hugo) que lo condujeron a convertirse en un mexicano impecable.
Su estadía en el Ejecutivo federal a la muerte de Juárez, lo llevó a impulsar grandes desarrollos para el país. En primera instancia, las dos primeras líneas del ferrocarril, transporte de cuya importancia –decía- era fundamental para el desarrollo de México y había que aprovechar la coyuntura acerera en los Estados Unidos comunicando al nuestro para que el comercio y el transporte de personas, nos llevara a lo que más tarde veríamos “con pompa y platillo” en el Porfiriato.
Sin embargo, para que los grandes desarrollos tuvieran cabida, era necesario tener contar con finanzas sanas, cosa que no había sucedido en el país. Para ello, tuvo que reordenar los impuestos así como apostar a otros sectores como la educación y la libertad de prensa y expresión, para que México pudiera accesar a una vida moderna como cualquier otra metrópoli del mundo. ¿Acaso no fue esa la visión de los científicos durante el régimen de Porfirio Díaz ya para el año 1900? Al final, los segundos lo conquistarían aunque las bases estaban sentadas años atrás con don Sebastián.
Siempre testigo responsable de los hechos que lo conducirían a la máxima silla del país, Lerdo de Tejada intentó reelegirse para continuar sus proyectos, aspecto que fue aprovechado por Díaz para infligir su revuelta y evitar que se pisoteara la Constitución de 1857 y que, a propósito y el acertado comentario, él tampoco respetaría.
Sin poder negociar su permanencia como al frente del ejecutivo y salir exiliado hacia Nueva York, Lerdo de Tejada reprocharía al presidente de la Suprema Corte de Justicia de entonces, José Ma. Iglesias, no lo apoyara en su camino por la reelección y éste buscara su propio andamiaje en aras de conseguir la presidencia y; al mismo tiempo, también lamentaría la avidez de poder de Porfirio Díaz, quien había logrado aprovechar el momento y ganar la partida. Al final, Díaz y Lerdo se reconciliarían aunque el jurista no volvió al país más que en su féretro cuando la muerte lo alcanzó en 1889.
El legado de este veracruzano con sangre española en sus venas, fue sin duda alguna su honradez, su disciplina y su gran amor a la patria en momentos en los que los hombres fácilmente cambiaban su bandera política por unos cuantos pesos o por favores militares y/o políticos.
Esta lectura desmitifica, revive y lleva al pedestal de las grandes figuras nacionales a don Sebastián Lerdo de Tejada, un brillante estadista para quien no fueron suficientes cuatro años de gobierno pero sobre los que el progreso nacional se vería consumado décadas después pero bajo otra bandera: la de Porfirio Díaz.
Sebastián Lerdo de Tejada
Frank A. Knapp
Universidad Veracruzana/INEHRM/SEP
2011, 491 pp.
Sebastián Lerdo de Tejada. Lectura apta solo para interesados en la historia de México y que deseen adentrarse en un periodo presidencial muchas veces desconocido y mal juzgado por la historiografía oficial; es el recuento de una profusa investigación hecha por Frank A. Knapp quien, basado en fuentes bibliográficas, hemerográficas y testimoniales de primera mano, nos lleva de la mano a reconocer las grandes aportaciones de este personaje muchas veces ignorado e incomprendido: Sebastián Lerdo de Tejada.
Hombre digno de una altivez y disciplina pocas veces vistas en un mandatario mexicano, Lerdo de Tejada ha sido víctima de dos sombras políticas poderosas: Benito Juárez y Porfirio Díaz. No obstante, su periodo presidencial posee varias aristas que definieron la dictadura porfiriana y el México contemporáneo.
En primera instancia, es menester mencionar que además de haber sido Presidente de la República, Sebastián Lerdo de Tejada posee una envidiable trayectoria académica en materia jurídica, primero como estudiante jesuita y, posteriormente, como alumno y rector del Colegio de San Ildefonso. Esto sin duda influyó en él para no olvidar los rígidos estándares que practicaba día con día.
Hijo de una familia numerosa, Lerdo de Tejada siempre tuvo como modelo a su propio hermano, Miguel, a quien poco se le reconoce en los últimos gobiernos santanistas y a quien mucho se le debe en la redacción de la legislación que se implementó en la época como fueron las Leyes de Reforma y la de la Constitución de 1857.
El estudio del derecho y el irrestricto apego a la disciplina que siempre lo acompañó. En este sentido, hay que recordar que, al lado de Juárez durante el gobierno itinerante de la intervención francesa, las decisiones jurídicas y muchas también políticas, aunque salieron de la boca de Juárez, se sabe que fueron ideadas por el estadista veracruzano.
Como el ejemplo anterior, el autor también nos proporciona datos de fuentes certeras que nos llevan a degustar hoja por hoja, los pasajes personales y profesionales, tales como su infancia donde su familia y la de don Antonio López de Santa Anna eran vecinos; por otro lado, las peripecias que vivió como joven y que, en muchos casos el haber sido un esclavo de los estudios a temprana edad, hicieron de él un “inspector Javert” (parodiando la referencia de Knapp con Los Miserables de Víctor Hugo) que lo condujeron a convertirse en un mexicano impecable.
Su estadía en el Ejecutivo federal a la muerte de Juárez, lo llevó a impulsar grandes desarrollos para el país. En primera instancia, las dos primeras líneas del ferrocarril, transporte de cuya importancia –decía- era fundamental para el desarrollo de México y había que aprovechar la coyuntura acerera en los Estados Unidos comunicando al nuestro para que el comercio y el transporte de personas, nos llevara a lo que más tarde veríamos “con pompa y platillo” en el Porfiriato.
Sin embargo, para que los grandes desarrollos tuvieran cabida, era necesario tener contar con finanzas sanas, cosa que no había sucedido en el país. Para ello, tuvo que reordenar los impuestos así como apostar a otros sectores como la educación y la libertad de prensa y expresión, para que México pudiera accesar a una vida moderna como cualquier otra metrópoli del mundo. ¿Acaso no fue esa la visión de los científicos durante el régimen de Porfirio Díaz ya para el año 1900? Al final, los segundos lo conquistarían aunque las bases estaban sentadas años atrás con don Sebastián.
Siempre testigo responsable de los hechos que lo conducirían a la máxima silla del país, Lerdo de Tejada intentó reelegirse para continuar sus proyectos, aspecto que fue aprovechado por Díaz para infligir su revuelta y evitar que se pisoteara la Constitución de 1857 y que, a propósito y el acertado comentario, él tampoco respetaría.
Sin poder negociar su permanencia como al frente del ejecutivo y salir exiliado hacia Nueva York, Lerdo de Tejada reprocharía al presidente de la Suprema Corte de Justicia de entonces, José Ma. Iglesias, no lo apoyara en su camino por la reelección y éste buscara su propio andamiaje en aras de conseguir la presidencia y; al mismo tiempo, también lamentaría la avidez de poder de Porfirio Díaz, quien había logrado aprovechar el momento y ganar la partida. Al final, Díaz y Lerdo se reconciliarían aunque el jurista no volvió al país más que en su féretro cuando la muerte lo alcanzó en 1889.
El legado de este veracruzano con sangre española en sus venas, fue sin duda alguna su honradez, su disciplina y su gran amor a la patria en momentos en los que los hombres fácilmente cambiaban su bandera política por unos cuantos pesos o por favores militares y/o políticos.
Esta lectura desmitifica, revive y lleva al pedestal de las grandes figuras nacionales a don Sebastián Lerdo de Tejada, un brillante estadista para quien no fueron suficientes cuatro años de gobierno pero sobre los que el progreso nacional se vería consumado décadas después pero bajo otra bandera: la de Porfirio Díaz.
Sebastián Lerdo de Tejada
Frank A. Knapp
Universidad Veracruzana/INEHRM/SEP
2011, 491 pp.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Apoteosis de los Héroes de la Independencia
Un catafalco efímero en Palacio Nacional, 1910
David A. Figueroa Hernández*
Para 1900, el general Porfirio Díaz y su gabinete ya habían mostrado su capacidad para dirigir al país con su lema de “poca política y mucha administración”, aseveración con la que se presentaba un México que no sólo se enorgullecía de su pasado, sino que veía hacia un futuro prometedor, moderno, de la mano de su principal caudillo.
Los festejos para celebrar el Centenario de la Independencia debían de ser majestuosos y el mundo sería testigo del avance nacional. Entre los principales proyectos arquitectónicos que se edificarían para dicha festividad, se encontraban el Palacio de Correos, el de Obras y Comunicaciones, el Teatro Nacional, el Panteón Nacional, la Columna de la Independencia, además de que se preparaba un Palacio Legislativo Federal que albergara a ambas Cámaras.
El arte y la arquitectura fueron un binomio que permitiría al régimen no solamente la edificación de grandes colosos de hierro, sino dar un toque estético al estilo europeo, principalmente francés o italiano. Cada una de las estructuras guardaba un énfasis especial. En el caso de proyectos como el Panteón Nacional y la Columna de la Independencia, aseguraban, por un lado, el engrandecimiento de los héroes que nos dieron patria y libertad –principalmente el cura Miguel Hidalgo–, y por otro, la realización de una rotonda majestuosa en la que descansarían los restos de los principales insurgentes; aunque cabe aclarar que la Columna de la Independencia no fue creada originalmente para ser una cámara mortuoria.
En esta época el porfirismo vislumbra su modernidad arquitectónica pensando en las grandes edificaciones al estilo de la Francia napoleónica. A su vez, se engendraría un nacionalismo sobre las bases del amor a la patria; en cada uno de los estados de la República, la Federación sugeriría y supervisaría los festejos y las construcciones de obras en honor a los próceres. Fue así como la élite porfirista ensalzó a militares, escritores y eruditos.
De acuerdo con el historiador Guillermo Brenes, “los liberales pensaban que México no podía fundarse ni en las antiguas raíces mesoamericanas ni en los siglos oscuros del Virreinato”. Por su parte, el investigador Arnaldo Moya señala que fue muy importante este tipo de enseñanza y la difusión de la historia patria como símbolo cultural de la época.
En 1908, cuando la administración de Díaz se encontraba en la recta final de planificación de los festejos, se decide declinar la construcción del Panteón Nacional, lo que requería proyectar otra opción que fuera viable y que relevara a tan importante mausoleo. Así nació la idea de construir un catafalco efímero con el que se rindieran honores dignos de nuestros insurgentes.
El catafalco a los héroes
Se proyectó que el cierre de las conmemoraciones del Centenario fuera un soberbio y magno homenaje a los héroes, por lo que la llamada “Apoteosis de los Héroes y Caudillos de la Independencia” se pensó para llevarse a cabo entre el 15 y el 17 de septiembre. No obstante –por cuestiones que no se especifican–, tuvo lugar hasta el 6 de octubre de 1910, en el patio central de Palacio Nacional.
El responsable de este gran catafalco erigido como un altar a la patria fue el arquitecto Federico Mariscal, a quien el Supremo Gobierno había encargado un monumento funerario con carácter efímero que diera fin a los festejos. Con ello cerraría el Centenario de la Independencia; además sería el último gran evento de la era porfiriana antes del movimiento revolucionario. El historiador Guillermo Brenes escribió:
La pompa ceremonial de las fiestas del Primer Centenario de la Independencia que ensalzaban en la figura del general Díaz la memoria oficial, los vistosos desfiles alegóricos y procesiones cívicas, la inauguración de monumentos en bronce, mármol y granito que reflejaban las glorias y el poder de la nación, la misma actitud maniquea de veneración por los héroes (Hidalgo, Allende, Morelos, Aldama, Abasolo, Juárez y otros) y de repudio por los antihéroes (Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna y Maximiliano de Habsburgo), todo ello contribuía a develar la complejidad, y en último término, la verdad de la historia del siglo XIX mexicano. […] La Apoteosis, originaria de la mitología de la Antigüedad clásica, consistía en la posibilidad que tenían los mortales más egregios de entrar a formar parte del “Olimpo” histórico y adquirir así el pasaporte a la inmortalidad. Dentro de una estructura jerárquica, la Apoteosis fue una ceremonia cívica de carácter oficial y elitista, de allí la presencia de don Porfirio Díaz y las esferas civiles, militares y eclesiásticas de la nación.
Durante la velada en Palacio Nacional se contó con la presencia de poco más de 10 000 personas, entre las que figuraban el general Díaz, su esposa y su Estado Mayor, así como miembros de su gabinete y otros altos funcionarios, personal diplomático e invitados especiales; cada uno de ellos ataviado con sus mejores galas.
Al entrar al patio principal, los visitantes se impresionaban ante el monumento, ya fuera por su majestuosidad o por su altura, ya que sobresalía sobre la azotea de Palacio Nacional. En este sentido, toman especial relevancia los materiales que se ocuparon para su edificación; según los investigadores Noelle y Schavelzon, “el monumento fue totalmente construido con madera, hierro, tela y cartón pintado”.
La ceremonia inició en punto de las veinte horas con la entonación respetuosa del Himno Nacional a cargo de la orquesta del Conservatorio Nacional de Música, compuesta por 150 profesores y una masa coral de 400 voces; posteriormente se escuchó la Marcha heroica de Camille Saint-Saëns y la marcha fúnebre El crepúsculo de los dioses, de Richard Wagner.
Los discursos recayeron en tres distinguidos oradores: don Enrique C. Creel, secretario de Relaciones Exteriores; don Agustín Rivera, doctor de la Universidad Nacional de México, y don Justo Sierra, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes.
En su intervención, don Enrique Creel hizo alusión a los héroes y caudillos, incluidos aquellos menos conocidos, reconociendo el movimiento iniciado por el cura Hidalgo. Así lo atestigua la Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México, escrita y coordinada por Genaro García:
A ellos venimos a rendir culto y a tributar homenaje; ante sus imágenes, redivivas en la memoria del pueblo mexicano y palpitantes en su corazón, como ante sagrados íconos, doblamos la rodilla; y puestas en lo alto de nuestras almas, entonamos el hosanna triunfal y glorificador de nuestros héroes y de nuestros mártires.
En cuatro grandes grupos los glorifica la Historia: los precursores, en el martirio algunos de ellos, como Talamantes y el Licenciado Verdad; los iniciadores, a cuya cabeza se halla Hidalgo, que el amor del pueblo llama “Padre de la Patria”; los continuadores, que Morelos y Mina acaudillaron, y los consumadores, entre los que descuellan Iturbide y Guerrero.
Por su parte, el presbítero don Agustín Rivera resaltó: “Si yo hablara ante un Presidente de la República como don José Justo Corro (a quien traté) o don Javier Echeverría, ni lo mentaría, teniéndolo como pintado en la pared; pero al hablar un orador ante un Victoria, un Juárez o un Porfirio Díaz, dejar de presentarle un testimonio de respeto en el exordio, que es la salutación al auditorio, no lo permiten las reglas de la oratoria ni el ejemplo de los oradores clásicos, como Cicerón y Bossuet”.
Con estas alusiones quedaba muy claro que no solamente se homenajeaba a las figuras independentistas y de la Reforma, como Hidalgo y Juárez, sino que la culminación de los esfuerzos nacionales desembocaban en el último caudillo del siglo XIX: Porfirio Díaz. Sin duda alguna, la figura del presidente tendría que coronar el acto mediante la humildad que se requiere ante quienes ofrendaron su vida por México. Genaro García lo relata solemnemente: “Porfirio Díaz se dirigió al catafalco, subió la escalinata que conducía al primer tramo de la pira, se detuvo frente a la gran lápida en que estaba inscrita la palabra Patria, y en nombre de la República depositó una hermosa corona de laurel, ofrenda piadosa de la Nación entera a los héroes de la Independencia”.
Mañana será otro día
De esta manera, las fiestas del Centenario concluirían de una forma grandiosa y monumental. Terminada la ceremonia, se procedió a desmantelar tan magno catafalco. Debido a los materiales usados, no dejó huella en años subsecuentes. Así, los restos de los insurgentes volverían, por otro periodo de tiempo, a la Catedral Metropolitana, donde morarían hasta ser trasladados al interior de la Columna de la Independencia en 1923.
La relación entre arquitectura e historia propia del régimen permitió que se avizorara un México moderno, pero con raíces fuertemente acendradas. Asimismo, el fuerte apoyo dado a la instrucción por parte de Justo Sierra, permitiría al Porfiriato sentar las bases de una educación que prácticamente había sido precaria desde el México independiente. Un nacionalismo vigoroso fue uno de los grandes aportes que dejó la era porfiriana.
Para el historiador Arnaldo Moya, “la ‘Apoteosis’ clausuró con peculiar solemnidad el Centenario toda vez que no tuvo parangón –como ceremonia– con la protesta para el último periodo presidencial de Díaz, el 1º de diciembre del mismo año. La ‘Apoteosis’ fue la última gran ceremonia del Porfiriato. El México porfiriano coronaba con éxito su meta de encontrar un sitio entre las naciones al mismo tiempo que entonaba su canto de cisne”.
Fuentes:
• Guillermo Brenes, “Héroes y liturgias del poder: la ceremonia de la Apoteosis. México, 6 de octubre de 1910”, Revista de Ciencias Sociales, núm. 106, Universidad de Costa Rica, 2004. Disponible en: http://bit.ly/1dQSP0m
• Arnaldo Moya Gutiérrez, Arquitectura, historia y poder bajo el régimen de Porfirio Díaz. Ciudad de México, 1876-1911, México, CONACULTA, 2012
• Louise Noelle y Daniel Schavelzon, “Monumento efímero a los Héroes de la Independencia (1910)”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, núm. 55, México, UNAM, 1987. Disponible en: http://bit.ly/1jOFE8u
• Genaro García, Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México, México, Secretaría de Gobernación, 1911
Al final de los discursos, la poesía declamada por don Justo Sierra terminó por dar el toque solemne a la Apoteosis. Aquí un extracto:
[…]
¡Oh! Padres que en nosotros vivís, ¡oh! ¡Padres nuestros!
En triunfar de la suerte y del dolor maestros,
y en cuanto eleva a un pueblo de su ideal en pos;
una vez algo eterno pasó por vuestras frentes,
os sentísteis gigantes, fuisteis “los insurgentes”...
[...]
Que el sol del Centenario ilumine el camino
de la falange heroica que vencerá al destino
fecundando la tierra y domeñando al mar.
¡Voz del apoteosis, que brotas de la historia,
lleva hasta nuestros padres, como un canto de gloria,
la vibración inmensa del alma popular!
Un catafalco efímero en Palacio Nacional, 1910
David A. Figueroa Hernández*
Para 1900, el general Porfirio Díaz y su gabinete ya habían mostrado su capacidad para dirigir al país con su lema de “poca política y mucha administración”, aseveración con la que se presentaba un México que no sólo se enorgullecía de su pasado, sino que veía hacia un futuro prometedor, moderno, de la mano de su principal caudillo.
Los festejos para celebrar el Centenario de la Independencia debían de ser majestuosos y el mundo sería testigo del avance nacional. Entre los principales proyectos arquitectónicos que se edificarían para dicha festividad, se encontraban el Palacio de Correos, el de Obras y Comunicaciones, el Teatro Nacional, el Panteón Nacional, la Columna de la Independencia, además de que se preparaba un Palacio Legislativo Federal que albergara a ambas Cámaras.
El arte y la arquitectura fueron un binomio que permitiría al régimen no solamente la edificación de grandes colosos de hierro, sino dar un toque estético al estilo europeo, principalmente francés o italiano. Cada una de las estructuras guardaba un énfasis especial. En el caso de proyectos como el Panteón Nacional y la Columna de la Independencia, aseguraban, por un lado, el engrandecimiento de los héroes que nos dieron patria y libertad –principalmente el cura Miguel Hidalgo–, y por otro, la realización de una rotonda majestuosa en la que descansarían los restos de los principales insurgentes; aunque cabe aclarar que la Columna de la Independencia no fue creada originalmente para ser una cámara mortuoria.
En esta época el porfirismo vislumbra su modernidad arquitectónica pensando en las grandes edificaciones al estilo de la Francia napoleónica. A su vez, se engendraría un nacionalismo sobre las bases del amor a la patria; en cada uno de los estados de la República, la Federación sugeriría y supervisaría los festejos y las construcciones de obras en honor a los próceres. Fue así como la élite porfirista ensalzó a militares, escritores y eruditos.
De acuerdo con el historiador Guillermo Brenes, “los liberales pensaban que México no podía fundarse ni en las antiguas raíces mesoamericanas ni en los siglos oscuros del Virreinato”. Por su parte, el investigador Arnaldo Moya señala que fue muy importante este tipo de enseñanza y la difusión de la historia patria como símbolo cultural de la época.
En 1908, cuando la administración de Díaz se encontraba en la recta final de planificación de los festejos, se decide declinar la construcción del Panteón Nacional, lo que requería proyectar otra opción que fuera viable y que relevara a tan importante mausoleo. Así nació la idea de construir un catafalco efímero con el que se rindieran honores dignos de nuestros insurgentes.
El catafalco a los héroes
Se proyectó que el cierre de las conmemoraciones del Centenario fuera un soberbio y magno homenaje a los héroes, por lo que la llamada “Apoteosis de los Héroes y Caudillos de la Independencia” se pensó para llevarse a cabo entre el 15 y el 17 de septiembre. No obstante –por cuestiones que no se especifican–, tuvo lugar hasta el 6 de octubre de 1910, en el patio central de Palacio Nacional.
El responsable de este gran catafalco erigido como un altar a la patria fue el arquitecto Federico Mariscal, a quien el Supremo Gobierno había encargado un monumento funerario con carácter efímero que diera fin a los festejos. Con ello cerraría el Centenario de la Independencia; además sería el último gran evento de la era porfiriana antes del movimiento revolucionario. El historiador Guillermo Brenes escribió:
La pompa ceremonial de las fiestas del Primer Centenario de la Independencia que ensalzaban en la figura del general Díaz la memoria oficial, los vistosos desfiles alegóricos y procesiones cívicas, la inauguración de monumentos en bronce, mármol y granito que reflejaban las glorias y el poder de la nación, la misma actitud maniquea de veneración por los héroes (Hidalgo, Allende, Morelos, Aldama, Abasolo, Juárez y otros) y de repudio por los antihéroes (Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna y Maximiliano de Habsburgo), todo ello contribuía a develar la complejidad, y en último término, la verdad de la historia del siglo XIX mexicano. […] La Apoteosis, originaria de la mitología de la Antigüedad clásica, consistía en la posibilidad que tenían los mortales más egregios de entrar a formar parte del “Olimpo” histórico y adquirir así el pasaporte a la inmortalidad. Dentro de una estructura jerárquica, la Apoteosis fue una ceremonia cívica de carácter oficial y elitista, de allí la presencia de don Porfirio Díaz y las esferas civiles, militares y eclesiásticas de la nación.
Durante la velada en Palacio Nacional se contó con la presencia de poco más de 10 000 personas, entre las que figuraban el general Díaz, su esposa y su Estado Mayor, así como miembros de su gabinete y otros altos funcionarios, personal diplomático e invitados especiales; cada uno de ellos ataviado con sus mejores galas.
Al entrar al patio principal, los visitantes se impresionaban ante el monumento, ya fuera por su majestuosidad o por su altura, ya que sobresalía sobre la azotea de Palacio Nacional. En este sentido, toman especial relevancia los materiales que se ocuparon para su edificación; según los investigadores Noelle y Schavelzon, “el monumento fue totalmente construido con madera, hierro, tela y cartón pintado”.
La ceremonia inició en punto de las veinte horas con la entonación respetuosa del Himno Nacional a cargo de la orquesta del Conservatorio Nacional de Música, compuesta por 150 profesores y una masa coral de 400 voces; posteriormente se escuchó la Marcha heroica de Camille Saint-Saëns y la marcha fúnebre El crepúsculo de los dioses, de Richard Wagner.
Los discursos recayeron en tres distinguidos oradores: don Enrique C. Creel, secretario de Relaciones Exteriores; don Agustín Rivera, doctor de la Universidad Nacional de México, y don Justo Sierra, secretario de Instrucción Pública y Bellas Artes.
En su intervención, don Enrique Creel hizo alusión a los héroes y caudillos, incluidos aquellos menos conocidos, reconociendo el movimiento iniciado por el cura Hidalgo. Así lo atestigua la Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México, escrita y coordinada por Genaro García:
A ellos venimos a rendir culto y a tributar homenaje; ante sus imágenes, redivivas en la memoria del pueblo mexicano y palpitantes en su corazón, como ante sagrados íconos, doblamos la rodilla; y puestas en lo alto de nuestras almas, entonamos el hosanna triunfal y glorificador de nuestros héroes y de nuestros mártires.
En cuatro grandes grupos los glorifica la Historia: los precursores, en el martirio algunos de ellos, como Talamantes y el Licenciado Verdad; los iniciadores, a cuya cabeza se halla Hidalgo, que el amor del pueblo llama “Padre de la Patria”; los continuadores, que Morelos y Mina acaudillaron, y los consumadores, entre los que descuellan Iturbide y Guerrero.
Por su parte, el presbítero don Agustín Rivera resaltó: “Si yo hablara ante un Presidente de la República como don José Justo Corro (a quien traté) o don Javier Echeverría, ni lo mentaría, teniéndolo como pintado en la pared; pero al hablar un orador ante un Victoria, un Juárez o un Porfirio Díaz, dejar de presentarle un testimonio de respeto en el exordio, que es la salutación al auditorio, no lo permiten las reglas de la oratoria ni el ejemplo de los oradores clásicos, como Cicerón y Bossuet”.
Con estas alusiones quedaba muy claro que no solamente se homenajeaba a las figuras independentistas y de la Reforma, como Hidalgo y Juárez, sino que la culminación de los esfuerzos nacionales desembocaban en el último caudillo del siglo XIX: Porfirio Díaz. Sin duda alguna, la figura del presidente tendría que coronar el acto mediante la humildad que se requiere ante quienes ofrendaron su vida por México. Genaro García lo relata solemnemente: “Porfirio Díaz se dirigió al catafalco, subió la escalinata que conducía al primer tramo de la pira, se detuvo frente a la gran lápida en que estaba inscrita la palabra Patria, y en nombre de la República depositó una hermosa corona de laurel, ofrenda piadosa de la Nación entera a los héroes de la Independencia”.
Mañana será otro día
De esta manera, las fiestas del Centenario concluirían de una forma grandiosa y monumental. Terminada la ceremonia, se procedió a desmantelar tan magno catafalco. Debido a los materiales usados, no dejó huella en años subsecuentes. Así, los restos de los insurgentes volverían, por otro periodo de tiempo, a la Catedral Metropolitana, donde morarían hasta ser trasladados al interior de la Columna de la Independencia en 1923.
La relación entre arquitectura e historia propia del régimen permitió que se avizorara un México moderno, pero con raíces fuertemente acendradas. Asimismo, el fuerte apoyo dado a la instrucción por parte de Justo Sierra, permitiría al Porfiriato sentar las bases de una educación que prácticamente había sido precaria desde el México independiente. Un nacionalismo vigoroso fue uno de los grandes aportes que dejó la era porfiriana.
Para el historiador Arnaldo Moya, “la ‘Apoteosis’ clausuró con peculiar solemnidad el Centenario toda vez que no tuvo parangón –como ceremonia– con la protesta para el último periodo presidencial de Díaz, el 1º de diciembre del mismo año. La ‘Apoteosis’ fue la última gran ceremonia del Porfiriato. El México porfiriano coronaba con éxito su meta de encontrar un sitio entre las naciones al mismo tiempo que entonaba su canto de cisne”.
Fuentes:
• Guillermo Brenes, “Héroes y liturgias del poder: la ceremonia de la Apoteosis. México, 6 de octubre de 1910”, Revista de Ciencias Sociales, núm. 106, Universidad de Costa Rica, 2004. Disponible en: http://bit.ly/1dQSP0m
• Arnaldo Moya Gutiérrez, Arquitectura, historia y poder bajo el régimen de Porfirio Díaz. Ciudad de México, 1876-1911, México, CONACULTA, 2012
• Louise Noelle y Daniel Schavelzon, “Monumento efímero a los Héroes de la Independencia (1910)”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, núm. 55, México, UNAM, 1987. Disponible en: http://bit.ly/1jOFE8u
• Genaro García, Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México, México, Secretaría de Gobernación, 1911
Al final de los discursos, la poesía declamada por don Justo Sierra terminó por dar el toque solemne a la Apoteosis. Aquí un extracto:
[…]
¡Oh! Padres que en nosotros vivís, ¡oh! ¡Padres nuestros!
En triunfar de la suerte y del dolor maestros,
y en cuanto eleva a un pueblo de su ideal en pos;
una vez algo eterno pasó por vuestras frentes,
os sentísteis gigantes, fuisteis “los insurgentes”...
[...]
Que el sol del Centenario ilumine el camino
de la falange heroica que vencerá al destino
fecundando la tierra y domeñando al mar.
¡Voz del apoteosis, que brotas de la historia,
lleva hasta nuestros padres, como un canto de gloria,
la vibración inmensa del alma popular!
domingo, 23 de febrero de 2014
MICHOACÁN
TODO EL APOYO por David A. Figueroa Hernández
Al remitirnos a la función del Estado, sin duda alguna, la seguridad pública es la primicia en torno a la cual gira la sociedad en un marco legal que permita la sana convivencia, el desarrollo industrial y económico, así como la confianza
en los gobiernos.
En nuestro país, durante las últimas décadas, la seguridad pública es –junto con la generación de empleos y una mejora en la economía- una asignatura pendiente. A nivel nacional, la delincuencia organizada se ha infiltrado en las esferas sociales, políticas y económicas, con lo que se ha fortalecido. Ejemplo de ello, son los grupos denominados Los Caballeros Templarios y La Familia Michoacana, en el estado de Michoacán, lo que ha orillado a la sociedad a tomar las armas por propia mano aunque por ello, vayan en contra de los preceptos legales aplicables.
Las llamadas ”autodefensas” comenzaron por cobrar importancia primero regional y
ahora nacional, debido a que la autoridad no ha podido resarcir el gran pendiente
frente al avance de la delincuencia organizada. Sin duda los grandes cárteles, se han adueñado de la vida cotidiana de la sociedad en dicho estado, al grado de tener una confrontación entre ellos así comoentre las “autodefensas” y el gobierno federal
(militares y policía federal), lo que ha originado un escenario lamentable: muerte de
civiles ya sea por las constantes amenazas de Los Templarios o por la mano del ejército por tratar de desarmar a los ciudadanos que tratan de proteger sus vidas, a sus familias y sus bienes.
Lo que es un hecho es que la economía en Michoacán se ve mermada ya sea por unos o por otros. Primero, se impedía pasar a las comunidades a todo tipo de camiones
repartidores, luego, se impidió el paso a los transportes de pasajeros y, por si esto
fuera poco, en aras de defender su territorio,las llamadas “autodefensas” crecieron y
se fortalecieron pese a las advertencias del gobierno federal.
En este sentido, los gobiernos estatal y federal, estiraron el problema omitiendo
sus orígenes: garantizar la seguridad de los ciudadanos michoacanos frente a Los
Caballeros Templarios. Por su parte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos
ha mencionado que existe un vacío de poder en esa entidad; algunos más hablan
de un verdadero estado fallido al incrementarse la violencia en la denominada
Tierra Caliente, lo que ha agravado las pérdidas económicas y la disminución de las
inversiones en el estado.
Ahora que el ejército ha entrado en el Estado, se espera, por un lado, que la
delincuencia organizada se esconda y refugie en las colindancias con otras entidades,
lo que ha alertado a los gobiernos de estados limítrofes con tierra purépecha;
no obstante, por otro, la presencia del ejército puede provocar más violencia
aún y no precisamente contra los delincuentes sino con la población que ha
decidido no dejar las armas y proteger a su familia y sus bienes. Un problema
más que complejo para la autoridad pero que tendrá que afrontar con firmeza y
sobre todo, con diálogo, demostrando con hechos, que están para resguardar la
seguridad de la sociedad.
Actualmente, se corre el riesgo de que en ese estado, históricamente importante, se
pierda totalmente la legalidad y la representatividad de la autoridad. Será necesario
para impedir que continúe la anarquía, imponer más allá de la fuerza, el compromiso
con los ciudadanos en deponer las armas y evitar la confrontación con el ejército
y la policía federal, las únicas fuerzas legítimamente avaladas para portar armas
de fuego y restablecer así el orden constitucional en la entidad.
Es necesario darle tranquilidad a los michoacanos pero de ello, mucho dependerán
las acciones que hoy se tomen para volver al Estado de Derecho que tanto hace falta
y del que no goza la entidad desde hace ya algunos años.
TODO EL APOYO por David A. Figueroa Hernández
Al remitirnos a la función del Estado, sin duda alguna, la seguridad pública es la primicia en torno a la cual gira la sociedad en un marco legal que permita la sana convivencia, el desarrollo industrial y económico, así como la confianza
en los gobiernos.
En nuestro país, durante las últimas décadas, la seguridad pública es –junto con la generación de empleos y una mejora en la economía- una asignatura pendiente. A nivel nacional, la delincuencia organizada se ha infiltrado en las esferas sociales, políticas y económicas, con lo que se ha fortalecido. Ejemplo de ello, son los grupos denominados Los Caballeros Templarios y La Familia Michoacana, en el estado de Michoacán, lo que ha orillado a la sociedad a tomar las armas por propia mano aunque por ello, vayan en contra de los preceptos legales aplicables.
Las llamadas ”autodefensas” comenzaron por cobrar importancia primero regional y
ahora nacional, debido a que la autoridad no ha podido resarcir el gran pendiente
frente al avance de la delincuencia organizada. Sin duda los grandes cárteles, se han adueñado de la vida cotidiana de la sociedad en dicho estado, al grado de tener una confrontación entre ellos así comoentre las “autodefensas” y el gobierno federal
(militares y policía federal), lo que ha originado un escenario lamentable: muerte de
civiles ya sea por las constantes amenazas de Los Templarios o por la mano del ejército por tratar de desarmar a los ciudadanos que tratan de proteger sus vidas, a sus familias y sus bienes.
Lo que es un hecho es que la economía en Michoacán se ve mermada ya sea por unos o por otros. Primero, se impedía pasar a las comunidades a todo tipo de camiones
repartidores, luego, se impidió el paso a los transportes de pasajeros y, por si esto
fuera poco, en aras de defender su territorio,las llamadas “autodefensas” crecieron y
se fortalecieron pese a las advertencias del gobierno federal.
En este sentido, los gobiernos estatal y federal, estiraron el problema omitiendo
sus orígenes: garantizar la seguridad de los ciudadanos michoacanos frente a Los
Caballeros Templarios. Por su parte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos
ha mencionado que existe un vacío de poder en esa entidad; algunos más hablan
de un verdadero estado fallido al incrementarse la violencia en la denominada
Tierra Caliente, lo que ha agravado las pérdidas económicas y la disminución de las
inversiones en el estado.
Ahora que el ejército ha entrado en el Estado, se espera, por un lado, que la
delincuencia organizada se esconda y refugie en las colindancias con otras entidades,
lo que ha alertado a los gobiernos de estados limítrofes con tierra purépecha;
no obstante, por otro, la presencia del ejército puede provocar más violencia
aún y no precisamente contra los delincuentes sino con la población que ha
decidido no dejar las armas y proteger a su familia y sus bienes. Un problema
más que complejo para la autoridad pero que tendrá que afrontar con firmeza y
sobre todo, con diálogo, demostrando con hechos, que están para resguardar la
seguridad de la sociedad.
Actualmente, se corre el riesgo de que en ese estado, históricamente importante, se
pierda totalmente la legalidad y la representatividad de la autoridad. Será necesario
para impedir que continúe la anarquía, imponer más allá de la fuerza, el compromiso
con los ciudadanos en deponer las armas y evitar la confrontación con el ejército
y la policía federal, las únicas fuerzas legítimamente avaladas para portar armas
de fuego y restablecer así el orden constitucional en la entidad.
Es necesario darle tranquilidad a los michoacanos pero de ello, mucho dependerán
las acciones que hoy se tomen para volver al Estado de Derecho que tanto hace falta
y del que no goza la entidad desde hace ya algunos años.
Nosotros
Susana Quintanilla
Tusquets Editores
2008, 358 pp.
Nosotros. La historia de nuestro país contiene recovecos que sólo con obras como la descrita nos pueden iluminar para responder interrogantes e imaginar el mundo en el que se vivía cuando los grandes intelectuales asomaban al nuevo siglo.
El Porfiriato, un paso de la historia mexicana al que no se ha retribuido en su justa dimensión. Periodo denominado así por las acciones autoritarias, por la precaria justicia social así como por la constante permanencia en el poder de ese famoso héroe de Tuxtepec, el Gral. Porfirio Díaz. Consolidó un gobierno con escasa sensibilidad hacia algunos sectores de la población, fue el periodo en el que los grandes intelectuales de este país, lograron cimentar sus más grandes ideas a través de un sistema que si bien, a algunos recibió sin queja y amamantó, a otros, los vio incorporarse a las huestes del movimiento conocido como Revolución debido al constante y creciente descontento social.
Es través de Savia Moderna y de la Revista Moderna de México, de lo que en su momento fuera una agrupación de jóvenes en busca de interactuar por su presente, que la autora, Susana Quintanilla, nos trae momentos memorables entre la vida intelectual, cotidiana y política de estos actores.
Justo Sierra, gran ícono del Porfiriato y del sistema educativo e intelectual de este país, es uno de los dos grandes hilos conductores –al igual que Pedro Henríquez Ureña- en el que la autora nos propone un fabuloso paso generacional entre quienes ostentaban el poder académico e intelectual del país; de ese sentir positivista que guió al régimen y que cultivó en las mentes jóvenes las grandes obras literarias y académicas que cimentarían años adelante, este gran país.
A través de José Vasconcelos y Alfonso Reyes, de Antonio Caso y Pedro Enríquez Ureña, de Rubén Valenti y Martín Luis Guzmán, de Jesús Urueta y Ricardo Gómez Robelo, hasta el propio Justo Sierra y Ezequiel A. Chávez; cada capítulo de esta obra nos lleva a través del pensamiento de cada uno de los protagonistas así como al interior de su vida privada, pública e intelectual.
Es una historia que nos ubica de manera precisa en cada uno de los eventos que se sucedieron en las postrimerías del gobierno de Porfirio Díaz y los primeros días del gobierno revolucionario a través de las acciones de Francisco I. Madero. Asimismo, las vicisitudes no sólo intelectuales de los jóvenes, sino políticas y humanas de cada uno que los llevaron a conformar de la mano de José Vasconcelos, ese gran círculo denominado “El Ateneo de México”.
Agrupación que acuñó a las más grandes y prolíficas mentes literarias que nuestro país ha concebido. Unos por origen, otros por impasse literario, todos ellos plasmaron en sus obras su sentir de un México prerrevolucionario y algunos más, posrevolucionario.
A través de cómodas reuniones en restaurantes y cantinas de las que hoy, aún subsisten algunas de aquella época, discutían sobre el futuro del país; las diferencias eran claras entre ellos pero sin duda alguna, fueron –al igual que algunos políticos del Siglo XIX-, los más grandes oradores, pensadores y académicos ya entrado el nuevo siglo.
Susana Quintanilla nos guía en este hermoso sendero y demuestra una vez más, el delicado gusto por la historia de México, pero por encima de todo, de una investigación que le llevó varios años llevar a buen puerto. Una obra recomendable y ampliamente equilibrada en los valores históricos de los protagonistas.
Susana Quintanilla
Tusquets Editores
2008, 358 pp.
Nosotros. La historia de nuestro país contiene recovecos que sólo con obras como la descrita nos pueden iluminar para responder interrogantes e imaginar el mundo en el que se vivía cuando los grandes intelectuales asomaban al nuevo siglo.
El Porfiriato, un paso de la historia mexicana al que no se ha retribuido en su justa dimensión. Periodo denominado así por las acciones autoritarias, por la precaria justicia social así como por la constante permanencia en el poder de ese famoso héroe de Tuxtepec, el Gral. Porfirio Díaz. Consolidó un gobierno con escasa sensibilidad hacia algunos sectores de la población, fue el periodo en el que los grandes intelectuales de este país, lograron cimentar sus más grandes ideas a través de un sistema que si bien, a algunos recibió sin queja y amamantó, a otros, los vio incorporarse a las huestes del movimiento conocido como Revolución debido al constante y creciente descontento social.
Es través de Savia Moderna y de la Revista Moderna de México, de lo que en su momento fuera una agrupación de jóvenes en busca de interactuar por su presente, que la autora, Susana Quintanilla, nos trae momentos memorables entre la vida intelectual, cotidiana y política de estos actores.
Justo Sierra, gran ícono del Porfiriato y del sistema educativo e intelectual de este país, es uno de los dos grandes hilos conductores –al igual que Pedro Henríquez Ureña- en el que la autora nos propone un fabuloso paso generacional entre quienes ostentaban el poder académico e intelectual del país; de ese sentir positivista que guió al régimen y que cultivó en las mentes jóvenes las grandes obras literarias y académicas que cimentarían años adelante, este gran país.
A través de José Vasconcelos y Alfonso Reyes, de Antonio Caso y Pedro Enríquez Ureña, de Rubén Valenti y Martín Luis Guzmán, de Jesús Urueta y Ricardo Gómez Robelo, hasta el propio Justo Sierra y Ezequiel A. Chávez; cada capítulo de esta obra nos lleva a través del pensamiento de cada uno de los protagonistas así como al interior de su vida privada, pública e intelectual.
Es una historia que nos ubica de manera precisa en cada uno de los eventos que se sucedieron en las postrimerías del gobierno de Porfirio Díaz y los primeros días del gobierno revolucionario a través de las acciones de Francisco I. Madero. Asimismo, las vicisitudes no sólo intelectuales de los jóvenes, sino políticas y humanas de cada uno que los llevaron a conformar de la mano de José Vasconcelos, ese gran círculo denominado “El Ateneo de México”.
Agrupación que acuñó a las más grandes y prolíficas mentes literarias que nuestro país ha concebido. Unos por origen, otros por impasse literario, todos ellos plasmaron en sus obras su sentir de un México prerrevolucionario y algunos más, posrevolucionario.
A través de cómodas reuniones en restaurantes y cantinas de las que hoy, aún subsisten algunas de aquella época, discutían sobre el futuro del país; las diferencias eran claras entre ellos pero sin duda alguna, fueron –al igual que algunos políticos del Siglo XIX-, los más grandes oradores, pensadores y académicos ya entrado el nuevo siglo.
Susana Quintanilla nos guía en este hermoso sendero y demuestra una vez más, el delicado gusto por la historia de México, pero por encima de todo, de una investigación que le llevó varios años llevar a buen puerto. Una obra recomendable y ampliamente equilibrada en los valores históricos de los protagonistas.
Kabul. Una historia de suspenso y acción cuyo marco es Afganistán, país que muchas personas ni siquiera ubican en el globo terráqueo y que posee una legendaria historia de supervivencia tras recuperar el orden perdido debido a las constantes invasiones de Inglaterra, la Unión Soviética y los Estados Unidos.
La novela tiene como hilo conductor a una familia atípica de Afganistán encabezada por Omar Anwari, hombre de destacados principios y honestidad probada, trabaja para el gobierno establecido y tiene que presentar su renuncia por una cuestión de honor (para ser consecuente), lo que lo hace muy popular en aquel país. Por su parte, su esposa, Catherine, es norteamericana y logra adaptarse muy bien al país de su esposo, al grado de vivir y entender muy bien las costumbres de un país diametralmente ajeno al suyo.
Ambos, poseen varios hijos y cada uno de ellos tiene una ideología distinta respecto a los gobiernos que se suceden a lo largo de la trama, la cual se desarrolla principalmente en la década de los setenta, cuando el país afgano está inmerso en una disyuntiva ante los Estados Unidos pero más aún, ante Irán y la Unión Soviética, con éste último, decide pactar sin saber que su futuro se verá amenazado por ese país.
Las nuevas generaciones de jóvenes afganos que logran estudiar en el extranjero, como es el caso de los hijos de Omar y Catherin, Magal y Torlyalai, uno en Estados Unidos y el otro en la Unión Soviética, son determinantes para pensar a su país desde otra óptica. Más tarde, se les uniría su hermana, Saira, quien se vería obligada a refugiarse en la unión americana producto de una deshonra provocada por su juventud. Todos ellos, tendrían una visión y amistades diferentes y terminarían por entregar sus vidas a sus ideales y a sus venganzas personales.
A lo largo de las páginas, la autora nos proporciona una visión general de la vida en Afganistán: una insana política producto de la inestabilidad económica y social; pese a que las mujeres, en el algunos casos, habían ganado ciertas libertades pero al llegar el régimen talibán, terminaría con esas prerrogativas; el constante miedo que existía en las personas para poder expresar sus ideas no fue solamente el sello distintivo de los talibanes sino de todos los gobiernos que estuvieron acompañando la historia, ya fueran democráticos o monárquicos.
Pese a todo, la historia no deja de tener sus episodios de entrega, de amor, de pasión, en el que se entrelaza la vida de otros personajes que, al final, tendrán un papel importante en la novela. En contraparte, la maldad, la crueldad y el sufrimiento, son conceptos que la familia vive día con día y que los llevará a unirse más a las raíces ancestrales de su país.
Pese a lo extenso de la presente novela, el lector podrá encontrar temas de interés –además de la propia historia-, que lo harán pensar en los escenarios futuros de los personajes, en las circunstancias y en las desgracias que rodean las acciones de cada integrante de la familia Anwari.
Bajo una pluma suave, la autora nos deleita en la fusión de de hechos verídicos con personajes ficticios pero con una sensibilidad única que hace de Kabul, una historia que debe leerse para aprender de su historia.
lunes, 3 de febrero de 2014
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Madero, caudillo civil de la Revolución
Armando Fuentes Aguirre (Catón)
Colección Clásicos de la Revolución/INEHRM
2011, 159 pp.
Madero, caudillo civil de la Revolución. Esta lectura es sin duda una antítesis de nuestro espacio anterior (Díaz zar de México), en el que Armando Fuentes Aguirre, nuestro afamadísimo “Catón”, nos entrega la vida de uno de los políticos más controvertidos que ha gobernado nuestro México ya que su templanza, mesura, inteligencia, pero sobre todo, la tranquilidad, tolerancia y una búsqueda constante por la democracia, lo llevaron a que la historia lo recuerde por su entrega e idealismo.
Este libro, escrito por vez primera en 1973, resulta una máxima que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM) ha vuelto a editar para beneplácito de los lectores gustosos de la historia de México.
Francisco I. Madero, mucho se le ha reconocido como el ideólogo principal del movimiento revolucionario de 1910, no obstante, también se le ha relegado como un político de altas miras que su único defecto fue confiar en las instituciones que se encontraban al mando de viejas élites porfiristas así como de los militares que estaban obsesionados con el poder político.
Nombrado por muchos como “El Iluminado”, Francisco I. Madero, se descubre en las páginas de este recuento, no solo como el experto en cuestiones espiritistas sino como el hombre, el político, el negociador. Mucho se comenta sobre su insurrección y pocos conocen su pasado como hacendado, como un hombre (de tercera generación) surgido de ese poder que él decidió combatir, lo que orilló a su padre y a su abuelo, a no compartir sus intereses por la democracia del país.
Fiel a su estirpe, Madero conoce a personajes como Francisco Villa “El Centauro del Norte”, el General Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Victoriano Huerta y el propio Porfirio Díaz, de este último, de quien tiene sentimientos encontrados. Por un lado, desea que abra espacios, principalmente para la vicepresidencia de la República así como dar paso a las nuevas generaciones de políticos; por otro, sabe que, gracias a él, su familia –como muchas otras- han hecho su fortuna a raíz del propio status quo que imperó en el país desde que el oaxaqueño asumió la Presidencia en 1876.
Sin embargo, también existen en estas páginas aspectos íntimos como su vida sentimental, su vida académica en el extranjero, la relación con su padre y su abuelo así como con sus hermanos, principalmente con Gustavo, quien lo acompañaría –hasta la muerte- en su aventura por gobernar al país.
La relación con otros personajes merece atención especial, tal fue el caso de los entonces embajadores de Cuba y Estados Unidos, Manuel Sterling y Henry Lane Wilson, respectivamente. Con el primero, Madero siempre estableció una amistad muy cercana y que el cubano siempre acrecentaría aún en los momentos más difíciles del mandato presidencial; en tanto, el norteamericano, nunca estuvo de acuerdo en que Madero presidiera la máxima representación nacional ya que los intereses de aquélla nación se verían seriamente afectados por lo que, junto a los militares Félix Díaz, Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta, idearían un plan para derrocarlo. A la postre, el resultado es por todos conocido.
Fuentes Aguirre no olvida los extractos de los discursos que tanto Madero como sus partidarios como Abraham González, pronunciarían en torno a su héroe y a su ideal revolucionario.
Cabe mencionar que su relación con los grandes revolucionarios del momento se vio fracturada ya que Madero buscaba establecer un orden legal antes que arrebatar y cambiar de manos las riendas que don Porfirio había olvidado. Finalmente, los aportes que Francisco I. Madero hizo al país, fueron sin duda alguna una transformación en los ideales que aún perseguimos y que con el paso de las décadas aún queremos perfeccionar en aras de un México mejor.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
Por: David A. Figueroa Hernández
Madero, caudillo civil de la Revolución
Armando Fuentes Aguirre (Catón)
Colección Clásicos de la Revolución/INEHRM
2011, 159 pp.
Madero, caudillo civil de la Revolución. Esta lectura es sin duda una antítesis de nuestro espacio anterior (Díaz zar de México), en el que Armando Fuentes Aguirre, nuestro afamadísimo “Catón”, nos entrega la vida de uno de los políticos más controvertidos que ha gobernado nuestro México ya que su templanza, mesura, inteligencia, pero sobre todo, la tranquilidad, tolerancia y una búsqueda constante por la democracia, lo llevaron a que la historia lo recuerde por su entrega e idealismo.
Este libro, escrito por vez primera en 1973, resulta una máxima que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM) ha vuelto a editar para beneplácito de los lectores gustosos de la historia de México.
Francisco I. Madero, mucho se le ha reconocido como el ideólogo principal del movimiento revolucionario de 1910, no obstante, también se le ha relegado como un político de altas miras que su único defecto fue confiar en las instituciones que se encontraban al mando de viejas élites porfiristas así como de los militares que estaban obsesionados con el poder político.
Nombrado por muchos como “El Iluminado”, Francisco I. Madero, se descubre en las páginas de este recuento, no solo como el experto en cuestiones espiritistas sino como el hombre, el político, el negociador. Mucho se comenta sobre su insurrección y pocos conocen su pasado como hacendado, como un hombre (de tercera generación) surgido de ese poder que él decidió combatir, lo que orilló a su padre y a su abuelo, a no compartir sus intereses por la democracia del país.
Fiel a su estirpe, Madero conoce a personajes como Francisco Villa “El Centauro del Norte”, el General Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Victoriano Huerta y el propio Porfirio Díaz, de este último, de quien tiene sentimientos encontrados. Por un lado, desea que abra espacios, principalmente para la vicepresidencia de la República así como dar paso a las nuevas generaciones de políticos; por otro, sabe que, gracias a él, su familia –como muchas otras- han hecho su fortuna a raíz del propio status quo que imperó en el país desde que el oaxaqueño asumió la Presidencia en 1876.
Sin embargo, también existen en estas páginas aspectos íntimos como su vida sentimental, su vida académica en el extranjero, la relación con su padre y su abuelo así como con sus hermanos, principalmente con Gustavo, quien lo acompañaría –hasta la muerte- en su aventura por gobernar al país.
La relación con otros personajes merece atención especial, tal fue el caso de los entonces embajadores de Cuba y Estados Unidos, Manuel Sterling y Henry Lane Wilson, respectivamente. Con el primero, Madero siempre estableció una amistad muy cercana y que el cubano siempre acrecentaría aún en los momentos más difíciles del mandato presidencial; en tanto, el norteamericano, nunca estuvo de acuerdo en que Madero presidiera la máxima representación nacional ya que los intereses de aquélla nación se verían seriamente afectados por lo que, junto a los militares Félix Díaz, Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta, idearían un plan para derrocarlo. A la postre, el resultado es por todos conocido.
Fuentes Aguirre no olvida los extractos de los discursos que tanto Madero como sus partidarios como Abraham González, pronunciarían en torno a su héroe y a su ideal revolucionario.
Cabe mencionar que su relación con los grandes revolucionarios del momento se vio fracturada ya que Madero buscaba establecer un orden legal antes que arrebatar y cambiar de manos las riendas que don Porfirio había olvidado. Finalmente, los aportes que Francisco I. Madero hizo al país, fueron sin duda alguna una transformación en los ideales que aún perseguimos y que con el paso de las décadas aún queremos perfeccionar en aras de un México mejor.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
domingo, 12 de enero de 2014
Ya pueden consultar mi colaboración en la sección Cultura de El Sol de México (versión web) de estas primeras semanas de enero de 2014...
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Tras las Huellas de un Desconocido
Konrad Ratz
CONACULTA/INAH/Siglo XXI
2008, 246 pp.
Tras las Huellas de un Desconocido. Esta magna obra es sin duda un pasaje lleno de anécdotas y datos históricos sumamente reveladores que hacen de su autor, un célebre conocedor de la historia del Segundo Imperio en nuestro país así como de la vida de quien fuera emperador, Maximiliano de Habsburgo.
En el presente texto, el lector no sólo debe tener algunos conocimientos sobre este periodo de la historia de México, sino que debe tener la paciencia requerida para completarla; deseos de conocer de cerca la vida y obra del emperador de origen austriaco así como de su controvertida esposa, la emperatriz Carlota de Bélgica.
En particular, lo que hace exquisita esta investigación es sin duda, los datos inéditos que provienen de los archivos privados de quien fuera el principal biógrafo de Maximiliano, Egon César Conte Corti, así como de su secretario particular, José Luis Blasio, de quien Konrad Ratz ha traducido su obra al alemán y posteriormente, al español. Para quienes no han hurgado de manera más dedicada sobre este periodo, los archivos que se describen, estudiados meticulosamente, desde Viena, Austria, son un referente y soporte históricos bastante sólidos.
Mucho se ha dicho sobre la vida de Maximiliano, desde su partida del castillo de Miramar hasta su célebre muerte en el Cerro de las Campanas. Sin embargo, la llegada de Maximiliano se dio en un proceso histórico muy complicado de este país, es decir, la constante lucha entre liberales y conservadores, justo lo que Daniel Cosío Villegas nombró como La República Restaurada.
Aunado a esto, también se nos ofrecen las grandes ideologías que compartían los tronos que convergieron en Austria a través de Maximiliano y Carlota, su árbol genealógico y, lo más importante, las razones y causas principales de quienes convencieron al monarca de venir a México. Asimismo, el apoyo militar de Francia y la venia de El Vaticano, fueron sin duda quienes coadyuvaron para ello.
Sin embargo, las páginas de esta investigación, nos hacen ver los tintes políticos así como los hechos íntimos de la pareja imperial, los dislates entre ellos y la forma de gobernar de cada uno. Él, un hombre de contemplación y bondad; ella, una mujer madura, enérgica e instruida en las artes del buen gobierno.
Por desgracia, la difícil situación del país en esa época, no logró que las ideas del emperador prosperaran. Para algunos, fue un liberal por encima de Juárez; para otros, un invasor que sólo quiso tener un sueño: gobernar a una nación sin importar que tan lejana y destructiva fuera para él.
La historia habló y Juárez no lo pensó. Recordemos que la historia la escriben los vencedores y para Maximiliano de Habsburgo, los titubeos y las traiciones de quienes se dijeron sus más allegados, lo llevaron al paredón. Un hombre que, inclusive al momento de ser fusilado, gritaba al unísono su gran amor por la que fuera la nación que lo abrigaba y que al mismo tiempo lo asesinaba.
Se dice por desgracia que los extranjeros saben –en algunas ocasiones- más de nuestra propia historia como nación que nosotros mismos, y este caso no es la excepción. El hilo conductor de Konrad Ratz, de origen austriaco, ha sido una detallada memoria sobre el hombre de buenas intenciones, y el emperador que no pudo gobernar entonces a un pueblo sojuzgado y acostumbrado (¿será cierto?) a políticos ventajosos.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Tras las Huellas de un Desconocido
Konrad Ratz
CONACULTA/INAH/Siglo XXI
2008, 246 pp.
Tras las Huellas de un Desconocido. Esta magna obra es sin duda un pasaje lleno de anécdotas y datos históricos sumamente reveladores que hacen de su autor, un célebre conocedor de la historia del Segundo Imperio en nuestro país así como de la vida de quien fuera emperador, Maximiliano de Habsburgo.
En el presente texto, el lector no sólo debe tener algunos conocimientos sobre este periodo de la historia de México, sino que debe tener la paciencia requerida para completarla; deseos de conocer de cerca la vida y obra del emperador de origen austriaco así como de su controvertida esposa, la emperatriz Carlota de Bélgica.
En particular, lo que hace exquisita esta investigación es sin duda, los datos inéditos que provienen de los archivos privados de quien fuera el principal biógrafo de Maximiliano, Egon César Conte Corti, así como de su secretario particular, José Luis Blasio, de quien Konrad Ratz ha traducido su obra al alemán y posteriormente, al español. Para quienes no han hurgado de manera más dedicada sobre este periodo, los archivos que se describen, estudiados meticulosamente, desde Viena, Austria, son un referente y soporte históricos bastante sólidos.
Mucho se ha dicho sobre la vida de Maximiliano, desde su partida del castillo de Miramar hasta su célebre muerte en el Cerro de las Campanas. Sin embargo, la llegada de Maximiliano se dio en un proceso histórico muy complicado de este país, es decir, la constante lucha entre liberales y conservadores, justo lo que Daniel Cosío Villegas nombró como La República Restaurada.
Aunado a esto, también se nos ofrecen las grandes ideologías que compartían los tronos que convergieron en Austria a través de Maximiliano y Carlota, su árbol genealógico y, lo más importante, las razones y causas principales de quienes convencieron al monarca de venir a México. Asimismo, el apoyo militar de Francia y la venia de El Vaticano, fueron sin duda quienes coadyuvaron para ello.
Sin embargo, las páginas de esta investigación, nos hacen ver los tintes políticos así como los hechos íntimos de la pareja imperial, los dislates entre ellos y la forma de gobernar de cada uno. Él, un hombre de contemplación y bondad; ella, una mujer madura, enérgica e instruida en las artes del buen gobierno.
Por desgracia, la difícil situación del país en esa época, no logró que las ideas del emperador prosperaran. Para algunos, fue un liberal por encima de Juárez; para otros, un invasor que sólo quiso tener un sueño: gobernar a una nación sin importar que tan lejana y destructiva fuera para él.
La historia habló y Juárez no lo pensó. Recordemos que la historia la escriben los vencedores y para Maximiliano de Habsburgo, los titubeos y las traiciones de quienes se dijeron sus más allegados, lo llevaron al paredón. Un hombre que, inclusive al momento de ser fusilado, gritaba al unísono su gran amor por la que fuera la nación que lo abrigaba y que al mismo tiempo lo asesinaba.
Se dice por desgracia que los extranjeros saben –en algunas ocasiones- más de nuestra propia historia como nación que nosotros mismos, y este caso no es la excepción. El hilo conductor de Konrad Ratz, de origen austriaco, ha sido una detallada memoria sobre el hombre de buenas intenciones, y el emperador que no pudo gobernar entonces a un pueblo sojuzgado y acostumbrado (¿será cierto?) a políticos ventajosos.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
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