RETRATOS HISTÓRICOS
Por: David A. Figueroa Hernández
Madero, caudillo civil de la Revolución
Armando Fuentes Aguirre (Catón)
Colección Clásicos de la Revolución/INEHRM
2011, 159 pp.
Madero, caudillo civil de la Revolución. Esta lectura es sin duda una antítesis de nuestro espacio anterior (Díaz zar de México), en el que Armando Fuentes Aguirre, nuestro afamadísimo “Catón”, nos entrega la vida de uno de los políticos más controvertidos que ha gobernado nuestro México ya que su templanza, mesura, inteligencia, pero sobre todo, la tranquilidad, tolerancia y una búsqueda constante por la democracia, lo llevaron a que la historia lo recuerde por su entrega e idealismo.
Este libro, escrito por vez primera en 1973, resulta una máxima que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM) ha vuelto a editar para beneplácito de los lectores gustosos de la historia de México.
Francisco I. Madero, mucho se le ha reconocido como el ideólogo principal del movimiento revolucionario de 1910, no obstante, también se le ha relegado como un político de altas miras que su único defecto fue confiar en las instituciones que se encontraban al mando de viejas élites porfiristas así como de los militares que estaban obsesionados con el poder político.
Nombrado por muchos como “El Iluminado”, Francisco I. Madero, se descubre en las páginas de este recuento, no solo como el experto en cuestiones espiritistas sino como el hombre, el político, el negociador. Mucho se comenta sobre su insurrección y pocos conocen su pasado como hacendado, como un hombre (de tercera generación) surgido de ese poder que él decidió combatir, lo que orilló a su padre y a su abuelo, a no compartir sus intereses por la democracia del país.
Fiel a su estirpe, Madero conoce a personajes como Francisco Villa “El Centauro del Norte”, el General Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Victoriano Huerta y el propio Porfirio Díaz, de este último, de quien tiene sentimientos encontrados. Por un lado, desea que abra espacios, principalmente para la vicepresidencia de la República así como dar paso a las nuevas generaciones de políticos; por otro, sabe que, gracias a él, su familia –como muchas otras- han hecho su fortuna a raíz del propio status quo que imperó en el país desde que el oaxaqueño asumió la Presidencia en 1876.
Sin embargo, también existen en estas páginas aspectos íntimos como su vida sentimental, su vida académica en el extranjero, la relación con su padre y su abuelo así como con sus hermanos, principalmente con Gustavo, quien lo acompañaría –hasta la muerte- en su aventura por gobernar al país.
La relación con otros personajes merece atención especial, tal fue el caso de los entonces embajadores de Cuba y Estados Unidos, Manuel Sterling y Henry Lane Wilson, respectivamente. Con el primero, Madero siempre estableció una amistad muy cercana y que el cubano siempre acrecentaría aún en los momentos más difíciles del mandato presidencial; en tanto, el norteamericano, nunca estuvo de acuerdo en que Madero presidiera la máxima representación nacional ya que los intereses de aquélla nación se verían seriamente afectados por lo que, junto a los militares Félix Díaz, Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta, idearían un plan para derrocarlo. A la postre, el resultado es por todos conocido.
Fuentes Aguirre no olvida los extractos de los discursos que tanto Madero como sus partidarios como Abraham González, pronunciarían en torno a su héroe y a su ideal revolucionario.
Cabe mencionar que su relación con los grandes revolucionarios del momento se vio fracturada ya que Madero buscaba establecer un orden legal antes que arrebatar y cambiar de manos las riendas que don Porfirio había olvidado. Finalmente, los aportes que Francisco I. Madero hizo al país, fueron sin duda alguna una transformación en los ideales que aún perseguimos y que con el paso de las décadas aún queremos perfeccionar en aras de un México mejor.
Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx
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