Por David A. Figueroa Hernández
dfigueroah@yahoo.com.mx
Carranza. El último reformista porfiriano. Si existe una figura a la que no se la ha dado la relevancia en la vida revolucionaria y moderna de México, es sin duda a don Venustiano Carranza, columna vertebral de la presente obra y en la que se rescata de los archivos, su valiosa participación en nuestra historia patria.
Poco realmente se sabe de su vida personal y aún menos de su vida política antes de la Revolución Mexicana. Sin embargo, el libro que nos presenta Luis Barrón, divide muy bien los diferentes episodios en las partes descritas. A lo largo de cinco capítulos, nos narra cómo entró al mundo de la política para aprender de su padre y de su hermano mayor, las artes de la administración porfiriana para aplicarlas en el estado de Coahuila y después en el país.
Pese a que nuestra historia oficial sólo le reconoce un movimiento armado contra Victoriano Huerta, un periodo presidencial incompleto y una Constitución que todavía hoy nos rige, la búsqueda de esos pilares datan de 1887 cuando por primera vez ocupó la presidencia municipal de Cuatro Ciénagas, en su natal Coahuila.
No obstante, Carranza fue un pensador nato, un analista de diversas situaciones, un estudioso de la historia de México y universal, lo que sin duda, le proveyó una amplia capacidad para desenvolverse con los diferentes actores de la época. Cabe resaltar su análisis durante la Primera Guerra Mundial y sus diferentes políticas hacia el exterior que hoy día, aún perduran en los gobiernos actuales.
Asimismo, su cercanía con el General Bernardo Reyes que si bien no ha sido documentada oficialmente, le proporcionó cierta recomendación a don Porfirio Díaz; para algunos, su escaño en el Senado de la República fue para no permitirle competir por la gubernatura de su estado; para otros, eso acrecentó más las relaciones con las familias más poderosas de Coahuila y preparar así el terreno, para llegar como el hombre idóneo a la máxima magistratura de México.
Referente a su mandato como presidente municipal en Cuatro Ciénegas, siempre se preocupó por la educación, la salud y las reformas necesarias que permitieran al Estado un desarrollo pleno y sustancial. Cierto es que para ello era necesario pacificarlo (como lo creían todos los positivistas de la época porfiriana) y edificar un estado competitivo. En muchas ocasiones le demostró al Gral. Díaz que si bien tenía ideas contradictorias al régimen, dejó muy claro que ello sólo era en términos locales y no federales. Siempre fue un fiel seguidor de la ley, moviéndose únicamente a través de ella; nunca sin ella.
Una vez comenzado el movimiento revolucionario, trabó amistad con Francisco Madero, aunque lo creía iluso y débil, sobre todo para sostener un gobierno con muchos problemas e intereses políticos. Sin embargo, a la muerte de éste y ya siendo gobernador constitucional de su estado, se declaró, junto con el gobernador de Sonora, en contra del usurpador y asesino, Victoriano Huerta, proclamando el Plan de Guadalupe. Su relación con el Gral. Álvaro Obregón resultó positiva hasta que estalló la época denominada Convencionista en la que su amistad fue relegada por las constantes diferencias en la aplicación de las reformas sociales necesarias para el país.
“Fue, antes bien, un reformador nacionalista cuyo proyecto consistía en la preservación del orden social como él lo entendía: un país de grandes capitalistas y de hombres educados que pudieran dirigirlo al progreso, dejando la responsabilidad al Estado de proteger la soberanía de México, de moralizar a la sociedad y de promover la redistribución de la riqueza por medios institucionales”.
Hombre sobrio, honesto y poco estudiado por los eruditos mexicanos y extranjeros, es el pilar fundamental sobre el que se cimentó la Constitución de 1917; ideólogo de un estado de derecho inobjetable pero a la vez, sagaz, inteligente y obstinado a que la transformación del país sería sólo a través de la educación.
Finalmente, ha sido el único Presidente de la República que gobernó sin una sola modificación a la Constitución y quien consolidó al Estado mexicano actual.
Carranza. El último reformista porfiriano
Luis Barrón
Tusquets Editores / Centenarios
2009, 289 pp.
No hay comentarios:
Publicar un comentario