Por David A. Figueroa Hernández
dfigueroah@yahoo.com.mx
El porfiriato y la Revolución mexicana en el centro del país. Para la mayoría de los mexicanos el porfiriato representó injusticia y una aplicación constante de la fuerza como única vía para la pacificación del país, no obstante, las entrañas de este importante periodo fue trascendental para entender la historia contemporánea ya que sin dicho régimen no hubiese sido posible la Revolución mexicana, mucho menos los gobiernos emanados de ella.
De esta forma, resulta esta interesante investigación por parte de académicos oriundos de los estados de Querétaro y Tlaxcala, donde a través de siete capítulos, entendemos los excesos del gobierno de Porfirio Díaz a nivel municipal así como la formación de círculos revolucionarios que, encabezados por Francisco I. Madero, emprendieron la lucha por la dignidad, la justicia y una mejor calidad de vida.
A pesar de las destacadas figuras revolucionarias tanto en Querétaro como en Tlaxcala, el verdadero movimiento no resultó con la renuncia del “terrible dictador” sino con la muerte de Madero y el ascenso de Victoriano Huerta. A través de la denominada “decena trágica” la Revolución mexicana viviría su periodo más cruento ante la sociedad y ante una inminente invasión de los Estados Unidos de América. En este contexto es que la lectura aborda temas interesantes como son: las transformaciones agrícolas e industriales, la constante reelección del gobernador de Tlaxcala, los clubes femeniles, la contrahistoria de la Revolución, las huelgas de Río Blanco y Cananea así como los caudillos de la región. Cada uno de estos temas posee una solvencia biblio-hemerográfica importantes para los lectores amantes de la historia de México.
Una parte importante en los estados citados fue la unión entre los sectores sociales como una fuerza más en contra del gobierno federal y estatal, ejemplos de ello fueron Carmen y Aquiles Serdán, héroes intachables de la cruzada revolucionaria y sobre quienes recayó gran poderío de la revuelta en esta zona geográfica. Menester es recapitular que la verdadera fuerza del movimiento recayó en el apoyo ideológico más que el de la fuerza; ese fue el logro que Madero transmitió frente al régimen.
Por otra parte, los autores no reparan en cómo se gestaron los desencantos pero también, mencionan y argumentan cómo la misma Revolución mexicana trajo enconos respecto a los líderes representados en los constitucionalistas Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles versus Francisco Villa y Emiliano Zapata; cada bando con intereses fundados: los primeros por mantener el orden legal y los segundos por hacer valer la justicia por encima de la ley.
No obstante, el espectro geográfico que ambos estados merecen en el movimiento resultó importante ya que sin el apoyo requerido, Madero no hubiese presionado al General Díaz lo suficiente para hacerlo claudicar. Menester también, es alabar la decisión del entonces Presidente de México al renunciar y no querer derramar más sangre de la que había ya ocurrido en Ciudad Juárez, Chihuahua.
El progreso y la modernidad se vieron interrumpidas y los gobiernos subsecuentes emanados del movimiento revolucionario serían producto de un nuevo orden establecido que, por desgracia, no cambiaría mucho ni social, ni laboral, mucho menos agrario, de la situación que prevalecía durante el porfiriato.
En conclusión, esta lectura es un fuerte apoyo por rescatar las fuentes muchas veces ignoradas o perdidas respecto a este periodo. Resulta un esfuerzo importante para la historia de México y para rescatar los aspectos positivos y negativos de tan importante régimen.
El porfiriato y la Revolución mexicana en el centro del país.
Oliva Solís Hernández y Ramón del Llano Ibáñez (Coordinadores)
2011, 202 pp.
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