domingo, 23 de febrero de 2014

MICHOACÁN
TODO EL APOYO por David A. Figueroa Hernández


Al remitirnos a la función del Estado, sin duda alguna, la seguridad pública es la primicia en torno a la cual gira la sociedad en un marco legal que permita la sana convivencia, el desarrollo industrial y económico, así como la confianza
en los gobiernos.

En nuestro país, durante las últimas décadas, la seguridad pública es –junto con la generación de empleos y una mejora en la economía- una asignatura pendiente. A nivel nacional, la delincuencia organizada se ha infiltrado en las esferas sociales, políticas y económicas, con lo que se ha fortalecido. Ejemplo de ello, son los grupos denominados Los Caballeros Templarios y La Familia Michoacana, en el estado de Michoacán, lo que ha orillado a la sociedad a tomar las armas por propia mano aunque por ello, vayan en contra de los preceptos legales aplicables.

Las llamadas ”autodefensas” comenzaron por cobrar importancia primero regional y
ahora nacional, debido a que la autoridad no ha podido resarcir el gran pendiente
frente al avance de la delincuencia organizada. Sin duda los grandes cárteles, se han adueñado de la vida cotidiana de la sociedad en dicho estado, al grado de tener una confrontación entre ellos así comoentre las “autodefensas” y el gobierno federal
(militares y policía federal), lo que ha originado un escenario lamentable: muerte de
civiles ya sea por las constantes amenazas de Los Templarios o por la mano del ejército por tratar de desarmar a los ciudadanos que tratan de proteger sus vidas, a sus familias y sus bienes.

Lo que es un hecho es que la economía en Michoacán se ve mermada ya sea por unos o por otros. Primero, se impedía pasar a las comunidades a todo tipo de camiones
repartidores, luego, se impidió el paso a los transportes de pasajeros y, por si esto
fuera poco, en aras de defender su territorio,las llamadas “autodefensas” crecieron y
se fortalecieron pese a las advertencias del gobierno federal.

En este sentido, los gobiernos estatal y federal, estiraron el problema omitiendo
sus orígenes: garantizar la seguridad de los ciudadanos michoacanos frente a Los
Caballeros Templarios. Por su parte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos
ha mencionado que existe un vacío de poder en esa entidad; algunos más hablan
de un verdadero estado fallido al incrementarse la violencia en la denominada
Tierra Caliente, lo que ha agravado las pérdidas económicas y la disminución de las
inversiones en el estado.

Ahora que el ejército ha entrado en el Estado, se espera, por un lado, que la
delincuencia organizada se esconda y refugie en las colindancias con otras entidades,
lo que ha alertado a los gobiernos de estados limítrofes con tierra purépecha;
no obstante, por otro, la presencia del ejército puede provocar más violencia
aún y no precisamente contra los delincuentes sino con la población que ha
decidido no dejar las armas y proteger a su familia y sus bienes. Un problema
más que complejo para la autoridad pero que tendrá que afrontar con firmeza y
sobre todo, con diálogo, demostrando con hechos, que están para resguardar la
seguridad de la sociedad.

Actualmente, se corre el riesgo de que en ese estado, históricamente importante, se
pierda totalmente la legalidad y la representatividad de la autoridad. Será necesario
para impedir que continúe la anarquía, imponer más allá de la fuerza, el compromiso
con los ciudadanos en deponer las armas y evitar la confrontación con el ejército
y la policía federal, las únicas fuerzas legítimamente avaladas para portar armas
de fuego y restablecer así el orden constitucional en la entidad.

Es necesario darle tranquilidad a los michoacanos pero de ello, mucho dependerán
las acciones que hoy se tomen para volver al Estado de Derecho que tanto hace falta
y del que no goza la entidad desde hace ya algunos años.
Nosotros
Susana Quintanilla
Tusquets Editores
2008, 358 pp.


Nosotros. La historia de nuestro país contiene recovecos que sólo con obras como la descrita nos pueden iluminar para responder interrogantes e imaginar el mundo en el que se vivía cuando los grandes intelectuales asomaban al nuevo siglo.

El Porfiriato, un paso de la historia mexicana al que no se ha retribuido en su justa dimensión. Periodo denominado así por las acciones autoritarias, por la precaria justicia social así como por la constante permanencia en el poder de ese famoso héroe de Tuxtepec, el Gral. Porfirio Díaz. Consolidó un gobierno con escasa sensibilidad hacia algunos sectores de la población, fue el periodo en el que los grandes intelectuales de este país, lograron cimentar sus más grandes ideas a través de un sistema que si bien, a algunos recibió sin queja y amamantó, a otros, los vio incorporarse a las huestes del movimiento conocido como Revolución debido al constante y creciente descontento social.

Es través de Savia Moderna y de la Revista Moderna de México, de lo que en su momento fuera una agrupación de jóvenes en busca de interactuar por su presente, que la autora, Susana Quintanilla, nos trae momentos memorables entre la vida intelectual, cotidiana y política de estos actores.

Justo Sierra, gran ícono del Porfiriato y del sistema educativo e intelectual de este país, es uno de los dos grandes hilos conductores –al igual que Pedro Henríquez Ureña- en el que la autora nos propone un fabuloso paso generacional entre quienes ostentaban el poder académico e intelectual del país; de ese sentir positivista que guió al régimen y que cultivó en las mentes jóvenes las grandes obras literarias y académicas que cimentarían años adelante, este gran país.

A través de José Vasconcelos y Alfonso Reyes, de Antonio Caso y Pedro Enríquez Ureña, de Rubén Valenti y Martín Luis Guzmán, de Jesús Urueta y Ricardo Gómez Robelo, hasta el propio Justo Sierra y Ezequiel A. Chávez; cada capítulo de esta obra nos lleva a través del pensamiento de cada uno de los protagonistas así como al interior de su vida privada, pública e intelectual.

Es una historia que nos ubica de manera precisa en cada uno de los eventos que se sucedieron en las postrimerías del gobierno de Porfirio Díaz y los primeros días del gobierno revolucionario a través de las acciones de Francisco I. Madero. Asimismo, las vicisitudes no sólo intelectuales de los jóvenes, sino políticas y humanas de cada uno que los llevaron a conformar de la mano de José Vasconcelos, ese gran círculo denominado “El Ateneo de México”.

Agrupación que acuñó a las más grandes y prolíficas mentes literarias que nuestro país ha concebido. Unos por origen, otros por impasse literario, todos ellos plasmaron en sus obras su sentir de un México prerrevolucionario y algunos más, posrevolucionario.

A través de cómodas reuniones en restaurantes y cantinas de las que hoy, aún subsisten algunas de aquella época, discutían sobre el futuro del país; las diferencias eran claras entre ellos pero sin duda alguna, fueron –al igual que algunos políticos del Siglo XIX-, los más grandes oradores, pensadores y académicos ya entrado el nuevo siglo.

Susana Quintanilla nos guía en este hermoso sendero y demuestra una vez más, el delicado gusto por la historia de México, pero por encima de todo, de una investigación que le llevó varios años llevar a buen puerto. Una obra recomendable y ampliamente equilibrada en los valores históricos de los protagonistas.



Kabul. Una historia de suspenso y acción cuyo marco es Afganistán, país que muchas personas ni siquiera ubican en el globo terráqueo y que posee una legendaria historia de supervivencia tras recuperar el orden perdido debido a las constantes invasiones de Inglaterra, la Unión Soviética y los Estados Unidos.

La novela tiene como hilo conductor a una familia atípica de Afganistán encabezada por Omar Anwari, hombre de destacados principios y honestidad probada, trabaja para el gobierno establecido y tiene que presentar su renuncia por una cuestión de honor (para ser consecuente), lo que lo hace muy popular en aquel país. Por su parte, su esposa, Catherine, es norteamericana y logra adaptarse muy bien al país de su esposo, al grado de vivir y entender muy bien las costumbres de un país diametralmente ajeno al suyo.

Ambos, poseen varios hijos y cada uno de ellos tiene una ideología distinta respecto a los gobiernos que se suceden a lo largo de la trama, la cual se desarrolla principalmente en la década de los setenta, cuando el país afgano está inmerso en una disyuntiva ante los Estados Unidos pero más aún, ante Irán y la Unión Soviética, con éste último, decide pactar sin saber que su futuro se verá amenazado por ese país.

Las nuevas generaciones de jóvenes afganos que logran estudiar en el extranjero, como es el caso de los hijos de Omar y Catherin, Magal y Torlyalai, uno en Estados Unidos y el otro en la Unión Soviética, son determinantes para pensar a su país desde otra óptica. Más tarde, se les uniría su hermana, Saira, quien se vería obligada a refugiarse en la unión americana producto de una deshonra provocada por su juventud. Todos ellos, tendrían una visión y amistades diferentes y terminarían por entregar sus vidas a sus ideales y a sus venganzas personales.

A lo largo de las páginas, la autora nos proporciona una visión general de la vida en Afganistán: una insana política producto de la inestabilidad económica y social; pese a que las mujeres, en el algunos casos, habían ganado ciertas libertades pero al llegar el régimen talibán, terminaría con esas prerrogativas; el constante miedo que existía en las personas para poder expresar sus ideas no fue solamente el sello distintivo de los talibanes sino de todos los gobiernos que estuvieron acompañando la historia, ya fueran democráticos o monárquicos.

Pese a todo, la historia no deja de tener sus episodios de entrega, de amor, de pasión, en el que se entrelaza la vida de otros personajes que, al final, tendrán un papel importante en la novela. En contraparte, la maldad, la crueldad y el sufrimiento, son conceptos que la familia vive día con día y que los llevará a unirse más a las raíces ancestrales de su país.

Pese a lo extenso de la presente novela, el lector podrá encontrar temas de interés –además de la propia historia-, que lo harán pensar en los escenarios futuros de los personajes, en las circunstancias y en las desgracias que rodean las acciones de cada integrante de la familia Anwari.

Bajo una pluma suave, la autora nos deleita en la fusión de de hechos verídicos con personajes ficticios pero con una sensibilidad única que hace de Kabul, una historia que debe leerse para aprender de su historia.

lunes, 3 de febrero de 2014

RETRATOS HISTÓRICOS

Por: David A. Figueroa Hernández


Madero, caudillo civil de la Revolución
Armando Fuentes Aguirre (Catón)
Colección Clásicos de la Revolución/INEHRM
2011, 159 pp.


Madero, caudillo civil de la Revolución. Esta lectura es sin duda una antítesis de nuestro espacio anterior (Díaz zar de México), en el que Armando Fuentes Aguirre, nuestro afamadísimo “Catón”, nos entrega la vida de uno de los políticos más controvertidos que ha gobernado nuestro México ya que su templanza, mesura, inteligencia, pero sobre todo, la tranquilidad, tolerancia y una búsqueda constante por la democracia, lo llevaron a que la historia lo recuerde por su entrega e idealismo.

Este libro, escrito por vez primera en 1973, resulta una máxima que el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INHERM) ha vuelto a editar para beneplácito de los lectores gustosos de la historia de México.

Francisco I. Madero, mucho se le ha reconocido como el ideólogo principal del movimiento revolucionario de 1910, no obstante, también se le ha relegado como un político de altas miras que su único defecto fue confiar en las instituciones que se encontraban al mando de viejas élites porfiristas así como de los militares que estaban obsesionados con el poder político.

Nombrado por muchos como “El Iluminado”, Francisco I. Madero, se descubre en las páginas de este recuento, no solo como el experto en cuestiones espiritistas sino como el hombre, el político, el negociador. Mucho se comenta sobre su insurrección y pocos conocen su pasado como hacendado, como un hombre (de tercera generación) surgido de ese poder que él decidió combatir, lo que orilló a su padre y a su abuelo, a no compartir sus intereses por la democracia del país.

Fiel a su estirpe, Madero conoce a personajes como Francisco Villa “El Centauro del Norte”, el General Felipe Ángeles, Emiliano Zapata, Victoriano Huerta y el propio Porfirio Díaz, de este último, de quien tiene sentimientos encontrados. Por un lado, desea que abra espacios, principalmente para la vicepresidencia de la República así como dar paso a las nuevas generaciones de políticos; por otro, sabe que, gracias a él, su familia –como muchas otras- han hecho su fortuna a raíz del propio status quo que imperó en el país desde que el oaxaqueño asumió la Presidencia en 1876.

Sin embargo, también existen en estas páginas aspectos íntimos como su vida sentimental, su vida académica en el extranjero, la relación con su padre y su abuelo así como con sus hermanos, principalmente con Gustavo, quien lo acompañaría –hasta la muerte- en su aventura por gobernar al país.

La relación con otros personajes merece atención especial, tal fue el caso de los entonces embajadores de Cuba y Estados Unidos, Manuel Sterling y Henry Lane Wilson, respectivamente. Con el primero, Madero siempre estableció una amistad muy cercana y que el cubano siempre acrecentaría aún en los momentos más difíciles del mandato presidencial; en tanto, el norteamericano, nunca estuvo de acuerdo en que Madero presidiera la máxima representación nacional ya que los intereses de aquélla nación se verían seriamente afectados por lo que, junto a los militares Félix Díaz, Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta, idearían un plan para derrocarlo. A la postre, el resultado es por todos conocido.

Fuentes Aguirre no olvida los extractos de los discursos que tanto Madero como sus partidarios como Abraham González, pronunciarían en torno a su héroe y a su ideal revolucionario.

Cabe mencionar que su relación con los grandes revolucionarios del momento se vio fracturada ya que Madero buscaba establecer un orden legal antes que arrebatar y cambiar de manos las riendas que don Porfirio había olvidado. Finalmente, los aportes que Francisco I. Madero hizo al país, fueron sin duda alguna una transformación en los ideales que aún perseguimos y que con el paso de las décadas aún queremos perfeccionar en aras de un México mejor.


Comentarios: dfigueroah@yahoo.com.mx