sábado, 13 de abril de 2013

Comparto una colaboración que tuve en la Revista Alas para la Equidad de la Conafe:

Sor Juana Inés de la Cruz: LA PEOR MAGNÍFICA de María Baranda

Hablar de Sor Juana Inés de la Cruz amerita no sólo reconocimiento por su extensa y exquisita obra sino también un alto valor para la mujer en la historia de nuestro país.
Forjada en una época difícil para que el sexo femenino pudiera expresar sus ideas intelectuales, hacen de esta lectura, especialmente escrita para niños y jóvenes pero que cualquier adulto puede entender y comprender, sobre la inquietud constante de Sor Juana por el conocimiento y la sabiduría en torno al hombre mismo y a los fenómenos que le rodean.

Educada a sí misma a muy temprana edad, pronto sus ansias por aprender más y más, la llevaron a encontrar el camino de Dios y alojarse en un convento, en el que dedicaría el resto de su vida a escribir, leer y tratar de entender al mundo.

Sor Juana, cuyo nombre verdadero era Juana Inés María del Carmen Martínez de Zaragoza Gaxiola de Asbaje y Ramírez de Santillana Odonojú, en todo momento estuvo, intelectualmente, en esa delgada línea que divide a la ciencia con la religión.

La presente lectura cuya autoría corresponde a María Baranda, aborda de forma muy dinámica y a través de ilustraciones de Érika Martínez, una historia que comienza en algún lugar denominado Panoayán, nombre de la hacienda en la que vivía nuestra protagonista en su natal Miguel de Nepantla.

En la actualidad pensar a la mujer como constructora y edificadora de nuestro país, es muy sencillo, no obstante en el siglo XVI-XVII, era imposible; aún más cuando se pensaba que la mujer estaba hecha para la casa, el matrimonio y el cuidado de los hijos. Hoy, por fortuna, la mujer y el hombre comparten derechos y oportunidades y eso se logró a través del desarrollo mismo del pensamiento y de mujeres como la llamada Décima Musa o Fénix de México.

El personaje que nos sumerge en la vida de Sor Juana es la pluma con la que escribe sus obras. Comienza por contar las vivencias con su familia, su inclusión en la Corte del Virrey Mancera y cómo éste y su esposa, la ayudan para encontrar el camino que tanto desea. Al final, este cronista casi invisible, cuenta la incomprensión y  la humanidad que hace de Sor Juana una figura literaria imprescindible.

Para el público joven, esta historia es interesante no sólo en su contenido sino en lo sencillo de su prosa que asemeja un cuento infantil. Asimismo, los parajes importantes en la vida de esta gran mujer destacan su grandeza, tal es el caso de cuando niña, sus conocimientos estaban por arriba de la media general y sus intereses no eran los considerados ‘normales’. Tal fue su genio e intelectualidad que a los tres años ya mostraba su lucidez para absorber conocimientos gracias a la biblioteca de su abuelo; a los ocho años ya escribía loas y para los 15, ya en la Corte, escribiría un soneto fúnebre a Felipe IV.

Una mujer adelantada a su época cuya única indiferencia en la sociedad que vivía era su obsesiva preocupación por entender su entorno a través de la literatura, la mitología, la religión, la ciencia, la escritura y el conocimiento.

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