MÉXICO Y EL SISTEMA EDUCATIVO: LA ASIGNATURA PENDIENTE
David A. Figueroa Hernández
Académico
Sin duda una de las principales deudas que el Estado mexicano tiene es el fortalecimiento de la educación. En las últimas décadas muchos programas se han anunciado y a ninguno se le ha dado un seguimiento serio que fortalezca los métodos de enseñanza y la calidad educativa de nuestro país.
Durante las dos anteriores administraciones (2000-2006 y 2006-2012) se anunció la inclusión de México en el llamado Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés) perteneciente a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde se encuentran los países más desarrollados del orbe; en estas evaluaciones, los niños y jóvenes mexicanos evaluados en áreas sustantivas como Lectura, Matemáticas y Ciencias, estuvieron muy por debajo de la expectativa generada y de los estándares promedio de la propia OCDE. En el ámbito nacional, la prueba ENLACE es un intento por revertir el atraso académico de la juventud, sin embargo, los resultados también han sido muy cuestionados.
¿A qué se debe este deterioro en los niveles educativos? ¿Cuál es el futuro de los niños y jóvenes de nuestro país? ¿Estarán condenados a solo soñar con ejercer una carrera universitaria? Aquí el Estado tiene una gran responsabilidad y más aún, cuando actualmente México posee una marcada población juvenil.
El año pasado, 2013, se llevó a cabo el estudio Informe de Progreso Educativo 2013 (IIE), realizado por el Instituto de Innovación Educativa (IIE) del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), en el que se detectaron algunos de los problemas que ya de antemano se conocen pero no han podido mejorar: 1) Respecto a la evaluación efectuada en 2008, en los estados con mayor progreso educativo solamente cambió uno de los principales cinco; mientras tanto, los de menor progreso entraron dos. Esto resulta en una calidad educativa deficiente en el que las zonas geográficas y el personal docente que imparte clases, no son uniformes en cada uno de los estados (siguen siendo algunos estados del norte los mejor evaluados y los del sur y sureste, de los más deficientes). 2) Quedó demostrado que en las escuelas donde existía una mayor infraestructura tecnológica y preparación docente, los resultados fueron mejores. 3) En los estados que mejor proveen la demanda de servicios y abaten los niveles de pobreza de forma más eficaz, su nivel académico y crecimiento sostenido es mayor. 4) Aunque nuestro país es el que eroga mayor presupuesto (en relación con su PIB y que corresponde a 4 billones 479 mil millones de pesos para este 2014) de todos los integrantes de la OCDE, aún el dinero no es canalizado adecuadamente, por ejemplo, en un salario que dignifique al docente y que le permita desarrollarse (exigir y exigirse cada vez más; darle al profesor un mejor salario a quien mejor enseñe).
Ahora bien, si a esto aunamos que los jóvenes de hoy poseen una ventaja muy sólida y marcada con el apoyo de las nuevas tecnologías y la conexión de Internet (siempre y cuando tengan la capacidad de conocer y accesar), ahora el reto debiera corresponder al docente; es decir, saberlo encaminar en los conocimientos necesarios y oportunos que requieren las nuevas generaciones.
La gran responsabilidad del docente implica educar e instruir a los jóvenes en saberes como: comprender lo que leen, realizar análisis de capacidades como la abstracción, visualización, redacción, ortografía, síntesis, tesis y antítesis, solo por citar algunos, que coadyuven a que el niño y joven aprendan a aprehender y solucionen satisfactoriamente sus retos académicos y de vida.
Sin embargo, otro gran pendiente es el rezago educativo que posee nuestro país ya que según el Programa Sectorial de Educación 2013-2018 publicado por la Secretaría de Educación Pública existe una población importante de analfabetismo: poco más de cinco millones de personas. En muchos casos la pobreza es un poderoso enemigo en el desarrollo académico de la juventud.
En este sentido, la presente administración (2012-2018) tiene varios retos que van más allá de un programa sexenal, un programa multimedia o experimentar con la aplicación de más escuelas de tiempo completo. Al día de hoy, no se ha entendido que no necesariamente entre más tiempo de estudio se tengan, mejores resultados se obtendrán.
Sin duda alguna, la calidad de vida de los estudiantes tiene mucho en relación a su aprovechamiento y a su nivel de académico. En ambos, los gobiernos han fracasado y el actual tiene la oportunidad de resarcir lo hecho hasta ahora: canalizar adecuadamente el presupuesto, dotar de una infraestructura adecuada a todas las escuelas del país; dignificar la formación docente, premiarlos y distinguirlos económica y académicamente; combatir la corrupción en el sindicato de trabajadores de la educación; impedir la deserción escolar; y crear un ambiente escolar que, armónicamente con los padres de familia (principales visores del proceso de aprendizaje de sus hijos) y al lado de los docentes, desarrollen una sinergia encaminada al buen desarrollo de los niños y jóvenes.
Al final, el presente y futuro de los niños y jóvenes de México recae -como en cualquier país del mundo-, en los docentes y en los padres de familia. Los niños y jóvenes merecen soñar con su futuro, con su derecho al estudio para algún día ejercer como profesionistas. No queremos quitarles ese aliciente que les permitan ser mejores seres humanos y mexicanos Nadie puede desear lo contrario, ¿o sí? El presente y futuro de México está en sus aulas en la educación y en la instrucción.
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